Gershwin y Alonso se dan la mano en el Teatro de la Zarzuela

Los que nunca se hubiesen podido imaginar que el musical norteamericano pudiese tener alguna relación con la zarzuela española se llevarán una sorpresa al escuchar este programa doble tan peculiar que ha presentado el Teatro de la Zarzuela. El Teatro de la calle Jovellanos ha demostrado con Lady be good y Luna de miel en El Cairo la línea editorial de esta temporada: la relación de la zarzuela con los géneros teatrales de otras culturas y no podría haberlo hecho mejor. El ritmo Jazz-Band del maestro Alonso entronca con los del swing y el charleston de la música de Gershwin, de donde bebe y se alimenta. Dos producciones en una misma noche que, como dice Sagi, no tienen la mayor pretensión que la de entretener y rehuye la de aleccionar al público.

Lady, be good

Lady, be good nos traslada al Broadway de los años 20 desde los primeros acordes ejecutados por la percusión de la orquesta y que dan vida a la brillante partitura de Gershwin, que recuerda en algunos momento a su famosísima Rapsody in blue, a la que incluso se atreve a citar en algunas ocasiones. Los intérpretes Nicholas Garret y Jeni Bern, que dan vida a los personajes que en su momento interpretaron los hermanos Astaire, se les veía en su salsa en un estilo que parecen dominar a la perfección. También estuvieron acompañados de muy buenos secundarios como Gurutze Beitia, Troy Cook, Sebastià Peris y Letitia SingletonAdemás, el montaje cuenta con la presencia de un polifacético Carl Danielsen, que fue la auténtica estrella del musical. Una obra que difícilmente se podrá ver y escuchar en nuestro país y que el Teatro de la Zarzuela ha traído muy acertadamente.

Luna de miel en El Cairo

Un montaje sobresaliente, con un reparto de lujo y una dirección de escena bastante cuidada. Y es que se nota que Sagi es un director bastante inteligente y preocupado por hacer que el montaje guste al público: ha actualizado el texto de Luna de miel en El Cairo, quitándole el polvo y permitiéndose algunas licencias que han rejuvenecido la obra. Del elenco de artistas cabe destacar a la pareja protagonista: Ruth Iniesta, con una línea de canto elegante y una voz proyectada y fuera; y a David Menéndez, un barítono dúctil, con un timbre hermoso y de voz contundente tanto en los graves como en los agudos. Obligatorio escucharlo en directo. No obstante, tampoco hay que desmerecer la labor del resto: con unos divertidísimos Enrique Viana, Eduardo Carranza y María José Suárez. 

Por otra parte, y como es habitual en el Teatro de la Zarzuela, hay que señalar que nada se deja de lado en esta producción doble, todo está cuidado al detalle: las coreografías ideadas por Nuria Castejón convierten a este montaje en un auténtico catálogo de estilos de danza; la escenografía y los decorados parecen reales (bellísima la imagen de las pirámides de Egipto al atardecer); y el coro titular de la Zarzuela demuestra que es capaz de cambiar de un registro a otro: del lírico al del musical y a la revista.

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