Magistral ‘Pequeño poni’

Cuando quien escribe una crítica teatral llega a casa ya de noche, después de ver un función, e inmediatamente se dedica a buscar en Internet toda clase de información acerca del trasfondo de la obra que acaba de ver, significa que esta le ha estimulado poderosamente.

En el caso de ‘El pequeño poni’, cuyo asunto principal —la denuncia del acoso escolar a partir de dos historias reales que acontecieron en EE.UU. hace ahora un par de años y con apenas un mes de diferencia entre si— está complementada por un segundo tema: la incomunicación en un matrimonio que funciona aparentemente bien. Posiblemente, esa doble temática de la obra fue lo que propició que Paco Becerra eligiera como caso de inspiración principal el de Grayson Bruce en lugar del de Michael Morrones; a pesar de que el ‘caso Morrones’ tuvo unas consecuencias mucho más dramáticas y pudiera mejor prestarse como ejemplo para una obra de denuncia acerca de un comportamiento social tóxico. En lugar de que un drama humano motive una obra de ‘teatro de denuncia’, en ‘el pequeño poni’ el grave asunto sirve para provocar una compleja obra de teatro que pone de manifiesto varios temas relacionados con el comportamiento social que hace de detonante; a mi juicio, el supuesto tema principal no lo es del todo. La maestría del texto de Paco Bezerra se aprecia en la capacidad de centrar el foco en la posible responsabilidad del espectador que está contemplando la obra; pues en lugar de hacer girar la trama en torno al comportamiento de los ‘culpables’ (quienes acosan a un niño por el mero hecho de mostrar públicamente su identificación con los personajes de una serie de televisión de dibujos animados y en la actitud de los responsables del colegio que consintieron esas conductas) Bezerra realiza una reflexión acerca de las hipotéticas actitudes de los padres de la víctima. De hecho, la víctima directa del acoso no llega a aparecer en la obra, siendo exclusivamente el comportamiento de la pareja lo que se representa; unos progenitores que pasan a ser también víctimas a causa de sus contrapuestas reacciones al acoso que sufre su hijo. Así, hay en esta obra unas temáticas paralelas al acoso escolar: la incomunicación, e incluso rivalidad, entre los cónyuges, pues estos actúan por cuenta propia con el fin de imponer al otro —y al niño— sus particulares ‘soluciones’ al problema que afecta a los tres. Pues es precisamente esa actuación individual y egoista de los miembros de la pareja la que amplia las consecuencias del acoso al niño, convirtiendo a los tres en víctimas.

teatro paco becerra pequeno poni

El texto de ‘El pequeño poni’ tiene también otras excelentes virtudes que lo convierten en una gran obra; el grave asunto que denuncia se va empequeñeciendo conforme avanza la función y el espectador va procesando los hechos que se le presentan y que se les sugieren. La construcción de los personajes recoge dos actitudes ante la vida muy generalizadas, pero sin maniqueísmos; ambos protagonistas se nos hacen casi familiares por lo naturales que resultan sus reacciones y argumentos; se trata de personalidades complejas y que se van haciendo cada vez más interesantes conforme avanza la función, descubriéndose poco a poco su responsabilidad en los acontecimientos y como sus propias reacciones al acoso escolar les va convirtiendo a ellos mismos en víctimas. Complejo, e imprescindible en el teatro actual, es mantener un ritmo que mantenga la atención del espectadorque acude al teatro con el cansancio de todo un día; esto lo consigue el autor con el recurso de redactar una sucesión de encuentros entre los protagonistas, con intervalos primero de un día y después de varios días. En los diálogos se van relatando y sugiriendo dos tramas interrelacionadas: como pudieron haber sido los hechos del drama que no se ve —el acoso escolar y la actitud de los responsables del colegio— mientras frente al espectador se representa el drama ‘en directo’: la incomunicación y egoísmos de la pareja. Finalmente, la sensibilidad y buen gusto en la narración y el final esperanzador, redondean un texto magnífico; estoy convencido que se representará en los EE.UU., porque lo merece.

La extraordinaria dirección de Luis Luque amplifica la potencia de la acción con actuaciones carentes de diálogo por parte de los protagonistas; gustándome especialmente el gesto de la madre de irrumpir en la escena tras la confesión de su marido de tal modo que no se llega a predecir como interpretar su reacción hasta el último instante: parece que se va a marchar de la casa para abandonar a su marido, parece que le trae la maleta a su marido para que sea el quien se marche, y acaba siendo una tercera alternativa (que no menciono por no estropearle la escena al lector). Otra virtud de la dirección de Luque es la aceleración y ralentización de la acción, provocando un significativo impasseen un determinado momento, con la completa inmovilidad de los personajes, que permite reflexionar también al espectador acerca de lo que se les puede estar pasando por la cabeza a los protagonistas. En el mismo tono de excelencia, muy eficaz la escenografía empleada en ‘El pequeño poni’, así como el imaginativo audiovisual que la completa. Por último, muy convincentes las actuaciones de María Adánez y de Roberto Enriquez, pues consiguen sacarle mucho partido a sus complejos y fascinantes personajes. Imprescindible éste ‘Pequeño poni’; teatro, TEATRO.

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