El Musical “Ni castas ni puras 2.0”.

En los musicales lo que menos suele importar es la historia que se cuenta; esta se retuerce lo que haga falta, sirviendo de excusa a la música y a la actuación de los intérpretes. Por ello en esta clase de espectáculos suelen emplearse el nombre de figuras famosas de la farándula y arroparse por unos decorados y por una iluminación que capturan aún más la atención del espectador. Pues en el caso del Musical Ni castas ni puras es lo contrario: una historia auténtica y creíble, el protagonismo de unos intérpretes que dominan completamente sus papeles —porque posiblemente gran parte de la misma es creación propia— y una convincente música en directo. Todo esto se traslada al espectador, generando “buen rollo” entre el elenco y el público; un cierta complicidad a la que contribuye una sala de pequeñas dimensiones en el que la cercanía física facilita la empatía.

La historia que está en el trasfondo de la función casi podría decirse que es la propia de la Productora Tinoni, pues parte de las dificultades de una emergente compañía de variedades. A partir del tema de la lucha por salir adelante en el complicado mundo del espectáculo se desata una sucesión de sketches y actuaciones musicales bien concebidas e inusualmente bien hiladas —pues no son forzadas, sino que se suceden con naturalidad—. Los recursos que emplean para hacer reír al público son francamente imaginativos y a menudo inesperados.

Hay historias cruzadas, apelaciones a los personajes y programas televisivos de actualidad, continuos guiños de cariz sexual, pero sin tremendismos ni escenas explícitas. Es en realidad una obra para casi todos los públicos; lo sexual es un medio, no un fin. Y su clave de éxito divertir y sorprender una y otra vez. Esta capacidad de diferenciarse parte desde el mismo inicio de la función, pues las historias que se hilan pueden ser elegidas por el público para cada función; de ahí que el musical se “apellide” 2.0.

A parte de la inusual sinceridad y naturalidad de los argumentos que se combinan en «Ni castas ni puras», esta función tiene unas excelentes interpretaciones y una buena música en directo. Dentro del alto nivel de  todas las interpretaciones, destacar la extraordinaria actuación de Verónica Polo que domina los acentos estupendamente y tiene una gestualidad muy eficaz. Por ello concluyo afirmando que, a pesar de su título, es una función que resulta castamente y claramente recomendable.

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga.

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