Château Margaux y La Viejecita en el Teatro de la Zarzuela.

Siempre resulta un reto titular un programa doble en el teatro. En este caso el vínculo entre ambas obras es la doble doble interpretación de la excelente música del maestro Manuel Fernández Caballero; los responsables de la producción decidieron titular la función con el del texto Chateau Margaux —de José Jackson Veyán— en lugar de La Viejecita —de Miguel Echegaray, hermano del también literato y Premio Nobel José—. Decisión que no comparto, pues La Viejecita resulta incluso más lograda que Chateau Margaux, siendo el doble de larga que la representación que primero se presenta. Puede ser que el escaso apelativo de la denominación ‘la viejecita’ motivase la elección. Ambas son muy entretenidas y tienen como base una dinámica versión libre del gran Lluis Pascual y la dirección musical del no menos excelente Miquel Ortega (animo al lector a ver la entretenida entrevista de Miquel en el facebook En los mejores escenario).

LLuis Pascual emplea como hilo conductor y marco de referencia de ambas obras un programa de radio de los años cincuenta, en el que el conductor del mismo resulta uno de los más divertidos ‘activos’ de la función, pues recoge todos los tópicos imaginables acerca de un franquista ideológicamente convencido y plenamente dedicado a resaltar su ideario; este evidente sesgo ideológico no le impide aparecer como un ‘comunicador total’, apasionadamente entregado a su trabajo de entretener y animar las actuaciones. El personaje del presentador radiofónico resulta una magnífica aportación de LLuis Pascual, convirtiéndose en el elemento más memorable de este programa doble. Se entiende que esta versión haya sido representada en los principales escenarios de España desde que fue concebido.

La inteligente e irónica crítica del autoritarismo mojigato del franquismo debería de inspirar a otros autores que recurren a una ataque mucho más crudo, agresivo e incluso exagerado. A ver si la eficacia de esta parodia les hace pensar que la sutileza y la gracia deben de prevalecer en un espectáculo cómico; muy bien por LLuis Pascual.

A menudo se olvida que una significativa parte del público que asiste al Teatro de la Zarzuela han vivido gran parte de sus vidas durante el franquismo; algunos espectadores pueden compartir esa ideología y sentirse agredidos, en tanto que otros pueden encontrar las críticas desmesuradas como una auténtica enmienda a la totalidad a sus vidas y recuerdos de juventud. Además, al teatro lírico se viene a disfrutar a evadirse no a recibir lecciones de historia. En éste caso la crítica es un importante activo de la doble función, porque aporta una comicidad que ni el más enconado franquista puede negar.

A continuación os dejamos con algunos consejos que da el director Lluis Pascual a aquellas personas que quieran dedicar su vida a las artes escénicas.

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