¡Cesar y Cleopatra! en el Bellas Artes

Cleopatra y Cesar he titulado mi crónica; porque hay denominaciones históricas que ya es hora de que cambien.

Una de las más chocantemente injustas es la de `César y Cleopatra´ nombre de célebres películas, libros y estudios cuya secuencia empiezo yo a cambiar desde esta crónica teatral. Sin pretender desmerecer el gran personaje de Julio Cesar, el de la inteligente, fascinante y sutil faraona ha sido mucho más enaltecido y elaborado que la figura del bestial y despiadado emperador romano que sucumbió a manos de su propio discípulo —Bruto— y los políticos que temían el fin definitivo de lo que quedaba de democracia en Roma. Esa prelación femenina resulta aún más urgente en esta interesante obra de teatro pues la mayor parte de la trama está liderada por la actuación de Cleopatra. Me permito aconsejar al dramaturgo Emilio Hernández y a la directora Magüi Mira que cambien el orden del título, lo negocien con el empresario Jesús Cimarro y hagan una campaña con el nuevo nombre (al menos en las próximas representaciones en semanas venideras).

He disfrutado con el encuentro inteligente de Cleopatra con César, del juego sabio y bien planteado entre el presente y el pasado, de la reflexión sobre el poder, el amor y la fidelidad, del papel de la mujer y su tratamiento histórico, de la necedad de la guerra y sus terribles consecuencias. Me ha sobrecogido el análisis desde el presente de las inamovibles decisiones pasadas, de las muertes trágicas y provocadas de los que viven entre el todo y la nada. Una obra que se puede ver otra vez y seguir descubriendo nuevas lecturas, nuevos mensajes y matices, probablemente en los textos mas largos que, en algún momento, se hicieron algo pesados.

Una razón adicional de anteponer a Cleopatra frente a César es también la excelente, incluso extraordinaria, actuación de Ángela Molina en el papel de Cleopatra; tan buena actuación quedará siempre en mi memoria: `Ángela Molina logró que Cleopatra oscureciera a César´ he llegado a pensar en titular. Gran Ángela Molina, incluso más grande que el gran Emilio Gutiérrez Caba. Menciono a estos grandísimos intérpretes primero aunque no resultan menos eficaces los más jóvenes y excelentes Carolina Yuste y Ernesto Arias. Vuelvo con Ángela Molina. ¡Menuda señora y pedazo de actriz!. Ha utilizado todos los registros: la que seduce de verdad, la mujer enamorada, la mujer ambiciosa, la mujer sabia que ademas canta, recita, baila… Se nota que Ángela Molina esta muy bien por dentro y lo transmite a borbotones en el escenario. Ernesto Caballero me comentó a la salida del teatro unas impresiones parecidas (y viniendo de uno de los más grandes dramaturgos españoles es todo un cumplido).

La escenografía es practica, sencilla e interesante apoyada en una iluminación bien resuelta aunque necesitada de algún pequeño ajuste. Los momentos cómicos son buenos aunque algo escasos, me parece que la obra da para mas comicidad y los espectadores lo agradecemos tanto…. Para no perdérsela.

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