Bances Candamo, un personaje de novela en el Teatro de la Zarzuela

Francisco Bances Candamo es junto con José de Cañizares el autor del texto de El imposible mayor en amor, le vence Amor, zarzuela en dos jornadas con música del gran Sebastián Durón, estrenada en el Teatro de la Cruz de Madrid, el 24 de julio de 1710, después su fallecimiento en Lezuza, Albacete en 1704.

Nacido en Avilés en 1662,“con Bances, las incógnitas ya comienzan con su año de nacimiento, porque han desaparecido las páginas correspondientes en el archivo eclesiástico. Aunque se cree como más probable que fue 1662, el año en que Francisco Antonio de Bances y López-Candamo vino al mundo en el pueblo de Sabugo, muy cercano a la histórica y amurallada villa de Avilés. Hijo de humilde sastre, fallecido joven, y tan menesteroso que fue ‘enterrado de limosna’. El óbito del alfayate trajo consigo la emigración forzosa de nuestro personaje, todavía un niño, a casa de parientes sevillanos. Y fue allí, en la tierra de María Santísima, cuando con el tiempo vería la luz su genio para el ingenioso arte del teatro versificado, que entonces -siglo XVII- ya estaba en crisis” escribe del Rio Legazpi.

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Misterio, secreto, sigilo, enigma, incógnita, ocultación. Son términos que ayudan a explicar las sombras que siguen rodeando la vida de este caballero avilesino” -continua Alberto del Rio Legazpi- que nos introduce en el personaje de Bances Candamo como  “autor teatral, con especial dedicación a la dramaturgia. Le avalan veintitantos dramas –destacando ‘El esclavo en grillos de oro’– sin que ello le impidiese dedicarse, con reconocido éxito, al género lírico. Y un excelente poeta –en su tiempo el teatro se hacía, mayormente, en verso– que tenía una habilidad especial para la ironía rimada. Fue escritor de éxito, en Madrid. Sus obras, muy celebradas, lo llevaron a ser nombrado ‘Dramaturgo de Cámara del Rey’. En ese momento el rey Carlos II, se rodeaba de intelectuales avilesinos: uno, Francisco Bances Candamo y otro, Juan Carreño Miranda, como su pintor de Cámara. Un lobby avilesino, con tintes de Sabugo, donde ambos tienen calles dedicadas, que se cruzan.”.

Parece ser que oscuro asunto, amores, en que resultó herido en el pecho, según Ramón Mesonero Romanos, testimonia la fama que alcanzó en Madrid: lo visitó toda la nobleza, incluso el propio Rey, que preguntó todos los días por su evolución, le mandó sus propios cirujanos e incluso llegó a prohibir el paso de carruajes por delante de su casa y mandó llenar de arena el empedrado para que ningún ruido le molestase mientras se reponía.

Sus comedias más conocidas son, tres representadas entre 1692 y 1693: La piedra filosofal, sobre la educación de príncipes y con una subterránea lectura sobre la muy polémica sucesión del Hechizado; Cómo se curan los celos y Orlando Furioso, que refunde una obra escrita por el propio autor para zarzuela con personajes alegóricos y trata los mismos temas de la anterior.  El esclavo en grillos de oro, contra el mal gobierno del ministro de Carlos II, Oropesa (el rey aparece bajo la máscara del emperador Trajano) le granjearon grandes problemas por su contenido político, forzando su traslado a Cabra, primero, como administrador de rentas reales, y más tarde a Córdoba, Málaga y Jerez como visitador general de impuestos. Incluso llegó a Ceuta para abastecer de provisiones a la plaza que estaba sitiada por las tropas del rey de Mequínez. Respecto a este asunto, ha existido una disputa entre Duncan W. Moir e Ignacio Arellano, en la que el primero defiende que Bances salió de la corte por sus arriesgadas tesis políticas y sucesorias expuestas en sus obras, mientras que Arellano sostiene que es muy arriesgado establecer estrictas homologías entre el teatro y la realidad histórica cortesana del día a día. Para Miguel Zugasti (1) «es impensable que Bances Candamo insinuara una mínima crítica al rey o a la monarquía absoluta como institución, pero no hay duda de que se ganó algún poderoso enemigo que le instó a tomar la decisión de abandonar Madrid y dejar radicalmente de escribir teatro; este alto personaje bien pudo ser el Duque de Medina Sidonia o cualquier otro ministro de Carlos II».

Bances pudo volver a Madrid en 1696. Después recorrió Ocaña, Úbeda (1699), Baeza (1700) y San Clemente de Cuenca (1702) con otras comisiones de la Hacienda pública. En septiembre de 1704 le enviaron como juez inquisidor a Lezuza, donde murió poco después debido a una súbita y violenta enfermedad que algunos consideran envenenamiento.

Gerardo Diego en su ‘Antología poética en honor de Góngora’ dice que: ‘Si queremos encontrar un verdadero poeta en la época del último Austria, hemos de trabar conocimiento con Bances Candamo. De los autores de teatro ‘postcalderonianos, es el más fino’. Bances fusiona a la manera barroca todas las artes: música y pintura sobre todo, aunque también danza e incluso la escultura. Acumula efectos escenográficos y constantes mutaciones y cambios de escenario, usando un estilo de lenguaje culto de fuerte impronta calderoniana: paralelismos, diseminaciones, versos partidos en réplicas al alimón, y formulismo, léxico y la metáfora gongorina. Sus graciosos por el contrario poseen una función burlesca desmitificadora y metateatral, aunque evita más escrupulosamente que otros autores los comentarios soeces, vulgares o escatológicos hasta el punto de dotarlos de ciertas virtudes señoriales y caballerescas algo inapropiadas. Compuso también entremeses y bailes para sus comedias, y algún auto sacramental, como Las mesas de la Fortuna y El gran químico del mundo.

Por último, destacar la atención que merece el Director de escena, Gustavo Tambascio(2), que parte de la idea de que se puede reconstruir la parte visual de la escena barroca pues se conservan muchos de los planos de los muchos escenarios, de las máquinas teatrales que conseguían los efectos visuales y algunos tratados de gestualidad como los de los jesuitas Franciscus Lang Disertación de la acción escénica con figuras y Vicente Requeno y Vives Scoperta della Chironomia ossia dell’arte di gestire con le mani. Por lo tanto, Tambascio cree que existía en la época un código gestual que el público de ese periodo entendía muy bien. El problema que nos encontramos hoy en día es que, si rescatamos esos códigos, cree que el público no va a entender la representación. Por lo tanto, el problema de la dirección de una obra, que él debe afrontar, es encontrar siempre la gestualidad apropiada de un determinado pasaje para impresionar al espectador y que resulte convincente. Otro problema que preocupa a Tambascio es saber cómo se han de recitar los versos de los graciosos del teatro del Siglo de Oro. Confiesa, sin temor, que no lo sabe por más que ha preguntado a los especialistas en este teatro: «la puesta en escena del teatro barroco debe ir precedida de un serio estudio filológico, estilístico e histórico; que no se descuide ni las figuras ni la retórica del gesto, pero sin llegar a ser su esclavo y sin perder de vista que el código, es decir, la convención mutua entre el actor y el espectador, puede resultar incomprensible para el público de hoy». Veremos cuál es el resultado final de tan excelso texto, música y puesta en escena.

(1)Zugasti Zugasti, M., «Para la biografía de Bances Candamo: documentación inédita en el archivo de los duques de Alba», en Ars bene docendi: Homenaje al profesor Kurt Spang, ed. I. Arellano, V. García Ruiz y C. Saralegui, Pamplona, Eunsa, 2009, pp. 597-612.

(2) Tambascio, G., «La puesta en escena del teatro barroco: retórica y afectos», en F. Bances Candamo y el teatro musical de su tiempo (1662-1704), ed. J. A. Gómez Rodríguez, B. Martínez del Fresno, AvilésOviedo, Ayuntamiento-Universidad, 1994, pp. 237-255.

Imagen cabecera : El salón dorado del Alcázar de Madrid y boca de escenario. Francisco Herrera el Mozo. Osterreichische Nationalbibliothek.

Imagen texto: Retrato de Bances Candamo en el Museo de Avilés.

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