Fascinante ASÍ PASEN CINCO AÑOS Teatro Valle Inclán

Una función de una compañía estable suele caracterizarse por una fluidez especial. Por eso, cuando el espectáculo es resultado de un colectivo teatral con más de tres décadas de andadura —y azuzado por la motivación adicional de que se trata de la que fue su primera puesta en escena de un texto escrito— el espectador puede tener la ocasión de encontrarse con lo excepcional, incluso frente a lo fascinante. Calificativo éste que yo suelo reservar a las actuaciones en que la compañía triunfa al enfrentarse a lo más difícil, a lo casi imposible; esas obras sin argumento claro ni hilos conductores definidos. Un texto sobre el que los estudiosos no han llegado a un consenso, si no que sostienen variopintas teorías. Éste es el caso de Así pasen cinco años, creación de Federico García Lorca; pieza que él mismo consideró imposible de llevar al escenario: onírica, difusa, muy muy poética. Para afrontar tan arriesgada empresa el Centro Dramático Nacional ha confiado en la compañía Atalaya, colectivo sevillano que por ser tan trotamundos e intercultural más debería apellidarse compañía teatral `multinacional´, pero a la que vamos de evitar tan inquietante apelativo.

La principal recomendación que le hago al espectador es que vaya al Teatro Valle Inclán con las expectativas bien ajustadas y, a ser posible, con antelación suficiente como para leer el excelente y breve Cuaderno pedagógico de la obra; la ocasión lo merece, créame. Hay ocasiones en que para disfrutar plenamente el espectador debe de `estirarse´ y hacer de director del teatro interior: preparando la mente y los sentidos para lo que se va a escuchar y ver. No he puesto el orden de ambos verbos aleatoriamente; he comenzado con `escuchar´ porque la palabra —como en toda creación Lorquiana— domina imperiosa sobre el cerebro del espectador. En Así pasen cinco años el público se enfrenta a una sucesión de monólogos cadenciosos, poblados de pareados y de rítmicas asociaciones de adjetivos, así como a unos diálogos a menudo sin sentido aparente pero con la seducción de la musicalidad de las palabras. Literatura puradominada por la intención de expresar belleza, de reflejar los hondos y confusos sentimientos del granadino. Y dado que fue decisión de los hados que en esta ocasión Lorca nos exija un esfuerzo adicional de interpretación para penetrar en sus sentimientos, entendamos que esa era su situación mental en el Nueva York de 1929, por lo que hay que tratar de ponerse en su piel y aceptar que esto es lo que hay. Y como la palabra aquí es la reina y la acústica del teatro no es la mejor, para apreciar más la vocalización de los intérpretes, tratar y conseguir una localidad en la primeras filas o cerca de los altavoces.

Difícil, casi contradictorio, resulta tratar de ver lo onírico; porque lo onírico se imagina. Pues viendo e imaginando se puede disfrutar de la sencilla y efectiva escenografía que el director Ricardo Iniestaha diseñado para éste espectáculo; austero (se nota que es un colectivo teatral itinerante), movible, funcional y bien ejecutado. Lo suficiente para enmarcar las evoluciones de los intérpretes y dejar que el espectador lo complete con aquellas asociaciones de lugares que pueden ir surgiendo en su mente —otra vez, la complicidad del público con esta obra—. Y muy bella y sugestiva la ecléctica vestimentadiseñada por Carmen de Giles, en sintonía con el minimimalista decorado.

Dejo deliberadamente para el final mi apreciación de la labor de actores y actrices. Me resisto a mencionar a alguien en un conjunto en el que lo evidente es el trabajo en equipo, la familiaridad entre unos participantes que circulan por el escenario con absoluta soltura. En éste caso el ensayo minucioso y los muchos años de compartir escenarios de todo tamaño, forma y condiciones resultan evidentes. Pero no puedo dejar de mencionar a Manuel Asensio, actor que me ha llamado un poco más la atención por sus interpretaciones del viejo y el jugador de cartas. Tal vez fue porque vi la función en un teatro llamado Valle Inclán y el estreno se celebró en el Día Internacional del Teatro (tan asociado a la imagen de la estatua de Don Ramón recibiendo su bufanda), pero Asensio se me ha quedado un poco más en la retina.

Finalmente, recomendar al aficionado al teatro a aprovechar esta ocasión. Así como felicitar al Centro Dramático Nacional por programar una función con mayúsculas: teatro teatro…

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga.

Fotos de David Ruano.

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