María Pagés, los brazos que bailan (en YO, CARMEN)

El YO, CARMEN —que ayer tuvo su ensayo general en los Teatros del Canal—es una ocasión para saborear una emocionante reflexión acerca de la libertad de una mujer que se siente dueña de su destino y lo demuestra rotundamente ante quienes la rodean. Esta fusión de nuestra música y bailes flamencos en un espectáculo contemporáneo, emplea como excusa a Carmen, el clásico personaje literario que tanto a contribuido a configurar la percepción del imaginario español en todo el mundo. La célebre creación del francés Prosper Mérimée le sirve a María Pagés para hacer una representación feminista y femenina sobre la libertad individual. Éste espectáculo emplea el mito de Carmen como paradigma de la mujer liberada y desatada emocionalmente, que decide hacer de si misma lo que quiera. María Pagés `estira´ el personaje para enfatizar esa idea fuerza de mujer de rompe y rasga. En YO, CARMEN la protagonista lo es más que nunca; no hay intérpretes masculinos que encarnen a los Don José y Escamillo del texto original. Aquí la Pagés es dueña y señora del escenario con su cuerpo de baile femenino.

Otro aspecto de gran simbolismo es el empleo de los brazos por parte de la protagonista. Si los desplazamientos mediante las piernas representa la fuerza masculina, el empleo sutil y cadencioso de los brazos es una manifestación de femineidad. Lo equiparo al papel de la mirada, un campo de la seducción en que la maña prevalece sobre la fuerza y suele triunfar la hembra frente al varón. Y empleando brazos y manos la Pagés es una maestra. La buena altura física de esta figura de nuestra danza hace más fácil apreciar el movimiento de sus brazos, que suelen evolucionar por encima de las cabezas del resto de intérpretes; a veces la Pagés parece como colgada del techo por esos largos brazos que se estiran hacia lo alto cual si fueran ramas de un roble de monterrey. Árbol poderoso, alto y majestuoso como el baile de esta figura. La verticalidad de la estampa de la protagonista se abre en las más diversas direcciones con la evolución de sus manos, convirtiéndose en foco de atención principal.

En algunos momentos el espectáculo se desarrolla entre cierta oscuridad, rota por el juego de luces verticales que van dirigiendo la mirada de los espectadores y las evoluciones de las bailarinas. El juego de luces también va mostrando y ocultando al grupo musical y a las dos cantaoras que interpretan la variada música de inspiración flamenca; incluye un excelente tanguillo de Cádiz. El ensayo general fue encantadoramente interrumpido por la protagonista, que —en tono humorístico— ofreció una cantinela explicativa acerca de porqué la función había comenzado con retraso; muestra adicional de la presencia en el escenario de María Pagés, artista en plena forma. Esa clase de detalles que refrendan la categoría de una artista.

Finalizo con un comentario crítico sobre un asunto delicado (aunque periférico de la actuación). Me encuentro en la web con un texto afirmando que la Pagés “…explora el deseo como una responsabilidad ética”. Difícilmente puede encontrarse una afirmación más incoherente e incluso metafísicamente imposible. El deseo es una reacción física de impulso hacia la persona por la que se siente atracción; en tanto que la responsabilidad ética es precisamente lo contrario: la escala de valores personal que orienta y constriñe el comportamiento. La ética hace de `chaqueta de fuerza´ del deseo, pues dejarse llevar por el deseo sin considerar la ética es precisamente lo que hacen los violadores y todos aquellos que usan sexualmente a otras personas contra su voluntad. Cuidado con asociar la preponderancia del impulso sexual del mito de Carmen con la responsabilidad ética; éste mito lo es porque se pone por bandera toda ética y resulta esencialmente emocional e irrefrenable (a todo desafía y todo manipula por anteponer sus impulsos). Me he detenido a elaborar esta reflexión porque son demasiado frecuentes los textos promocionales inapropiados que se publican en los programas y webs; si en la danza todo lo que funciona sensorialmente nos vale; en el ámbito de la prosa debe de existir una coherencia en lo que se comunica. Quienes los redactan deben vigilar detalles como éste, que hacen de lunar en éste extraordinario espectáculo de María Pages, la mujer que baila con los brazos.

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga

Fotos de Esteban Abión

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