El Jardín del Flamenco: vivencias, testimonios y sapiencias de Juan Verdú

Libro se llama a un objeto formado por unas hojas encuadernadas con un ISBN y un depósito legal, pudiendo tener uno o más autores y cualquier clase de contenidos organizados según los más diversos criterios. Por eso esta obra de Juanico —como le conocen sus íntimos— la podemos llamar libro. Resulta un objeto tan esencialmente flamenco y auténtico que rompe con los esquemas habituales de la redacción y la edición. Nos situamos frente a una creación difícilmente clasificable (como su coautor y protagonista principal).

Visión personal del flamenco

El Jardín del Flamenco es en parte una síntesis histórica de algunos aspectos de éste arte durante las últimas tres décadas, es en parte una autobiografía de quien lo firma. También es en parte un homenaje de algunos pocos de quienes le quieren, es en parte compendio de las frases y conclusiones que Juan ha acumulado como ideario personal, es en parte una declaración de amor a la familia Morente… Incluye asimismo un CD con excelente música, contiene unas sugestivas ilustraciones a tinta china de David Vaamonde.

En resumen, es un lío, un sorprendente y sugestivo lío. Bien es cierto que el título ya orienta: El Jardín del Flamenco. Así Verdú ya señala la anárquica y variopinta variedad de asuntos y perspectivas que debe necesariamente contener un jardín que se apellide “flamenco”. Tiene, además, en su portada una imagen de Juan con Estrella Morente, mirándose como solo lo saben hacer quienes se quieren sin condiciones.

La seducción anárquica del flamenco

Por su propia naturaleza, el flamenco debe de experimentarse más con el instinto y los sentidos que con la racionalidad y la lógica. Todos los cánones, categorías y procesos necesarios a la hora de aprender y entender las demás artes, deben supeditarse al sumergirse en el flamenco. Se trata de un fenómeno holístico, en que lo imprevisto y anárquico dominan.

No se sabe como ni porqué, pero funcionan las más variadas combinaciones de elementos: gestualidad desgarrada, mayestática inmovilidad de algunos participantes, cadencias armoniosas, arrebatadores arranques de los intérpretes… Incluso coreografías y puestas en escena procedentes del teatro y del musical. Por encima de todo, el flamenco es sentimiento, triunfando plenamente cuando se genera la magia de la comunión entre intérpretes y público. Por eso un libro como El Jardín del Flamenco es tan flamenco, tan verdad, tan necesario.

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