La danza ecléctica de Daniel Doña & Cia

La danza española tiene tal cantidad de fuentes de inspiración que resultan innumerables las variaciones de combinaciones que un coreógrafo puede incluir en un bolo (o actuación). En el caso de No pausa —el espectáculo que Daniel Doña y su compañía tienen actualmente en su repertorio— y que vi en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, los contenidos han sido sabiamente e innovadoramente combinados. Un bolo ecléctico y bien ejecutado por su vibrante compañía de cuatro bailarines. El resultado resulta muy entretenido para el espectador.

danza daniel dona

Según comentó Daniel Doña durante el posterior encuentro con el público, le encargó a Héctor González y al guitarrista Francisco Vinuesa una composición músical en la que estos han recogido elementos de obras medievales, asociados al folclore aragonés y castellano, momentos abiertamente flamencos y otros de inspiración contemporánea. En un momento dado la variada música grabada deja lugar a unas composiciones flamencas tocadas con maestría por el propio Francisco Vinuesa y cantadas por el excelente David Vázquez. Esa ecléctica base musical permite una variada y moderna coreografía del propio Doña, apoyado por Marco Flores, que resulta sumamente variada y entretenida; esta también recoge unas variadas influencias; según mencionó Daniel Doña, dichas fuentes de inspiración son la escuela bolera, la danza estilizada, el folclore (como las folías del siglo XVIII) o bailes en flamenco poco interpretados, como las peteneras. En esta elaborada coreografía se nos sorprende con algunos intensos momentos, como los duelos de taconeo y de castañuelas entre los bailarines; más novedoso aún es el empleo de crótalos o chinchines (pequeños platillos metálicos) por uno de los bailarines, que hace un efectivo duo con el que toca las castañuelas. La coreografía sube enteros con una variada y sofisticada evolución de los intérpretes, con cambios de música y estilo en distintos momentos; el resultado es excelente.

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Los cuatro bailarines de la compañía están a un buen nivel. La compleja coreografía, apoyada por una elaborada iluminación, es ejecutada por todo el elenco con gran precisión; haciendo muy naturales y fluidos los frecuentes cambios de momentos de la actuación. Sorprende positivamente la participación escénica —inusual y sin embargo muy natural— del cantaor; incluso en momentos en que no canta y es una música no flamenca la que se está escuchando. El cantaor también actúa, adquiriendo cierto protagonismo desde un papel semi-móvil; convirtiéndose así en un elemento activo de la escenografía.

El resultado del conjunto del bolo es mejor que bueno. Y lo que para mi es aún más importante, demuestra que hay innovación y ganas de experimentar en las coreografías de esta pequeña pero audaz compañía. Esperemos ver más de Daniel Doña y de su gente próximamente.

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