Apollo

Stravinski pasó a la historia de la música por ser el compositor de “La consagración de la primavera”, un ballet cuyo estreno fue transgresor y que es testimonio las rupturas que se estaban produciendo en el arte a principios de siglo XX. No obstante, en contraposición a este ballet un tanto provocador, el músico ruso compuso entre 1927 y 1928 un ballet totalmente diferente: Apollo. Encuadrado en un período de vuelta al clasicismo, el compositor nos ofrece una música más académica y formal, alejada de toda ruptura. Al igual que Picasso que, después de convertirse en el padre de una de las primeras vanguardias pictóricas de la historia, pasó por una etapa clásica, Stravinski siguió la misma trayectoria. “La consagración de la primavera es salvaje-dice Arnold Whittall-, mientras que Apollo es civilizado. El primer ballet posee toda la energía de Stravinski en el culmen de su experiencia expresionista, mientras que el segundo, compuesto más tarde, es en muchos aspectos la más serena y representativa de entre todas sus composiciones neoclásicas(…) Frente a la ferocidad de La consagraciónApollo ofrece formalismo y frente a una vasta gama de colores orquestales, propone una sobria homogeneidad de una orquesta con arcos.”

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