Los cuentos de Hoffmann

Aprovechando que el Teatro Real alberga estos días las funciones de “Los cuentos de Hoffmann”, le dedicaremos una entrada en nuestro blog a esta obra póstuma de Offenbach. A decir verdad, esta ópera es algo insólita en la carrera del compositor: después de dedicarse toda una vida a la opereta francesa (compuso cerca de 70 en toda su vida), a la sátira y al humor, se despide del mundo con una opera seria con tintes agridulces.

Según cuenta Richard Osborne en “Cluyents dirige Los cuentos de Hoffmann“, aunque la ópera ya estaba más o menos terminada cuando falleció Offenbach, estaba incompleta en un sentido aun más preocupante: el maestro no había vivido lo suficiente como para poder ver el estreno. Offenbach fue un hombre pendiente del gusto del público de la época y no tuvo reparos en modificar y revisar la partitura de varias de sus óperas para contentarlo, introduciendo o eliminando números. Con Offenbach fallecido, las revisiones quedaron en manos de otros, de tal forma que en la premiere, el acto de Giulietta se omitió con el pretexto de que era corto y algunos roles secundarios como el de Nicklausse, la musa o la voz de la madre de Antonia sufrieron cambios en la distribución, lo que provocó la aparición de diversas ediciones de la ópera. Según afirma Osborne, a Offenbach no le hubiera importado la omisión del acto de Giulietta, (en el que se puede escuchar la famosa barcarola), puesto que él mismo había rescatado esta melodía de otra de sus óperas anteriores: Rheinnixen.

Desde un principio, Offenbach concibió los roles de esta ópera para que fueran interpretados por una misma soprano (Stella, Olympia, Antonia y Giulietta), por un único barítono (Lindorf, Coppelius, Miracle y Dapertutto) y un actor-cantante interpretando a los cuatro sirvientes. No obstante, muchos teatros pasaron por alto este detalle y se el asignó a cada personaje un cantante distinto. Tampoco era de extrañar, puesto que no es fácil que una misma soprano pueda afrontar las extremas agilidades que requiere el personaje de Olympia y al mismo tiempo pueda desempeñar un papel de soprano dramática como lo es el personaje de Giulietta. En algunas grabaciones discográficas se puede ver claramente: en la versión que la casa EMI produjo en 1965, tenemos a Gianna d’Angelo como Olympia, a Elisabeth Schwarzkopf como Giulietta y a Victoria de los Ángeles como Antonia. También tenemos otros repartos más perversos como al barítono Jean-Christophe Benoit haciendo de Nicklausse, rol reservado para mezzosoprano.

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