La musica de Tomás Luis de Victoria

Michael Noone llegó a decir que “Tomás Luis de Victoria es, probablemente, el más grande de los músicos españoles… Bueno, sobra lo de probablemente.” De entre los polifonistas españoles del siglo XVI, y sin desmerecer la labor del resto, el más fascinante es, sin duda alguna, el maestro abulense. Y es que la música de Victoria respira una calma, una espiritualidad y un misticismo hipnótico y apasionante. Para comprender la música de Victoria, tenemos que hablar primero de lo que supuso la polifonía como forma de expresión de la Contrarreforma católica. Sobre este aspecto, dice Erwin Leuchter en su libro La historia de la música :

El acontecimiento espiritual y político más importante en esta época fue la Contrarreforma católica cuya influencia sobre la evolución de la música fue mucho más decisiva que la del movimiento protestante. Dicha corriente (…) carecía de toda tradición cultural propia y por eso no logró atrae rmayormente las fuerzas creadoras artísticas, en tanto que la Iglesia católica, respaldándose (…) en una tradición cultural milenaria, pudo emprender la lucha por el predominio espiritual. Así, todos los grandes compositores estaban del lado de la contrarreforma. Hubo de transcurrir más de un siglo hasta que del seno del Protestantismo naciera una gran figura musical: Johann Sebastian Bach.

Entre las tendencias espirituales de la Contrarreforma, añade Leuchter, estaba la de subordinar la música al texto. “En la unión de la palabra y la música, el verbo sagrado ocupa el primer lugar y la función de la música no es otra que la de perfilar y realizar el sentido espiritual y emocional de la palabra, hecho que le imprimió un marcado carácter expresivo y hasta dramático”. La idea que Victoria tenía de la música tampoco distaba mucho de este planteamiento: “la música, siendo de origen divino, no puede tener mejor fin que alabar a Dios.”

Se ha hablado mucho del misticismo y espiritualidad en la música de Victoria. Una de las razones que se dan para justificar esta espiritualidad es su estancia en el Oratorio de San Felipe Neri, un cenobio en el que sacerdotes y seglares hacían vida en común bajo la iniciativa y liderazgo espiritual del Santo. Además, era costumbre en la época utilizar una misma composición musical tanto para textos profanos como para textos sacros indistintamente. Costumbre que Victoria nunca llegó a practicar, pero que otros contemporáneos suyos, como Francisco de Guerrero sí. Un ejemplo es la obra “Prado verde y florido” que tiene la misma música que “Pan divino y gracioso”.

A esto hay que sumar la situación cultural y política de la España de la época. Además de pertenecer a la generación del Siglo de Oro español, Victoria fue testigo de un fuerte cambió: la muerte del emperador Carlos I y la llegada al trono de su hijo Felipe II. De hecho, fue el propio Felipe II quien concedió a Victoria un privilegio para trasladarse al Collegium Germanicum de Roma. En 1565, tan sólo 2 años después del Concilio de Trento, un jovencísimo Victoria, que contaba con 17 años de edad, viaja a la Roma contrarreformista para completar su formación musical y prepararse para el sacerdocio. Allí es posible que entrara en contacto con otro de los grandes maestros polifonistas: Giovanni Pierluigi da Palestrina. Es muy probable que su viaje a Italia influyera de forma determinante en la concepción de su música, puesto que allí pasó 20 años de su vida y no regresaría a España hasta 1586. No obstante, algunos insisten en que “Victoria sale hacia Roma con un bagaje técnico suficiente y con el espíritu de la música española bien digerido (…) En Roma agranda y perfecciona su arte, se amolda a las nuevas directrices y depura su técnica.”

Aunque el compositor abulense no fue muy prolífico, la obra que nos legó es de una belleza sublime. Tal vez su composición más notoria sea “Officium Hebdomadae Sanctae” o el Oficio de Semana Santa, en el que Victoria compone una pieza coral para cada momento litúrgico desde el domingo de ramos hasta el sábado santo: desde la entrada de Jesús en Jerusalén hasta su muerte.

Para ver la complejidad de la música de Victoria, tan sólo tenemos que leer estas palabras sobre el “Tenebrae factae sunt”, uno de los responsorios de tinieblas pertenecientes al “Officium Hebdomadae Sanctae”:

Pensemos, por ejemplo, debido a su emoción concentrada y arrebatadora, en el responsorio “Tenebrae factae sunt”, modelo de belleza y dramatismo: las voces secundarias acompañan al tema principal, como un canto continuo, manteniendo en la armonía ritmos e imitaciones. Fijémonos en la genial sencillez del comienzo: el bajo emite una nota que flota sin referencia tonal alguna; se le une el soprano afirmando la misma nota; ahora el bajo desciende una quinta y descubre la tonalidad; a continuación, las otras dos voces, que callaban, se incorporan para construir el acorde menor completo; de alguna manera, la indefinición tonal de las tinieblas en el comienzo se aclara armónicamente en el segundo compás, y se tensa en el “factae” con un estremecedor intervalo de sexta. (…) La sección central, “et inclinato capite”, expone el tema con un leve salto de tercera en el tenor; otras dos voces imitan el intervalo en otro grado e, inmediatamente, se inicia un descenso escalonado de segundas que evocan la suave inclinación de la cabeza del Crucificado. El responsorio concluye con la secuencia “emisit spiritum”, prodigio de la expresividad: el “cantus”, imitando la exhalación del último aliento, inicia un ascenso, tan de corto recorrido, que se agota en sí mismo. Todo esto obedece a un plan técnico sabiamente diseñado, puesto al servicio de convicciones religiosas elevadas; admitimos así ese hipotético misticismo que se le viene atribuyendo.

Como curiosidad, y ya para finalizar, la ciudad natal de Victoria es sede desde hace 3 años del Festival Abulensis, donde cada año se reúnen los mejores intérpretes de música antigua (como los grupos “La Colombina” o “The Tallis Scholars”) para dar vida ya no sólo a las obras de Victoria, sino a las de Morales, Guerrero y compositores extranjeros. Este año celebrará con su tercera edición: http://www.abulensis.es/drupal/

Bibliografía
ROMERO VIVES, Santiago: Don Tomás “Ad libitum”, 2011
LEUCHTER, Erwin: La historia de la música, Riccordi americana, 1946

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