La Grande-Duchesse de Gérolstein

Cuando hablamos de Offenbach, enseguida nos viene a la cabeza la sublime Los cuentos de Hoffmann, pero no debemos olvidar que este prolífico compositor, nacido en Alemania y afincado en Francia, compuso más de 90 óperas (o si lo preferís operetas) a lo largo de su vida y que, lamentablemente, no forman parte del repertorio operístico habitual. Salvo en Francia, los escenarios internacionales rara vez ven montajes de estas óperas. Son algunos directores, como Michel Plasson, Emmanuel Villaume y Marc Minkowski, entre otros, los que han contribuido a la difusión de La Gran-Duchesse de Gérolstein. La grabación de Minkowski, realizada en 2005 a partir de una representación en directo en el Théâtre du Châtelet, recupera la versión original de la ópera, tal y como Offenbach la concibió en su momento para su estreno en París en 1867, y que hasta entonces no se había escuchado.

La versión original de Minkowski recupera algunos fragmentos que fueron eliminados en su momento por la censura o bien para satisfacer el gusto parisino de la época, según cuenta Jean-Christophe Keck en su artículo “La versión original de La Grande-Duchesse de Gérolstein“. Por lo visto, Offenbach prefería suprimir algunos números bastante interesantes desde un punto de vista musical, antes que frenar la acción dramática de la obra. Algunas de las piezas recuperadas son el gran final del segundo acto, la meditación de la gran Duquesa del tercer acto y la escena del juramento, que, según Keck, pretende ser una parodia de la escena de la bendición de los puñales de la ópera de Meyerbeer Los Hugonotes.

Por otro lado, hay que tener en cuenta el contexto histórico en una obra de este calibre. Jean-Claude Yon dice que “el libreto original de Melhiac y Halévy ofrecía un comentario crítico sobre la situación política de la época.” No hay que olvidar el momento histórico en el que se compuso la ópera:  en pleno proceso de la unificación alemana, que ponía en entredicho la hegemonía de Francia y que desataría años después la guerra franco-prusiana. Esto hizo que los censores pusieran mayores trabas a la obra por la forma tan ridícula en que se representaba el poder político, reflejado a través del personaje protagonista: la gran duquesa de Gerolstein. 1867 fue, además, el año en que se celebró la exposición universal de París, por lo que no podían faltar los grandes dirigentes políticos, que naturalmente asistieron a las representaciones de la ópera. Entre ellos se encontraban Napoleón III y Bismarck, que, a pesar de la crítica al militarismo, disfrutaron de la obra. También asistió el futuro presidente de la república: Adolphe Thiers, que elogió la obra de Offenbach para después prohibirla una vez nombrado presidente.

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