Los modales en España han ido evolucionando con el paso del tiempo. Dependiendo de la época, existían unas maneras de actuar en sociedad que estaban mejor o peor vistas. En los años 40 los manuales de modales eran muy populares, y en las décadas posteriores estos se transmitían de padres a hijos. Antiguamente, ya fuera en grandes ciudades como Madrid o en pueblos más aislados, los modales se mantenían, al menos a grandes rasgos. Hay quienes dicen que en la actualidad hemos caído en el libertinaje, otros que conservamos aquellos modales que realmente valen la pena. Hoy traemos algunos de los más destacados en un repaso a la década de los 40, los 80 y la actualidad.

En la escuela

La dictadura franquista supuso no solo estrictas normas, sino también modales mucho más rectos. En 1940 y décadas posteriores, era costumbre no solo tratar a los profesores de usted, sino levantarse cuando el profesor entraba en el aula a primera hora de la mañana. Una señal de respeto por parte del alumnado.

En 1980 la sociedad buscaba dejar atrás el espíritu de obediencia que implicaba el franquismo y, aunque seguían existiendo modales en España muy concretos en cuanto al trato con el profesorado, éste era algo más distendido, tratándose temas en las aulas que antes no hubieran sido posibles.

En la actualidad es muy poco probable que un alumno trate de usted a un profesor, desarrollándose casos incluso de rebeldía contra los mismos. Los que vivieron en el siglo XX cuentan que si algún profesor hacía llegar una carta a sus padres sobre un mal comportamiento, les faltaba casa para esconderse. Ahora existe esa duda razonable que permite a los niños explicarse, aunque son algunos los que piensan que se está perdiendo el respeto al profesorado.

Modales en la mesa

En la mesa es quizá donde más se aprecie el cambio de los modales en España. Casi como un cántico los padres recitaban a sus hijos: en la mesa no se apoyan los codos, no se juega con la comida y no se canta. Incluso en los años 40 y con posterioridad las familias más acomodadas debían saber qué cubiertos usar con cada plato. El comer en el hogar no libraba a los varones de tener que llevar aunque fuera una chaquetilla como símbolo de formalidad y decoro en la mesa. Quizá este último detalle se perdió entrados los 80, pero las generaciones que lo vivieron todavía tenían muy presentes los buenos modales en la mesa.

Quizá no sea un error decir que tristemente todo eso se ha perdido, o al menos cada vez más. El siglo XXI ha conllevado menos rectitud en los modales a la hora de comer, siendo un momento de recreo en el que no se tienen en cuenta maneras de otros tiempos. Se conservan algunos básicos como el no comer con la boca llena.

Antigua Barcelona

Antigua Barcelona. | BCNROC Ayuntamiento de Barcelona

Hola Don Pepito, hola Don José

El uso del don o doña ha ido evolucionando mucho con el paso de las décadas, hasta llegar prácticamente a perderse. En los años 40 era impensable no tratar a alguien de don o doña. Habitualmente su uso se antepone al nombre de pila de la persona “Don Antonio” o al nombre de pila seguido del apellido “Don Antonio Rodríguez”.

Sin embargo, existían otras reglas a tener en cuenta. Para usar solo el apellido, el tratamiento adecuado es “Señor Rodríguez”. Durante estos tiempos un mal uso de estos modales en España podía significar que la persona desconocía estas reglas, lo que revelaba una clase social más baja y menos educación, o incluso una mofa encubierta, denigrando a la persona referida. Por ejemplo, tratándole de “don Rodríguez” o “señor Antonio”.

Con el paso de las décadas las normas sociales cada vez eran más flexibles. En los 80 todavía quedaban vestigios de la educación recibida en años anteriores. No obstante, cada vez eran más los jóvenes que usaban un lenguaje más coloquial, usando sobre todo el usted para referirse a personas mayores o de determinado prestigio y estudios.

Los modales en España a día de hoy en cuanto a este hecho cada vez son más un recuerdo. Sobre todo el uso del don y doña se limita mayormente a los escritos, aunque incluso en este caso no es habitual. Puede ser además un insulto si se usa despectivamente con frases como “ese es un don nadie” o “la doña”, haciendo alusión a un carácter estirado.

Las reglas del saludo

A día de hoy puede parecer impensable pero los hombres en 1940 de las clases más altas o de urbes como Madrid o Barcelona saludaban a las mujeres con un leve beso en la mano. Los hombres en cambio se daban un fuerte apretón de manos. De la misma forma, era de mala educación no quitarse el sombrero a la hora de saludar a alguien, así como al entrar en un espacio cerrado. Son muchas las historias que cuentan los que vivieron aquellos tiempos. Por ejemplo, las mujeres tenían la prioridad para saludar. Es decir, cuando se cruzaban con un hombre, ellas debían dar el primer paso para saludarles, y los hombres así lo cumplían, pues si la mujer iba acompañada quizá no deseaba dar a conocer esa amistad.

Que las mujeres se saludaran con un beso y los hombres con un apretón de manos es algo que ha perdurado hasta hace muy poco. Actualmente no está tan claro la manera de actuar ante un saludo con una persona desconocida. Hay quienes independientemente del género prefieren darse la mano o dos besos, lo que a veces da lugar a situaciones un tanto incómodas. A los amigos se les da un abrazo con una palmada en la espalda.

Antigua Barcelona

Antigua Barcelona. | BCNROC Ayuntamiento de Barcelona

¿Nos hablamos de usted o nos tuteamos?

El cambio de los modales en España puede verse de manera llamativa, como ya hemos apuntado, en el lenguaje. A pesar de tener una relación cercana en los años de la dictadura la gente se trataba de usted, incluso de hijos a padres. Esto era símbolo de respeto incluso de afabilidad. Con el paso de las décadas, el término del franquismo y la llegada de la televisión, los modales en España también se relajaron y aunque se trataba de usted a los desconocidos, ancianos y aquellos de mayor estatus social, su uso era más puntual.

Ahora el uso del usted es el tratamiento más convencional para presentar respeto a personas de edad avanzada o con una trayectoria profesional destacada. Sin embargo, inclusive esto se está perdiendo.

Con los mayores

Los mayores eran algo casi intocable en los años 40 y había que tenerles un respeto casi supremo. Había que tratarles de usted y uno no se podía oponer a lo que ellos dijeran. Este respeto se reflejaba también en la vía pública, donde aquél que fuera más joven debía cederles el asiento. Los años 80 continuaron con estos modales, seguía siendo impensable alzarles la voz o contrariarles. En nuestros días a muchos niños los cuidan los abuelos y el trato es mucho más informal. En el transporte público sigue siendo de buena educación ceder el asiento a las personas mayores, como también a las embarazadas o personas que padezcan alguna dolencia.