A lo largo de la historia en España se han librado numerosas batallas. Muchas épicas, algunas duraderas, otras increíbles, la mayoría de ellas sangrientas y tristes. Todas han dejado huella, tanto en la población donde se desarrolló la contienda como en los emplazamientos físicos. Se puede hacer un recorrido por las localizaciones donde han tenido lugar estas batallas e impregnarse de recuerdos que ahora forman parte de los libros de historia. Conocer España es conocer su pasado para aprender del presente y mejorar el futuro.

La guerra numantina, la heroicidad de un pueblo irreductible

Ruinas de lo que llegó a ser una parte importante de la ciudad de Numancia en las famosas guerras románicas

Ruinas de lo que llegó a ser una parte importante de la ciudad de Numancia en las famosas guerras románicas | Shutterstock

Estas guerras tuvieron lugar entre el 154 y el 133 a.C.. Una amalgama de tribus íberas se extiende por la península ibérica. A finales de ese siglo los cartagineses invaden la península y propagan su mensaje militar y comercial. Las tropas cartaginesas comienzan a inquietar a la República Romana, que, como respuesta, quiere arrasar con todo el territorio peninsular. Hispania se convierte en la pieza codiciada por todos. Territorios fértiles y riqueza por doquier.

La segunda Guerra Púnica traslada su principal episodio bélico a Hispania. Allí, en el nordeste, se encontraba Numancia, una población celtibérica que se resistía a la invasión de extranjeros. El primero en caer fue el cónsul romano Quinto Cecilio, que llegó a rodear la ciudad pero que nada pudo hacer ante la crudeza del invierno y las sucesivas victorias del pueblo numantino. Hubo más, años después fue Cayo Hostilio Mancino quien caía, junto a sus tropas, ante el poderoso y audaz ejército numantino. Este general sufrío un severo castigo por parte del Senado Romano.

Finalmente fue Escipión Emiliano quien consiguió doblegar a la ciudad de Numancia tras casi un año de un bloqueo absoluto a la misma. Se le privó a la ciudad de comida, agua y suministros varios bloqueando todos los accesos y vías de entrada y salida. Numancia cayó, pero su resistencia aún hoy se lee en los libros de Historia.

Hoy día queda la huella de aquellos días de resistencia y furia. No sólo con la posibilidad de ver recreaciones históricas de susodichas batallas, sino con guías especializadas por las principales zonas de batalla a cargo de la Asociación Cultural Celtibérica Tierraquemada. Pasear por la Numacia Celtibérica es posible en la actualidad. Además, estas batallas han dejado gran legado en la cultura popular. Cuando alguien resiste por encima de sus posibilidades se le dice: “tienes resistencia numantina”.

La batalla de Covadonga, ¿el inicio de la Reconquista?

Monumento histórico de Don Pelayo en la basílica de Santa María la Real de Covadonga

Monumento histórico de Don Pelayo en la basílica de Santa María la Real de Covadonga | Shutterstock

Corría el año 722, aunque algunos historiadores aseguran que fue unos años antes, cuando en Covadonga, un pueblecito perteneciente al concejo de Cangas de Onís, en Asturias, se produjo una durísima batalla entre las tropas astures capitaneadas por el mitificado Don Pelayo y las tropas musulmanas omeyas. Cuenta la leyenda que Don Pelayo se retiró con sus tropas a lo más profundo de las montañas y que allí, con tan sólo 300 hombres y una estrategia bélica brillante, consiguió doblegar a las tropas musulmanas y obligarlas retirarse. El general Munuza, que lideró la avanzadilla omeya, acabó muriendo años después en otro enfrentamiento entre ambos frentes.

La batalla de Covadonga es recordada hoy día como una heroicidad por historiadores patriotas y como un golpe de suerte de índole militar por voces más comedidas, lo que es innegable es que marca un antes y un después en la historia de España. Por primera vez claudica el bando musulman, que vería cómo los cristianos irían ganando terrenos uno a uno hasta crear un país dividido en reinos. En Covadonga se pueden ver, actualmente, varios monumentos al Rey Pelayo, todo un emblema del imaginario popular asturiano y español. Incluso se pueden realizar visitas al lugar exacto de la contienda.

La batalla de Navas de Tolosa, ¿el final de La Reconquista?

Batalla de Las Navas de Tolosa, óleo de Van Halen expuesto en el palacio del Senado

Batalla de Las Navas de Tolosa, óleo de Van Halen expuesto en el palacio del Senado | Wikipedia

También conocida como la Batalla de Úbeda o la Batalla del Castigo, volvió a enfrentar a cristianos y árabes. La contienda tuvo lugar el 16 de julio del año 1212. A un lado, un conglomerado de tropas cristianas que aunaban soldados procedente de Navarra, toda Castilla y del Reino de León. Al otro, un ejército muy numeroso que representaban al califa almohade  Muhámmad an-Násir, conocido por el apodo de Miramamolín.

La batalla es fascinante porque enfrentó, no sólo a dos culturas y dos formas de sentir el mundo muy diferentes, sino también a dos modelos de combate totalmente opuestos. El ejército cristiano, o cruzado, daba prioridad a la caballería pesada. Formaban un frente alineado a caballo, una gran montura a la que escudaban arqueros, soldados peones y ballesteros. Iban entrando en combate con fuerza por numerosos flancos a la vez, de ahí su efectividad.

El ejército árabe, por su parte, heredaba el proceder de las técnicas de batalla norteafricanas. Combinaba tres estrategias: la caballería ligera, la pesada y los bloques de peones. Eran flancos de batalla más ágiles que los cristianos, sin duda, con gran capacidad para la improvisación, rápidos y más flexibles. Sin embargo, por lo general eran menos resistentes que el contingente cristiano.

Cuentan los historiadores que el ejército cristiano logró aguantar bien los ataques musulmanes, y sus cebos, sin desguarecerse, y mantuvo la calma con la vista puesta en todo momento en el objetivo final. Es decir, conseguir la retirada del ejército enemigo. La batalla no fue una sola contienda, sino que se esparció a lo largo del territorio en varios episodios. El mejor conocimiento del terreno y la audacia táctica de los cristianos valió para conseguir hacerse con una victoria simbólica, probablemente crucial para el devenir de los acontecimientos años después. La Reconquista estaba a punto de caramelo.

La batalla de Bailén, una sonada derrota de Bonaparte

La Rendición de Bailén (Casado del Alisal)

La Rendición de Bailén (Casado del Alisal) | Wikipedia

Un 19 de julio de 1808, el ejército francés capitaneado por Dupont y que luchaba contra la insurrección española, sucumbía en la recta final de la Guerra de la Independencia. Lo hacía ante un ejército hispano que doblegó a los galos gracias a su perspicacia, al apoyo de la población de Bailén y aprovechando un calor de justicia que pegó duro durante toda la batalla. Las fuerzas de Napoleón no pudieron con la pericia española, cuyos generales conocían mejor el terreno y estaban bien informados sobre la situación del ejército francés. Se estima que ambos ejércitos contaban con unos 12.000 hombres, aunque el español contaba con inestimable ayuda de voluntarios de Bailén y de toda la zona de alrededores. Es decir, que la contienda estuvo bastante igualada en cuanto a la cantidad de efectivos.

La victoria en Bailén supuso una fuerte dosis de optimismo para la resistencia española, que vio cómo el patriotismo y el valor se extendía por los pueblos y ciudades más importantes de la península. España obtuvo hasta el reconocimiento internacional. La ciudad de Bailén, por cada aniversario importante, suele recrear la batalla en carne y hueso, con grupos de recreación formados en el pueblo. Esta representación va acompañada de otras actividades: comidas populares, mercados, conferencias o visitas guiadas.