“Cuando la reina doña Urraca y don Álvaro Rodríguez quisieron que el rey don Fernando perdiese Asturias”, puede leerse en un texto que se ha conservado en el Monasterio de Santa María de Otero de las Dueñas, en León, cerca de la frontera con Asturias. Este documento, en principio, no tendría más valor que el que le concede el paso del tiempo. Pertenece al siglo XII, pero habla de deudas y tratos personales. Es importante, sin embargo, porque confirma un acontecimiento perdido, precisamente, en el tiempo: que doña Urraca la Asturiana luchó por reinar en una Asturias independiente. Así, como suena.

No llegó a ser reina del reino que le robó el sueño, pero sí lo fue de Artajona oficialmente y de Navarra como consorte. Cuando regresó a Asturias, la tierra en la que nació, conservó este título legítimo y batalló por hacerse con el que verdaderamente le importaba. Estableció su lugar de residencia y corte en Oviedo, en un antiguo palacio de reyes. Desde allí luchó por Asturias, por su reinado. Aunque nunca llegó a verse coronada, sus coetáneos no dejaron de sentirla como tal.

Una joven de ideas claras

Cerco de Artajona e iglesia de San Saturnino

Cerco de Artajona e iglesia de San Saturnino. | Shutterstock

Urraca Alfonso de León, conocida como la Asturiana, nació en Aller en 1133, pero no fue en Asturias donde creció. ¿Dónde y cómo empezó a desarrollar ese carácter determinante y batallador que, dado lo que se ha conservado de su existencia, se presupone en ella? Hija ilegítima, pero querida, del Emperador Alfonso VII de León, Urraca pasó su infancia al lado de la hermana de éste, Sancha Raimundez. Así que creció y aprendió en la mismísima corte real. Tal vez tomara nota de los andares de su tía, que supo hacerse con un lugar propio en un espacio reservado para los hombres. Sancha tuvo una gran influencia en el círculo de confianza de su hermano y parece que su figura acompañó siempre a Urraca, aun cuando se vio obligada a abandonar a su familia.

Lo hizo pronto, pues cuando contaba con apenas diez años se firmó el acuerdo matrimonial que le unía a García Ramírez, rey de Pamplona. En este primer periodo de su vida Urraca no fue más que una pieza en el ajedrez de su padre, que buscaba mejorar las relaciones navarro-castellanas. De estos años al lado de un hombre que triplicaba su edad se conserva poca información. No parece que Urraca tuviera demasiado interés en la corte pamplonesa, en su política o su forma de vida. No en vano, tuvo su propio reino, obtenido mediante dote. Artajona, con su cerco, y otras localidades como Olite pasaron a su poder. Quedaron, al menos unos años, bajo el manto de Castilla.

Sí parece, en cambio, que echó de menos la tierra en la que nació, Asturias. Están documentados viajes de regreso junto a su madre, con la que pasó temporadas que sintió efímeras. Urraca siempre quiso volver para quedarse. A ese carácter decidido ya mencionado se le añade, así, un componente de nostalgia. De pertenencia a un lugar que definiría buena parte de su vida.

Cuando su vida empezó de verdad

Monasterio de Santa Maria de la Vega

Monasterio de Santa Maria de la Vega | David Perez (DPC), Wikimedia

Porque la verdadera historia de doña Urraca la Asturiana, o al menos así puede sentirse, empezó muchos años después de su nacimiento. Años después de ese matrimonio no deseado que, al final, no duró demasiado. García Ramírez falleció en 1150, dejando viuda a Urraca, con una hija en común a la que llamó Sancha. Sancha, como la mujer con la que creció.

Cuando el rey de Pamplona falleció, Urraca tenía 17 años. Todavía permaneció en Navarra hasta que cumplió los 20 y el reino firmó las paces con Soria. Durante esos tres años administró su pequeño reino, que dejaría a su medio-hermano Sancho III de Castilla. Entonces sí, con la herencia recibida de su primer marido repartida, se retiró a Asturias. Su padre, seguramente consciente de sus deseos y también de sus posibilidades, le entregó el Palacio Real de Oviedo, morada de reyes. No solo no le retiró el título de reina, título legítimo por su primer matrimonio. Además, parece que le encomendó la administración de una región que pertenecía, por entonces, a León.

En este sentido, Urraca respetó siempre las decisiones de su padre primero y de su hermano, Fernando II de León, después. Pero también tomó sus propias decisiones. Afianzó la relación con su madre, a quien ayudó a nutrir de bienes a las instituciones religiosas de la zona. Fundó y engrandeció muchos de estos lugares, como el monasterio de Santa María de la Vega, cuyas ruinas todavía pueden visitarse hoy. Demostró con ello iniciativa, liderazgo y capacidad tanto de organización como de gestión. Doña Urraca la Asturiana fue, en Asturias, más reina que nunca, sin necesidad de poseer una corona para ello.

La reina asturiana y rebelde

Según ha trascendido, en uno de los episodios más misteriosos y al mismo tiempo más apasionantes de la historia, doña Urraca fue además una reina rebelde. Hay que regresar, en este punto, al principio, para recuperar esas palabras que certifican lo sucedido: “cuando la reina doña Urraca y don Álvaro Rodríguez quisieron que el rey don Fernando perdiese Asturias”. Una declaración contundente.

Hacia 1163, Urraca se casó en segundas nupcias con Álvaro Rodríguez de Castro, señor de Navia. De su segundo esposo se sabe que era un hombre apreciado en la zona y un buen soldado. Quizá surgió el amor entre ambos, después de un primer matrimonio desprovisto de este, pero lo que seguro surgió fue un sentimiento patrio bien grande. En una fecha indeterminada, pero cercana a este enlace, ambos lideraron un intento de independizar Asturias.

Esas palabras extraídas de, como ya se ha dicho, un monasterio leonés, exponen varias cuestiones clave. El responsable de las mismas es Nuño Melénez, un propietario de la época que hablaba, en sus escritos, de saldar deudas personales que no vienen al caso. Lo más interesante es comprender que, en lugar de citar el año oportuno para sus negocios, optó por señalar la rebelión como punto destacado en el tiempo. “Esto sucedió”, puede leerse, ““cuando la reina doña Urraca y don Álvaro Rodríguez quisieron que el rey don Fernando perdiese Asturias”. Es decir, fue un acontecimiento popular que marcó una época.

En cualquier caso, no salió bien. Sí ha quedado recogido que Fernando VII sofocó sin demasiados problemas este acto rebelde de su hermana, a quien desterró a Palencia. Allí moriría. Algunos estudios apuntan que fue meses después de ver truncado su deseo de convertirse en reina legítima de la tierra que amó. Otros alargan su vida hasta 1179.

Doña Urraca la asturianaSea como fuere, fue una vida apasionante la de esta mujer que, en pleno siglo XII, no tuvo reparos en luchar por aquello que quería. Doña Urraca la Asturiana fue una reina con todas las letras, decidida, valiente y constante en sus empeños. Merece ser recordada.

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