La Fonda de San Sebastián es casi el eslabón perdido de una de las mayores tradiciones españolas. Se podría decir que estas reuniones intelectuales desde mediados del siglo XVIII son el preludio de lo que, en tiempos mejores, se hacía en los bares: arreglar el mundo entre trago y trago. Además, frecuentada por prensadores y estudiosos de la época, fue la primera piedra de las muchas tertulias que protagonizaron el Siglo de Oro de la cultura en Madrid.

Las Tertulias en España, origen en el siglo de Oro

Al olor de un buen café y quizá tras una nube de humo de cigarrillo, las tertulias en el Siglo de Oro en España fueron tendencia. El hoy Barrio de Las Letras en Madrid respiraba en cada rincón poesía o teatro. Muchos de sus vecinos eran grandes escritores, como Lope de Vega, Quevedo o, más tarde, Valle-Inclán o Bécquer. De poco en poco, se reunían en cafés próximos para charlar sobre los temas recién amén de otros como los toros y, cómo no, para poner verde al gobierno.

La Calle San Sebastian en el siglo XIX

La Calle San Sebastián a principio del siglo XX. | Urbanity.es

La tradición en España está ligada a interminables conversaciones en bares, cafés o casas y jardines. Una tradición que parece comenzar con la protagonista del artículo, la tertulia de la Fonda de San Sebastián. Hacia finales del XVIII, paulatinamente empezaron a popularizarse este tipo de reuniones desenfadas, donde lo más granado del momento intentaba arreglar España. Hubo un tiempo en que había más tertulias que tertulianos.

Parece que durante el reinado Fernando VII, sobre todo en Madrid, comienzan a renacer las tertulias más críticas, más reflejo de lo que ahora resulta una tertulia. Además, con el comienzo de la difusión de la prensa escrita, se hizo más fácil dirigir los temas de conversación hacia la actualidad, dejando más de lado las discusiones culturales. Una de las más icónicas e importantes de siempre fue la que tuvo lugar en el conocido El Parnasillo, en la zona de Huertas de la capital española.

Más tarde, entrado ya el siglo XX, se hizo popular en Madrid el Café Gijón, sito en el Paseo de Recoletos, que era frecuentado por todo tipo de eruditos. Escritores como Cela o Umbral, científicos de la talla de Ramón y Cajal o políticos como Canalejas eran clientes asiduos de un café que todavía sobrevive. No obstante, no solo en la capital eran comunes este tipo de cafeterías o tertulias. En la Salamanca universitaria, el Café Novelty era protagonista de las charlas entre Unamuno, Ortega y Gasset o Carmen Martín.

Tertulia donde aparece Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós en una de las muchas tertulias que frecuentó. | Foto Christian Franzen

La Fonda de San Sebastián, semilla de la tertulia moderna

 La Calle San Sebastián a principio del siglo XX. | Urbanity.es

Situada sobre los bajos del que luego fuese el Palacio del Conde de Tepa, entre la Plaza del Ángel y la Calle San Sebastián, la tertulia de la Fonda de San Sebastián parece recoger el testigo que dejó la Academia del Buen Gusto. De manera menos informal y más didáctica, la Fonda es el preludio de todas las tertulias modernas que un día invadieron el Madrid más cultural. Hasta ella se acercaba lo más erudito e intelectual del momento.

Fundada hacia 1771 por Nicolás Fernández de Moratín, los temas de conversación versaban en torno a los toros, teatro o amores. De hecho, parece que varios letreros colocados por el dueño del local advertían que estaba “Prohibido hablar de política”, algo a lo que los asistentes parece que hacían caso omiso. Era común ver a gente de la talla de José Cadalso, Jovellanos, Iriarte y Leandro Fernández de Moratín. También visitarían la Fonda gente de la talla de Larra, Zorrilla o un recién llegado a la capital, Francisco de Goya.

Retrato de Nicolás Fernández de Moratín

Retrato de Nicolás Fernández de Moratín. | Wikimedia CC

El propio Cadalso, a petición de Fernández de Moratín padre, presentó sus Cartas Marruecas en la Fonda. Otros, mientras, debatían sobre el rumbo que debía tomar el teatro, la poesía o la propia España. También se leía y discutía sobre las tragedias italianas y francesas. De todo ello tomó buena nota Leandro Fernández de Moratín. El escritor, sin apenas haber llegado a los 20 años, acompañaba a su padre a las tertulias en la Fonda.

Tertulianos ilustrados en el café Levante

Tertulianos en el Café de Levante. | Leonardo Alenza (Wikimedia CC)

La influencia de la Fonda en Moratín

Cuando a los cuatro años Leandro Fernández de Moratín enfermó de viruela, nadie esperaba que, tras su carácter tímido, naciera uno de los mayores dramaturgos de la literatura en España. Quizá fuese ese carácter timorato el que le llevó a la tertulia de la Fonda de San Sebastián. Acompañando a su padre, el joven Leandro ya iba nutriéndose de todas las ideas que allí se exponían. Posiblemente, gracias la Fonda y a los allí congregados que el teatro de Moratín hijo empezó a distinguirse del público madrileño.

No cabe duda de que el propio Leandro tenía en alta estima a las tertulias de esta famosa fonda. Primero las menciona en la biografía que realiza de su padre: “reuníanse frecuentemente Moratín, Ayala, Cerdá, Ríos, Cadalso […], y otros eruditos en la Antigua Fonda de San Sebastián, para lo cual tenían tomado un cuarto con sillas, mesas, escribanía […] sólo se permitía hablar de teatro, toros, de amores y de versos […] Leyó Cadalso sus “Cartas Marruecas”, Iriarte alguna de sus obras, Ayala el primer tomo de las “Vidas de españoles ilustres”. Era una escuela de erudición de buen gusto y acendrada critica”.

Retrato de Leandro Fernández Moratín

Retrato de Leandro Fernández Moratín. | Francisco de Goya

Durante el siglo XIX, años después de que su padre la fundara, la Fonda seguía siendo muy frecuentada. Fruto de esta tendencia, parece que Leandro ambientó su exitosa obra La Nueva Comedia y el Café en la propia Fonda. “[…] la escena es en un café de Madrid, inmediato a un teatro”. Además, en varios diálogos de la citada obra hacen referencias a una sala frecuentada por poetas donde exponen sus últimos trabajos, próximos a estrenar.

Ya fuera de Leandro Fernández de Moratín o no, lo que está claro es que las tertulias de la Fonda de San Sebastián fueron el faro de muchos dramaturgos, poetas. En definitiva, de la sociedad intelectual de España. Gracias a la Fonda, las tertulias entre doctos de esa época y las posteriores cambiaron para ser más críticas con sociedad, gobierno o monarca. Poco a poco, dejaban de discutir sobre corrientes culturales de otros países o del devenir de la literatura en España. Poco a poco, la política o el fútbol empezaban a ser temas recurrentes. Poco a poco, las tertulias y herederos como casinos o ateneos se han convertido en discusiones de barra de bar.