Manfred Gnädinger murió con su obra. Tal era el arraigo que sentía hacia esta. Cuentan que cuando vio cómo quedaba arruinado el trabajo de toda una vida, dedicada a sentir y esculpir el mar, no pudo soportar la pena. Falleció un 28 de diciembre de 2002 en un pueblo que lo acogió con extrañeza, porque era un hombre peculiar que se paseaba semidesnudo por la Costa da Morte. Ahora, el conocido como Man de Camelle, el alemán de Camelle, es recordado por su arte y su autenticidad. Son miles los visitantes que acuden cada año a Camelle con el único deseo de contemplar los restos de una obra que sobrepasa el concepto del arte. Es una obra de toda una vida.

Una obra única en el mundo

Obra del alemán de Camelle

Obra del alemán de Camelle | Shutterstock

Manfred Gnädinger llegó en 1962 a Camelle, un pequeño y bello pueblo que ha estado ligado históricamente a las aguas de la Costa da Morte. Sus costas son, de hecho, de las más agrestes de esta hermosa región. En estas dejó el artista alemán su huella y su obra. A lo largo de los años, recogió materiales que expulsaba el mar de sus entrañas y también la esencia que salía de éstas para crear esculturas con lo uno y lo otro. Con lo que pertenecía a sus aguas, pero las había abandonado, y con aquello que le era ajeno.

Así nació un jardín escultórico marino único en el mundo. Sin más intención que la de dar forma a su unión a este rincón del mundo, a lo que transmitía el Atlántico y a la vida que había formado en las encantadoras calles de Camelle. Aunque nació en el seno de una familia acomodada, Man no tardó en entender que los excesos y el materialismo no iban con su manera de ser. Así que se instaló en una pequeña vivienda junto al mar, donde cultivó una vida sobria a la sombra de su huerto y de las olas del mar.

Obra de Man de Camelle con el mar de fondo

Obra de Man de Camelle con el mar de fondo | Shutterstock

La vida de Man de Camelle se apagó con el desastre del Prestige, en noviembre de 2002. La enorme mancha de petróleo que invadió y dañó la Costa da Morte se llevó por delante sus creaciones. Lo que puede verse, hoy en día, son los restos de lo que un día fue esta obra. Pero son restos hermosos que dignifican, de algún modo, la vida de Man de Camelle en el pueblo. También la manera en la que entendió el arte, el mar y la unión de ambos. Esta es la historia del alemán de Camelle.

El recuerdo del alemán de Camelle

Todavía puede verse la casa en la que habitó Man de Camelle

Todavía puede verse la casa en la que habitó Man de Camelle | Shutterstock

Con el paso del tiempo, los habitantes de Camelle y, en general, toda entidad responsable de preservar el patrimonio cultural de Galicia, ha entendido el valor de esta obra al aire libre que fue capaz de retratar las originales formas del mar, sus colores y lo que inspira. Hace tiempo se puso en marcha una iniciativa en forma de museo que reúne lo que queda del alemán de Camelle que tanta huella dejó en el pueblo. Su recuerdo también vive en esas ruinas que también son más que arte, en la orilla del Atlántico, como seguramente le hubiera gustado que fuera.