Hay eventos que marcan a los lugares, especialmente si son traumáticos. Una definición perfecta para los sitios, como el de Numancia o el de Ceuta, que tuvo mejor final. Más de tres décadas, en concreto 33 años, fue el tiempo que estuvo la hoy ciudad autónoma bajo asedio. Un suceso que ocurrió apenas medio siglo después de que la población cortara sus vínculos con Portugal y que fue decisiva para que se consolidara como un territorio de la Corona Española. La gesta, dividida en dos actos entre 1694 y 1727, hizo que el lugar viviera una realidad paralela mientras el resto del reino sufría la Guerra de Sucesión y cambios como los Decretos de Nueva Planta.

Mapa de Ceuta de 1700 (circa)

Mapa de Ceuta de 1700 (circa), durante el asedio. | Wikimedia

Hacia el asedio más largo de la historia

Muley Ismaíl fue una pesadilla tanto para oriente como occidente. Las grandes potencias habían peleado durante siglos por el Magreb, pero la aparición de la dinastía Alauí supuso un cambio. Tomando la sartén por el mango, comenzaron a plantar cara a ingleses, españoles, portugueses, otomanos y quienes se pusieran por delante. La llegada al poder del mencionado sultán en el 1672 fue la que realmente hizo efectiva la actividad rebelde marroquí en aquel siglo XVII.

Durante años las plazas europeas cayeron una tras otra y el poder turco en Argelia se tambaleó. Las tensiones entre ambas facciones árabes fueron constantes y tuvieron a los bereberes argelinos como centro de atención. Un toma y daca en el que consiguió establecer una verdadera frontera con los territorios de influencia turcos. Asimismo, fue capaz de tomar Larache, Arcila y La Mamora a España. Tánger, en manos inglesas pero anteriormente portuguesa, también cedería. Pese a las continuas revueltas y guerras intestinas, Muley Ismaíl fue capaz de consolidar un imperio que llegaba al África subsahariana.



Sin embargo, quedaban varios puntos fuertes que fastidiaban el control total al sultán: Melilla y Ceuta. La primera fue atacada incansablemente desde los inicios del reinado. Se crearon posiciones estáticas de ataque que hostigaban las defensas melillenses. También se dio una guerra de túneles que se llevó por delante varios fuertes españoles. Sin embargo, los asedios no prosperaban como tales y la situación se enquistó de forma favorable para los peninsulares, que recibían continuos refuerzos. Así, tras fuertes intentonas como la de 1687, con derrotas sonadas, decidieron mirar a otra parte. La población ceutí no sabía la que se le venía encima.

Mulay Ismaíl, promotor del Sitio de Ceuta

Mulay Ismaíl, promotor del Sitio de Ceuta. | Wikimedia

Gibraltar y el Sitio de Ceuta

El 23 de octubre de 1694 fue cuando se inició el asedio a la ciudad ceutí. Muley Ismaíl había preparado un ejército muy numeroso, de varias decenas de miles de hombres, que puso al mando de su siervo Alí ben Abdalá. Aunque las fuentes son confusas, parece que contaron con apoyo de potencias europeas rivales de España. De este modo, los ingleses aportaron artillería y mandos para enseñar a los marroquíes a usarla. Sea como fuere, los asaltos no prosperaron y las murallas reales de Ceuta aguantaron los embates.

Desde Gibraltar, en la bahía de Algeciras, se reabastecía a las fuerzas ceutíes. Un punto estratégico clave y que hizo que las milicias andaluzas fueran poblando la población. No tan bien recibidos fueron los portugueses que se envió al lugar. Hacía 54 años que Portugal habita recobrado su independencia, pero la imponente plaza africana decidió quedarse con los Austrias. Por ello, el ver a soldados lusos no hacía demasiada gracia al resto de camaradas. Asimismo, antiguas familias de la localidad fueron abandonándola según se militarizaba la situación. Un combo que, con los años, llevó a que Ceuta se consolidara definitivamente como territorio español, pese a no olvidar nunca su pasado.

Ceuta y la Almina

Ceuta y la Almina. | Shutterstock

El mayor susto de esta primera fase del asedio a Ceuta ocurrió al año siguiente de empezar este. Aprovechando ventajosas circunstancias climatológicas, los hombres de Ismaíl lograron sobrepasar a las guardias ceutíes mientras se realizaba un cambio de guardia. Un golpe de efecto que duró poco. Mientras tanto, la zona de la Almina, más allá del cuello de botella que constituía la ciudad, se iba poblando. Las guarniciones se mantuvieron entre 3.000 y 4.000 soldados mientras se avanzaba a un desastre nacional: la Guerra de Sucesión.

En 1700 murió Carlos II y en 1701 España fue el epicentro de una guerra continental que enfrentó a borbónicos y austracistas. El principal apoyo de los primeros era Francia. Los segundos contaban con Inglaterra, el Sacro Imperio Germánico y Países Bajos. Al principio, amén de más ayudas anglo-holandesas a Muley Ismaíl, Ceuta siguió a lo suyo. Por desgracia para ellos, en 1704 los ingleses tomaron a traición Gibraltar, ya que jamás la devolverían a los partidarios del Archiduque Carlos. Los refuerzos se complicaron y hubo momentos en que los ceutíes se quedaron francamente aislados.

Carlos II, el Hechizado

Carlos II, el Hechizado. | Wikimedia

El aparente fin del statu quo de 1720

Aunque en el mismo 1704 los británicos ofrecieron un pacto de rendición a Ceuta en boca de austracistas, las tropas y oficiales se negaron a seguirlo. En vista de lo que ocurrió en Gibraltar, no era una opción. Llegados a tal punto, los ingleses llegaron a planificar ataques conjuntos con los marroquíes, pro no llegaron a ejecutarlos. De este modo, el asunto continuó como si nada. Las afueras de la ciudad eran ya un campamento autosuficiente. Casas, campos y comercio se habían establecido, asegurando la infraestructura necesaria para seguir el tiempo que hiciera falta. Sin duda, Ismaíl era un tipo con paciencia. Hacía ya diez años que comenzaron el asedio.

Felipe V

Felipe V. | Wikimedia

La Guerra de Sucesión terminó entre 1713 y 1715 y los árabes todavía permanecían en el lugar, ayudados por los británicos. El cambio que esperaban los españoles tardaría unos cuantos años más en llegar. Sería en 1720. Otra guerra, la de la Cuádruple Alianza, llevó a España a enfrentarse a casi toda Europa, que no quería que Felipe V aunara demasiado poder. Perdido el conflicto, tropas del monarca al mando del marqués de Lede pusieron rumbo a Ceuta. Eran unos 16.000 y lograron, al fin, hacer que los hombres del sultán se retiraran, tras plantar batalla.

Este punto es el que causa mayor controversia a la historiografía. Por un lado, se sitúan los partidarios de que fue el fin del asedio y, por otro, los que creen que existió solución de continuidad. Sea como fuere, esta primera etapa duró 26 años, siendo bastante más larga que el Sitio de Candía, con 21 y que suele considerarse erróneamente el más largo asedio de la historia. Así, el éxito inicial derivó en estupor cuando las tropas del marqués se retiraron. La razón más extendida para ello fue que hubo un brote de peste y decidió que era mejor irse. Una decisión apoyada por la imposibilidad de extender las posesiones españolas en Marruecos en aquel momento. En 1721, los hombres de Muley Ismaíl estaban otra vez frente a las murallas reales.

La llegada del marqués de Lede

La llegada del marqués de Lede. | Wikimedia

Ceuta logra librarse al fin del asedio

No se puede decir que el asunto cambiara mucho en esta segunda etapa del asedio. Llegó hasta 1727 y estuvo plagada de pequeñas acciones no decisivas. Los marroquíes mataban a todo guardia despistado y los españoles realizaban alevosas incursiones en el campamento enemigo continuamente. La vida siguió igual hasta que ocurrió algo que debía suceder tarde o temprano y parecía la única forma de desenmarañar el Sitio de Ceuta. Muley Ismaíl había muerto.

Murallas Reales y su foso

Murallas Reales y su foso. | Shutterstock

Como muchos otros grandes líderes de la historia, el sultán marroquí aguantó su reino mientras vivió gracias a su liderazgo y despotismo. Pero, muerto no pudo seguir haciéndolo. Sus hijos se dedicaron a destruir casi todo lo que había conseguido su padre con tal de tener el poder supremo. De este modo, igual que llegaron las tropas sitiadoras se fueron. Al fin Ceuta podría coger aire. También España, que con la pérdida de Gibraltar necesitaba la plaza para controlar el Estrecho, a pesar de las fundaciones de San Roque o Algeciras.

Escudo de Ceuta

Escudo de Ceuta, con elementos lusos. | Wikimedia

El asedio consiguió de facto que la ciudad se volviera Española. Bien sea por el prestigio de la defensa o por la simple sustitución poblacional gracias a los miles de soldados andaluces que llegaron al enclave la influencia portuguesa desapareció casi por completo. Halagos y honores mediante, la imbatibilidad que demostró ayudó a forjar un carácter necesario para superar pruebas futuras, como el sitio a la que sometieron al lugar los marroquíes otra vez entre 1790 y 1791. De nuevo contaron con ayuda inglesa y, otra vez, fracasaron.