Hablar de cátaros es hablar de misterio y secretismo, siempre cabalgando entre la realidad y la ficción. Tirvia, un pequeño pueblecito del Pallars Sobirà, muy cercano a Sort, en la provincia de Lleida, fue el lugar donde Guilhelm Bélibaste, el último perfecto cátaro, fue atrapado y encarcelado antes de ser llevado a la hoguera bajo mandato de la Inquisición.

La clave de Tirvia

Panorámica de Tirvia

Panorámica de Tirvia | ShutterStock

La historia del pueblo de Tirvia está estrechamente vinculada a los cátaros. Más concretamente, al bon home Guilhelm Bélibaste, conocido como el último cátaro o hereje. Situado a mil metros de altitud y coronando la cresta de tres valles, Tirvia, un pequeño pueblo de no más de 150 habitantes, jugó un importante papel en el mundo cátaro del Pirineo catalán. Su situación próxima a la Occitania y su aislamiento lo acabó convirtiendo en el perfecto lugar de acogida de los cátaros que huían de la persecución de la Inquisición. Allí, en esa zona, convivieron sin problemas con los cristianos, templarios y judíos.

Los cátaros en Catalunya

Siurana | ShutterStock

Siurana | ShutterStock

El catarismo fue un movimiento religioso “herético”, desde el punto de vista católico, que influyó en la sociedad catalana desde la segunda mitad del siglo XII y durante todo el siglo XIII. Los cátaros consideraban que el mundo en el que vivían lo había creado el Diablo mientras que el cielo era obra de Dios. Los señores feudales de la zona aceptaron de buen grado esta inmigración, ya que la doctrina cátara era agnóstica y claramente favorecía a los nobles y su poder.

Por otro lado, el comercio y la industria textil se incrementaron gracias a la llegada de nobles occitanos cátaros que huían de la persecución y represión favoreciendo la creación de una clase burguesa. Por vez primera, un documento del año 1167 hace referencia a la primera comunidad cátara en la Valle de Arán. Entre las colonias más importantes que hubo en la Catalunya medieval cabe destacar Siurana, Tortosa, Prades, Cornudella del Montsant o Arbolí en Tarragona, la Seu d’Urgell, Gósol, Castellbó y la propia Tirvia, en Lleida, y Bagà y Berga en Barcelona. Todas ellas eran un reflejo de las colonias occitanas. La Iglesia, consciente del peligro que significaba para ellos este despliegue, inició junto con el reino de Francia la persecución y erradicación de todo el movimiento que culminó a principios del siglo XIV después de la muerte de Ghilhem Bélibaste.

Ghilhelm Bélibaste, el último gran cátaro

Placa de piedra conmemorativa de Ghilhelm Bélibaste

Placa de piedra conmemorativa de Ghilhelm Bélibaste | Llapissera, Wikipedia

Nacido en 1280 en el seno de una familia cátara, Ghilhelm Bélibaste pasó a la clandestinidad tras matar a un pastor católico de Villerouge-Termenès y ser declarado culpable por ello. Fue ordenado perfecto en Rabastens y posteriormente encarcelado en Carcassone, de donde escapó hacia Catalunya tomando el nombre de Pierre Penchenier.  Establecido inicialmente en Morella, pasó después a San Mateo, donde acabó dirigiendo la comunidad antes de acabar en Tirvia.

Fue allí, en 1320, donde un agente secreto de la Inquisición, Arnaud Sicre, lo denunció al corregidor del conde de Foix. Entonces fue llevado, cargado de cadenas, a Castellbó, para ser encarcelado. Tras el juicio, Bélibaste fue declarado culpable y quemado en la hoguera, convirtiéndose en el último perfecto cátaro quemado por la Inquisición. Este hecho marcó un antes y un después, ya que acabó poniendo fin a la historia de los cátaros en el mundo occidental.

Un paseo cátaro por la población y sus alrededores

Tirvia

Tirvia | ShutterStock

En la visita a Tirvia queda claro que toda la población respira, al pasear por sus calles, una atmósfera cátara. El cementerio tiene una puerta de hierro que siempre está abierta y que permite visitar la base de la picota utilizada por la Inquisición para exponer a los reos como Bélibaste. El interior de la ermita de la Salud dispone de una de las mejores colecciones de estelas discoidales medievales de cátaros y templarios. Algunas de ellas, por ejemplo, representan a cristos bogomilos, los amados de Dios, y por tanto figuras vinculadas a la fe cátara.

Asimismo, se encuentran laudas esculpidas que se datan en los siglos XIII y XIV. La iglesia parroquial, dedicada a San Félix, no es la original. La medieval voló por los aires durante los bombardeos de la Guerra Civil. Una de las mejores opciones para recorrer las zonas cátaras en Catalunya es la propuesta, lanzada desde la oficina de turismo de la Generalitat, de senderismo cátaro denominado Camí dels Bons Homes. Este recorrido, que empieza en el castillo de Montsegur y que se va desplazando hacia el sur, permite conocer el arte, la cultura y la naturaleza.

Algunas curiosidades

Escudo de Tirvia

Escudo de Tirvia | ShutterStock

Actualmente se está reconstruyendo el antiguo camino que enlazaba Tirvia y Castellbó, dos de las poblaciones clave del mundo cátaro en Catalunya. Joan Farrera y Granja, el alcalde de la población durante más de 20 años, se ha dedicado a recuperar el pasado histórico medieval, destacando su legado cátaro.

Una de las cubiertas de sarcófago que se encuentran actualmente en la ermita, fue hallada de manera fortuita con un arado en un huerto. Una vez restaurada se vio que representaba a la Virgen María esperando al Niño en su vientre. El escudo de Tirvia es una luna en cuarto creciente rodeada por 24 estrellas de plata de seis puntas. El nombre de Bons Homes con el que se conoce a los cátaros proviene del hecho de que eran considerados hombres puros. Las mujeres cátaras tuvieron un papel relevante dentro de sus comunidades, mucho más igualitarias. Podían dirigir las oraciones, bendecir a los creyentes o incluso predicar.