¿Cuáles son los primeros rastros escritos de la lengua castellana? Los indicios originales del castellano se sitúan en un recóndito y precioso pueblo de Burgos. Concretamente, en la abadía de Valpuesta, donde se ubica la Colegiata, o el Monasterio, de Santa María.

En este lugar tan bonito y verde como vacío, se recopiló, a finales del siglo XII Los becerros de Valpuesta, una colección de documentos que incluyen todos los papeles que tenían relación con este santuario y estaban allí sueltos. Se convierte, desde que los historiadores tienen constancia de ese fondo documental, en un testimonio único y apasionante. Son muchas las voces que se registran en los mismos y las manos que intervienen para dejar huella de los primeros indicios de la lengua castellana.

El descubrimiento de Los Becerros de Valpuesta, un reto para historiadores

Los Becerros de Valpuesta fueron recopilados aquí, en este vetusto Monasterio

Los Becerros de Valpuesta fueron recopilados aquí, en este vetusto Monasterio | Shutterstock

Los becerros de Valpuesta son unos documentos sumamente vetustos. Para entenderlos, es necesario ser un profesional de la materia. 184 documentos que datan de varios siglos, del IX al XII, y que no son más que registros sobre donaciones al convento por parte de particulares y las tasas por las tareas de índole funeraria de las monjas que allí residían.

Los historiadores, paleógrafos e investigadores trabajaron durante décadas para ordenar, identificar y desentrañar estos documentos. Su labor fue minuciosa y apasionada. ¿Dónde radica entonces su valor? En que en toda esa documentación, que originariamente se pretendía recoger en latín, podemos ver frases sueltas de lo que se piensa e interpreta que serían las primeras señales de vida del castellano.

Conociendo mejor la historia del castellano

Ejemplo de manuscrito del siglo XVI

Ejemplo de manuscrito del siglo XVI | Shutterstock

Como viene, en Los becerros de Valpuesta, recogido, era cómo hablaban los campesinos, monjas y clérigos de aquella zona. Ni más ni menos. Plasma el lenguaje de la gente de aquella época. Por otro lado, los historiadores tienen sus propias disputas, pues estos textos eran frecuentemente falsificados con el paso del tiempo por motivos de toda índole. Pero sean algunos de estos 184 textos verdaderos o falsificados, su valor histórico es incalculable. Todo apunta a que en esos becerros se fraguó algo similar al castellano actual. Se puede decir sin miedo que eran sus primeros balbuceos.

Designar el lugar y el momento donde se originó una lengua es una tarea prácticamente imposible. Las palabras se pierden sin posibilidad de registros. Quedan los rasgos escritos, pistas del inicio recogidas en los centros del saber de la época, los monasterios. Se sabe, claro, que la lengua castellana nace en los últimos reductos del latín. Pero donde está es en la calle, los monasterios son simplemente sitios que recogen esa forma de expresarse. El papel de estos es esencial para la transmisión de la cultura y de los saberes.

Un impresionante estudio para la Historia

“Los Becerros gótico y galicano de Valpuesta» fue el estudio realizado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Cuenta con el aval de la Real Academia de la Lengua Española, siendo llevado a cabo durante más de siete años. Un proceso investigador que exigió paciencia, minuciosidad y buen hacer, y que descubrió muchas familias léxicas. Una buena parte de ellas permanece en el castellano actual. Los investigadores concluyeron que todo lo que es el norte de Burgos es una zona esencial para el estudio de los orígenes del castellano. Hace poco esta investigación cumplió diez años y como conmemoración fue publicada digitalmente.

El monasterio en sí, que debería ser cuidado como un tesoro patrimonial, está hoy día en un estado de conservación francamente mejorable. Hay que tener en cuenta que este comenzó a construirse en el año 804, que ya ha llovido. Su estado de conservación y funcionamiento merecen un capítulo aparte.

Abandono institucional y autogestión vecinal

Las calles de Valpuesta

Las calles de Valpuesta | Shutterstock

Desde hace años el tema de su rehabilitación integral reside en la agenda sociopolítica. La idea no es sólo rehabilitar, reformar y mejorar toda la colegiata, sino dotarlo de vida cultural y turística, y también de mejorar toda la señalización de los aledaños al monumento. Prácticamente abandonada por las instituciones, el Monasterio o Colegiata se mantiene gracias a los vecinos y vecinas, que dedican horas y horas a su mantenimiento. Para visitar la propia Colegiata hay que hablar con estas personas autóctonas, que siempre, de una forma altruista y desinteresada, abren la misma a los turistas y curiosos que por esos lares se dejan caer y explican su historia con todo lujo de detalles. Es digna de elogiar esta autogestión vecinal.

En cualquiera de los casos, Valpuesta es un lugar digno de admirar y conocer. Esta tierra cuenta con una gente fantástica, hospitalaria y con ese carácter tan norteño de enseñar todo a sus visitantes. El lugar es especialmente visitado por historiadores, lingüistas, paleógrafos e investigadores de toda índole que acuden a ver con sus propios ojos este singular y abandonado espacio donde nació nuestra lengua.

Otras opciones turísticas por la zona

Salto del Nervión

Salto del Nervión | Shutterstock

Hay muchos turistas que combinan el turismo más social con el turismo verde, acudiendo primero a la Colegiata de Santa María de Valpuesta, haciendo noche en casas rurales, para después visitar el célebre Salto del Nervión. Allí se puede ver el salto de agua más impresionante de toda España, desde un bonito mirador. La ruta para llegar a este mirador se completa en poco más de media hora, siendo un camino sin pérdida bastante agradable y factible para todas las edades.