El castillo de Salvatierra, la salvación de los calatravos
Como sucede con el castillo de San Jorge, que facilitó la reconquista de Sevilla a Fernando III el Santo, los orígenes del castillo de Salvatierra son imprecisos. La hipótesis más celebrada afirma que fueron los musulmanes quienes levantaron la construcción, en torno a los siglos IX y XI. También fueron los musulmanes quienes, siglos más tarde, protagonizarían varios de los episodios más históricamente emocionantes de la zona. Musulmanes y cristianos, claro, por esa pugna que mantuvieron durante la época ya mencionada.
El castillo de Salvatierra fue fundamental durante un buen tiempo, por su situación estratégica. Frente a lo que acabaría siendo la mezcla de fortaleza y convento de de Calatrava la Vieja, entonces el humilde castillo de Dueñas, formaba parte de las fortificaciones que determinaron esa frontera entre Castilla y Al-Andalus. La misma construcción apuntala esta relevancia. Por su ubicación, en lo alto de una colina de naturaleza escarpada, fue un lugar de difícil acceso y casi imposible conquista. Los cristianos, en un momento en que se vieron asediados por sus enemigos musulmanes, se encomendaron a estas cualidades para considerar este castillo como un lugar de salvación. Terminarían perdiéndolo, pero antes lucharon. Vaya que si lucharon.
La esperanza tras el desastre

No es difícil imaginar el duro golpe que supuso, para los cristianos que defendían el castillo de Salvatierra, tener que abandonarlo después de casi dos meses defendiéndolo. Es más, tener que abandonarlo después de haber ocupado este castillo de salvación durante años. Después de haber contenido el avance musulmán y después de haber librado un mutuo combate de tretas religiosas para acabar con la moral enemiga. El castillo de Salvatierra fue, durante mucho tiempo, el único reducto cristiano que sobrevivía en los alrededores del Campo de Calatrava. Quienes tuvieron que abandonarlo, después de que Alfonso VIII así lo decretara, lo hicieron con pesadumbre y desánimo. Derrotados.
Pero antes de esta sensación de derrota hubo grandes victorias. Las mismas que llevaron a considerar esta fortificación como una especie de milagro cristiano tras el gran desastre de la batalla de Alarcos. El desenlace de ésta, en 1195, supuso un gran retroceso de las tropas cristianas, que perdieron importantes emplazamientos. Por ejemplo, el castillo de Calatrava La Vieja, el gran núcleo donde se concentró la importante Orden de Calatrava.
A punto estuvo ésta de desaparecer tras la hecatombe de Alarcos. Pero, tres años más tarde, el maestre Pérez de Siones, contando con 400 caballeros y 700 peones, reconquistó por sorpresa el lugar y la Orden resistió. Casi puede decirse que se vino arriba. Parece ser que esta gesta solo fue posible tras la traición de uno de los musulmanes que ocupaban por entonces el lugar, pero, sea como fuere, conquistada estaba. Tocaba defenderla.
La inesperada conquista subió el ánimo de los cristianos, que pasaron a considerar este castillo un lugar de esperanza, casi un mito. En cierto modo, puede llegar a serlo, pues las crónicas que han trascendido hasta el presente se mueven entre la realidad y la leyenda. Lo que sí es seguro es que se aferraron a lo que supuso la reconquista de este castillo de salvación para resistir el empuje musulmán.
Una isla cristiana en mares enemigos

La Orden de Calatrava recuperó parte de su fuerza en el castillo de Salvatierra. Sirva lo siguiente como muestra del elemento moral que quedó unido a este castillo: durante un tiempo pasó a llamarse Orden de Salvatierra. Fue muy importante, para los cristianos, tomar este lugar, que pronto pasó a ser considerado una isla en mares enemigos. En un perímetro de 100 kilómetros a la redonda, musulmanes y nada más. Creyentes del Islam que cada día entonaban sus oraciones. Tales cantos llegaban hasta las torres de Salvatierra, algunas todavía visibles, en esa especie de combate religioso antes mencionado.
En Salvatierra, los cristianos estaban solos. Los musulmanes lo sabían, pero también podían ver su valor. "Habían hecho de ella como unas alas para ir a todas partes y la habían dispuesto para que fuese la llave de las puertas de las ciudades”, llegó a escribir el califa Al-Násir. Resistieron mucho más de lo previsto, sin ningún tipo de apoyo y en condiciones que muchos considerarían imposibles.
Pero la derrota llegó. Llegó, en realidad, la rendición. Cada tañido de campana realizado desde Salvatierra era una ofensa que los árabes querían vengar. Durante el año 1211, a las puertas de la batalla de Las Navas de Tolosa, el califa ya mencionado cruzó Sierra Morena para conquistar ese castillo que tanto andaba molestando a los reinos musulmanes. Sobre todo, por haberse convertido en un símbolo cristiano. Es bien sabido lo mucho que puede desmoralizar la existencia de algo así.
“Que cada hermano sea la fortaleza para el otro, porque el hermano ayudado por el hermano es como una ciudad amurallada”, cuentan que dijo frey Ruy Díaz de Yanguas en los instantes previos a la batalla definitiva. Había llegado el momento de defender el castillo de la mayor amenaza real vivida hasta entonces. Eran apenas 300 hombres, mientras que el califa reunió a cientos y cientos que camparon por la llanura de Salvatierra durante días. De aquellas jornadas han llegado relatos que, de nuevo, se mueven entre lo realmente sucedido y lo legendario. Lo que sí es seguro, una vez más, es que los cristianos defendieron su posición.
Más de 50 días tardaron en lograr la rendición de los cristianos. Solo llegó cuando Alfonso VIII tuvo que decidir entre enviar refuerzos o rendir la fortaleza. Parece que no le sentó demasiado bien hacer caer uno de los grandes faros de la Cristiandad de la época, pero fue la decisión que finalmente tomó. Ruy Díaz de Yanguas y todos aquellos que permanecían en Salvatierra huyeron la misma noche que llegó el emisario del rey. Abandonaron Salvatierra, pero salvaron la vida.
Símbolo de la cristiandad y de la Orden de Calatrava

La batalla de las Navas de Tolosa, librada en julio de 1212, cambió las tornas tanto como lo hiciera Alarcos. Alfonso VIII, esta vez sí, lideró su ejército. Contó con el apoyo llegado de Navarra, Aragón y territorios internacionales para hacerse con una de las victorias más importantes de la Edad Media. Pese al abandono de la mayoría de los franceses, la coalición liderada por el monarca castellano prevaleció. Los reinos musulmanes comenzaron a retroceder hasta su desaparición definitiva, que llegaría, en realidad, dos siglos más tarde. En el bando cristiano, León siempre lamentaría no ser un actor activo en la contienda.
En cualquier caso, el asunto que aquí ocupa: Salvatierra, hoy en ruinas, se consolidó como símbolo de la Cristiandad. También de la Orden de Calatrava, que durante tiempo se acogió a esta fortaleza para mantener su espíritu y su presencia. Levantaron una nueva fortificación, Calatrava La Nueva, una hermana de Salvatierra. Las situaron frente a frente, para que se vigilasen y se protegiesen en caso de ser necesario. El paso del tiempo y el abandono las condujo a la ruina, pero la historia les hace homenaje.