En las marismas del Bajo Guadalquivir manadas de caballos mesteños corren libres por sus parajes desolados. Estas tierras, sumergidas durante parte del año bajo el agua y calcinadas por el sol en los largos meses de verano, comparten el espacio con unos pocos locos que aún hoy se dedican a una actividad ancestral en la región: la ganadería. Los elementos del  salvaje oeste americano se concentran así en este enclave, cuyo culmen tiene lugar con la celebración del rodeo anual conocido como la Saca de las Yeguas. Pero, ¿el origen de los cowboys es realmente norteamericano?

El origen español de los caballos de los cowboys: un cambiazo fructuoso

Caballos salvajes en las Marismas del Guadalquivir, verdadero origen de los cowboys

Caballos salvajes en las Marismas del Guadalquivir, verdadero origen de los cowboys | Shutterstock

Hace 10.000 años los caballos prehistóricos se extinguieron del continente americano. Así, no fue hasta el año 1.493 cuando su historia volvió a comenzar en el entonces recién descubierto continente. Cristóbal Colón se disponía a iniciar su segundo viaje a América con la intención de conquistarla. Los Reyes Católicos, antes de que la expedición partiera, firmaron un escrito que ordenaba el envío de al menos 12 caballos y yeguas junto con los barcos. 

En principio, iba a tratarse de espléndidos ejemplares hispano-árabes, pero los tratantes sevillanos cambiaron en el último momento los soberbios sementales por simples pencos, es decir, por caballos flacos y desgarbados. Sin embargo, el historiador Borja Cardelús afirma que el cambio realmente se dio por ejemplares de las Marismas del Guadalquivir, conocidos como caballos mesteños o de la retuerta. Esta especie, acostumbrada a las duras tierras de las marismas, es resistente a las largas travesías, robusta para el trabajo y fácil de montar. Así, cuando las embarcaciones llegaron a tierra, el caballo volvió de nuevo a las Américas. La semilla que dio origen a los cowboys ya estaba plantada.

Mientras tanto, en las Marismas de Doñana, la cría de ganado había sido habitual desde una remota época, con especies únicas como las llamadas vacas marismeñas o mostrencas, que también fueron exportadas al llamado nuevo mundo. Asimismo, según indican los antropólogos Juan Carlos González y Michael D. Murphy, durante años, las marismas fueron el “destino del ganado de labor de Sevilla y de rebaños trashumantes del centro y norte de la Península”. En la región se practicaban rodeos, se usaban espuelas, se llevaban sombreros de ala ancha… Los gauchos de la Pampa, los llaneros de Venezuela y Colombia y los cowboys americanos tan solo heredaron este modo de vida, pero no lo concibieron

El origen de los cowboys

Una vaquero a lomos de un caballo en el Parque Tribal Navajo del Valle del Monumento

Una vaquero a lomos de un caballo en el Parque Tribal Navajo del Valle del Monumento | Shutterstock

En la bautizada por entonces como Nueva España, que hoy equivale al suroeste de los Estados Unidos, el clima era seco y el pasto escaso. Los ganaderos tenían que recorrer grandes distancias para encontrar enclaves en los que alimentar a sus animales. Para hacer el camino más corto y menos cansado los pecuarios empezaron a usar, tal como venían haciendo los españoles, a los caballos, que se habían ido extendiendo por todo el continente. Nacía así la figura del vaquero en esta parte del planeta, imitando a los vaqueros marismeños y su manejo ecuestre. Por otra parte, los caballos que se escaparon o fueron abandonados en el continente dieron lugar a los famosos mustangs, sementales salvajes e indomables. Con el paso del tiempo, las sucesivas oleadas migratorias de colonos europeos fueron introduciendo también nuevas especies de caballos. 

La figura del cowboy cobró una mayor fama a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La demanda de carne había aumentado y el desarrollo del ferrocarril hizo posible el traslado del ganado en trenes. Así, surgieron las rutas pecuarias que iban desde Texas y Chihuahua hasta el norte de los Estados Unidos. La tradición originariamente española se extendió como la pólvora por todo el continente y el país norteamericano, espoleado por la industria de Hollywood, hizo suya la imagen del vaquero. Nacía la leyenda del salvaje oeste.

Los caballos en las tribus nativas americanas

Caballos salvajes en el desierto de Utah

Caballos salvajes en el desierto de Utah | Shutterstock

En Estados Unidos, los indios de las Grandes Llanuras vivían de la caza y la agricultura. Vastas manadas de bisontes paseaban por aquellas tierras. Para poder cazarlos, estos pueblos se movilizaban dos veces al año, al comenzar el verano y después del otoño. La adopción del caballo para estas tareas facilitó la vida de sus habitantes

En un principio, según señalaba la ley española, montar a caballo les estaba prohibido a los nativos americanos. Sin embargo, la historia cuenta que los indígenas se rebelaron contra la norma, mientras que en algunos casos fueron los invasores los que decidieron romper su propia norma porque no tenían quien cuidara de sus animales. De esta forma, los nativos se convirtieron también en hábiles jinetes y el nuevo descubrimiento se extendió a través de las diferentes tribus.

La Saca de las Yeguas en las marismas: un rodeo moderno

El acontecimiento andaluz de las Sacas de la Yegua

El acontecimiento andaluz de las Sacas de la Yegua en la aldea de El Rocío | Shutterstock

La Saca de las Yeguas es un acontecimiento ganadero cuyo origen se remonta a antes del año 1.504, cuando fue formalizado. Desde entonces la tradición se viene celebrando cada 26 de junio, siendo uno de los acontecimientos histórico-culturales de Doñana más importantes. El evento tiene como finalidad trasladar a las llamadas yeguas marismeñas, que viven en libertad, desde las marismas hasta el pueblo de Almonte. Allí, tiene lugar una feria agroganadera en la que se vende y compra este animal.

El acontecimiento consta de varias fases. En primer lugar, los yegüerizos se reúnen en las casas de la aldea de El Rocío en un ambiente festivo. Allí comienzan los preparativos para la saca. Después, yegüerizos y jinetes se adentran en la noche del 25 de junio, montados en sus caballos, en el parque de Doñana, para pasar la noche en la marisma. Cuando el alba despunta, los vaqueros modernos rodean a los caballos salvajes que pueblan estas tierras y, en tropel, se dirigen a El Rocío. Allí, un sacerdote bendice a bestias y jinetes, que retoman el camino hasta su llegada a Almonte, donde tiene lugar la fase final: los caballos son agrupados en corrales, donde comienza la feria. Días después, las yeguas son conducidas de nuevo a las marismas, donde esperaran en libertad hasta junio del año siguiente.