La sangrienta leyenda que inspiró la expresión “pasar una noche toledana”

Toledo de noche: rutas y planes

En la cultura popular se recurre a la expresión “pasar una noche toledana” cuando uno quiere explicar que ha pasado una mala noche. Que no ha podido dormir porque una preocupación o una molestia le ha privado del sueño. Esta expresión tan común puede tener diferentes orígenes, pero quizá el más atractivo de todos ellos tenga que ver con una sangrienta leyenda no apta para los más sensibles. Ocurrió en Toledo, por supuesto, a finales del siglo VIII, y dice así…

La revuelta que lo inició todo

Panorámica de Toledo y el Tajo
Toledo siempre ha sido una ciudad propensa a las grandes historias. | Shutterstock

Cuando Toledo se rindió ante el poder de los Omeya, que gobernaban en buena parte de la península ibérica desde Córdoba, hubo quien no se sintió cómodo con este cambio de dirección. De hecho, buena parte de los nobles muladíes, personas de origen visigodo o hispanorromano reconvertidos al Islam, se mostraron en contra de la dinastía, a la que consideraban ajena a su historia y su cultura. Así que, en secreto y poco a poco, planearon una rebelión contra el centro de poder.

Cuando estos rumores llegaron hasta Córdoba decidieron enviar a una importante figura que hiciera frente a esta posible revuelta. Así llegó a Toledo el gobernador de la actual Talavera de la Reina, Amrús ben Yusuf, que era, como esos nobles, hijo de un cristiano converso. Él, sin embargo, estaba del lado de la dinastía Omeya, así que urdió un plan.

Sobornó a los clanes que eran contrarios a los nobles instigadores de la rebelión para que los traicionaran, algo que hicieron sin pensárselo demasiado. Así murieron los primeros cabecillas, aunque quienes los entregaron no corrieron mejor suerte: Amrús ben Yusuf también decidió acabar con sus vidas, por delatores. La paz se instauró durante una temporada, pero…

La venganza se sirve fría

La impresionante panorámica de Toledo de noche
La noche toledana de Amrús ben Yusuf no fue tan bonita como esta de hoy en día. | Shutterstock

Pero no pasaría demasiado tiempo hasta que los rumores de una nueva intención de revolución llegaron de nuevo a oídos de los Omeyas. Los nobles muladíes seguían disconformes con el gobierno que tenían con ellos y volvieron a susurrarse entre sí maneras de derrocar a la dinastía.

En esa ocasión, Amrús ben Yusuf, ya por entonces gobernador de Toledo, se tomó su tiempo para vengar lo que consideraba una traición. Cuenta la historia que encargó la construcción de un nuevo alcázar en la ciudad, equipado con un gran foso. Para cuando estuvo listo, celebró un gran banquete al que invitó a todos los nobles muladíes de la ciudad, en lo que parecía una ofrenda de paz.

Esa noche, cada noble fue pasando a la recepción oficial de manera individual. Tenían que atravesar, uno a uno, un largo pasillo que conducía, supuestamente, al lugar de celebración. En realidad lo que estaban haciendo era dirigirse hacia su muerte, pues en el momento en que ponían un pie en esta sala, eran decapitados. Uno a uno. Se dice que transcurrieron horas hasta que acabaron con todos los invitados, que desde luego pasaron una auténtica noche toledana. Y después de aquello, claro, no hubo más intentos de revolución en un largo tiempo.