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Los misterios nazis que envuelven villa Winter

Villa Winter

En el sur de la desolada isla de Fuerteventura hay una península aún más desolada. Se trata de la península de Jandía, un terreno que en sus inicios era una isla aparte de Fuerteventura, pero que ahora se halla unida a ella por un istmo arenoso conocido como La Pared. La belleza es allí tan devastadora como lo es la sensación de desamparo. Entre estas tierras volcánicas, villa Winter, reina de la desolación, corona el paisaje. Sobre este enclave es fácil, ya se han dado cuenta muchos, dejar volar a la imaginación. Más aún, con las decenas de rumores que han discurrido sobre la mansión desde hace años. Todos relacionados con truculentas historias sobre nazis.

Para llegar a la espectacular playa del Cofete, donde se levanta la casa Winter, es necesario conducir al menos 30 minutos por curvas de trazado imposible. Una vez allí, los únicos otros vestigios de la presencia humana son un pequeño cementerio, ya abandonado, y un minúsculo poblado. La soledad de villa Winter es, por tanto, la causa de mayor sospecha con respecto a sus actividades. El año de construcción, el secretismo en torno al edificio y la nacionalidad de su promotor son, asimismo, pequeñas ramas que agitan el fuego del chismorreo

Villa Winter en la desolación de Cofete
Villa Winter en la desolación de Cofete | Shutterstock

Gustav Winter y la construcción de la villa

Gustav Winter nació un día del año 1893 en una aldea de la región montañosa de Selva Negra, en Alemania. Se licenció en ingeniería eléctrica y llegó a España después de escapar de la armada británica en los comienzos de la Primera Guerra Mundial. Allí, en la península, puso en marcha numerosos proyectos de electrificación, hasta que en 1924, también por trabajo, acabó en Gran Canaria. Fue en una visita a Fuerteventura cuando se dice que se enamoró de la isla.

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En 1933 el ingeniero se instaló en la península de Jandía. Cuatro años después, con la Segunda Guerra Mundial a punto de estallar, Winter alquiló la vasta extensión de terreno de la península con la intención de construir allí una casa. La semilla de villa Winter ya estaba plantada. Para recoger sus frutos, el alemán decidió contratar a más personal de su país natal con la intención de que estudiaran el terreno que en 1941 pasó a ser oficialmente de su propiedad. Es en estas fechas cuando la familia, según señalan los escritores Alberto Vázquez-Figueroa y Borges Jurado, construye una valla que les separe del resto de los vecinos. La mayoría de los majoreros que residían en la zona fueron entonces desalojados.

Villa Winter
Villa Winter | Shutterstock

Un nido de nazis

Las condiciones en las que se construyó villa Winter hicieron que la gente empezara a sospechar de aquel extraño lugar. No solo por lo aislado de la zona, sino también por la alta torre que corona el complejo, desde la que se puede ver toda la costa del Cofete. También suscitan recelo los restos de raíles que se encontraron en el exterior de la casa. Estos tenían, supuestamente, la intención de llegar hasta Morro Jable, a 22 kilómetros de Cofete. Los libros de los escritores Vázquez-Figueroa y Jurado, junto con el de Lucía Etxebarría, son algunas de las obras ambientadas en el complejo que han aumentado el suspense del lugar.

Sobre la villa Winter se han dicho muchas cosas, entre otras que el mismo Hitler estuvo allí o que, para construir la villa, se utilizó mano de obra traída desde campos de concentración. Sin embargo, las más sonadas son dos. En primer lugar, se ha dado mucho pábulo a la teoría que dice que el complejo sirvió como base de aprovisionamiento para la flota de submarinos nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, están las historias que afirman que villa Winter sirvió como escondite para algunos oficiales nazis una vez concluida la contienda. Hasta se dice que una de las habitaciones fue usada por los mismos para practicarse cirugías estéticas y escapar sin ser reconocidos.

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Playa de Cofete
Playa de Cofete | Shutterstock

La familia del ingeniero ha negado siempre todos estos rumores, pero Pedro Fumero no. Este último, sobrino de un matrimonio que vivió allí desde el mismo momento de su construcción, afirma que todas esas leyendas y aún más son ciertas. De hecho, ha hecho de villa Winter una especie de atracción turística para los visitantes que se atreven a entrar en la casa. Fumero habla de hornos crematorios, de torturas, de nido de nazis… “Aquí en Fuerteventura había un nido de ratas de oficiales alemanes. Von Marx, Alberto Lehanbacher, Winter… Si tiras de la manta aquí hay media isla involucrada”, señalaba el majorero en un artículo de El Español.

Entre la verdad y el mito

Saber lo que pasó realmente entre aquellos muros resulta imposible. Pero, entre todos los rumores, algunas certidumbres. Certeza número uno: casa Winter no fue una base de submarinos. Esto se puede asegurar por varios motivos: en primer lugar, las aguas de la playa de Cofete son tan poco profundas que sería imposible que un submarino pudiera estacionarse en ellas. Por otro lado, está el testimonio del historiador Juan José Díaz.

Este profesor de universidad afirmaba en un artículo de ABC haber estudiado con detalle la documentación de un servicio clandestino de la Armada alemana que se dedicó a abastecer a submarinos alemanes en Canarias durante el conflicto armado. En aquellos papeles, según indica el historiador, “no queda constancia, por ningún sitio, de que se hiciera alguna actividad de este tipo en Fuerteventura”, aunque en Tenerife y Gran Canaria sí. Otra de las tesis que apoyan la leyenda de los submarinos reside en la torre que preside la casa, supuestamente construida con fines militares. Sin embargo, dicho baluarte no se edificó hasta 1947, cuando la guerra ya había terminado.

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Villa Winter
Villa Winter | Shutterstock

Certeza número dos: el nombre de Gustav Winter apareció en 1945 en una lista redactada por los servicios de espionaje aliados y remitida por el Departamento de Estado norteamericano al ministro de Asuntos Exteriores de España de entonces. En este documento el nombre del ingeniero aparecía junto a otros 103 alemanes de los que se sospechaba que eran espías y de los que se pedía su expulsión y repatriación a Alemania. Poco tiempo después, Winter, que no abandonó el país, adquiría la nacionalidad española.

Ya han pasado más de 70 años. No se sabe mucho más de villa Winter. Apenas dos certezas, acompañadas de multitud de rumores. Pero la casa sigue allí, erguida ante la inmensidad de Cofete, rodeada de dudas que quizás nunca puedan resolverse.