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Las flechas de Gran Vía 32, una historia de amor entre edificios

Flechas del suelo de Gran Vía 32

La calle más popular de Madrid tiene todavía secretos para quien la recorre. Sobre todo, porque es casi imposible fijarse en todos los detalles que la componen, por la gran cantidad de estímulos potentes que existen y porque a veces uno anda sin mirar. Los elementos más discretos pasan desapercibidos, incluso aquellos de gran valor. Tal es el caso de las flechas talladas en el suelo frente al edificio que ocupa el número 32 de Gran Vía.

Estas flechas miden, cada una, casi un metro de longitud, pero se camuflan con el gris de la superficie. Solo las aprecian quienes por casualidad posan la mirada en este rincón de Gran Vía o aquellos que las buscan con conciencia, sabiendo de su existencia. Tanto su posición como su orientación tienen una explicación y una historia que se desarrolla en esa misma calle. Pero la respuesta a la pregunta que suscita el suelo está, en realidad, en el cielo de Madrid.

La explicación empieza en la mitología

La respuesta a las flechas del suelo de Gran Vía está en el cielo
La respuesta a las flechas del suelo de Gran Vía está en el cielo. | Shutterstock

Para desentrañar este misterio los ojos deben posarse, en primer lugar, en el edificio que ocupa el número 31 de Gran Vía, en la acera contraria. En lo alto del mismo, con un tamaño impresionante y un color dorado que resplandece cuando el sol lo permite, se descubre una escultura de Diana la Cazadora. La diosa de la caza, protectora de la naturaleza y la luna, está representada en acción, apuntando con un arco en una postura de lo más elegante. Diana apunta y dispara, pero dos de sus flechas no alcanzan el objetivo y terminan en el suelo.

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Para localizar el blanco deseado hay que cruzar de nuevo de acera, hasta el edificio tras las flechas, en Gran Vía 32. Alzando la vista se advierte otra escultura, que corresponde con una figura mitológica diferente. Hacia ella apunta la diosa.

Escultura de Diana la Cazadora, obra de Natividad Jiménez
Escultura de Diana la Cazadora, obra de Natividad Jiménez. | Shutterstock

Esta última no es una novedad en los tejados de la gran calle madrileña, pero la escultura de Diana la Cazadora es reciente. La responsable de la misma fue Natividad Jiménez, que además se convirtió en la primera mujer en diseñar una escultura para la arteria central de la capital. También ideó una historia para unir ambas esculturas.

El lenguaje de los edificios

Escultura que puede verse en Gran Vía 32
Escultura que puede verse en Gran Vía 32. | Shutterstock

La historia que justifica estos detalles tiene que ver con la mitología, de la que extrae una base para construir, con licencias, el relato completo. Natividad diseñó a su Diana pensando en la historia que une a la diosa con Endimión, un pastor mortal del que se enamoró. La diosa bajaba cada noche de la luna para encontrarse con él, hasta que Zeus, su padre, descubrió la historia de amor. El todopoderoso padre de los dioses no podía permitirlo, así que envió a otra criatura mitológica para acabar con el romance: un ave fénix. Este secuestró a Endimión para llevarlo lejos de Diana, pero ella descubrió lo que estaba sucediendo y atacó con su arco. Este es el momento exacto que quiso representar Natividad: la diosa defendiendo aquello que amaba.

En realidad, la escultura que queda frente a la diosa en Gran Vía nunca ha representado a Endimión, de ahí las licencias tomadas para construir esta historia entre edificios. Se trata, más bien, de Ganímedes, amante de Zeus, y es una réplica de una obra original de Saint-Marceaux que hace años coronó el edificio Metrópolis.

Lo bonito de esto es que realmente adquiere un sentido completo sin necesidad de obedecer a la verdad. El paseante, ahora ya conocedor de estos detalles, alzará la vista al cielo y observará a Diana peleando por el hombre que ama, que está siendo secuestrado por una criatura que no puede controlar. Entonces pisará las flechas que, posteriormente, se tallaron en el suelo, concluyendo así esta historia de amor entre edificios, en plena Gran Vía de Madrid. Esta es la historia de las flechas de Gran Vía 32.

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