De vuelta a las raíces: grupos de música que reivindican los ritmos tradicionales

Entre los cerros de yeso donde germina la calma el viejo mundo baila, se despide y va descalzo, pero el nuevo aún no se ha puesto los zapatos. Hei de cantar toda a noite que mañán hai romería. Canta ti, cantarei eu, co xeito das nosas nais festexarémos a vida en el barco de vela de tu poderío, que me trajo a este puerto donde me se ahoga mis cinco sentíos. Pero no me mires que me matas con esos ojos tan tristes, porque no se llama progreso dejar los pueblos sin vida.

De las canciones de las panaderas a C.Tangana

En este párrafo conviven frases de canciones. Canciones de grupos y cantantes españoles que reviven con sus letras y sus ritmos la música de sus antepasados, las estrofas de sus abuelas y abuelos…  Incluso las de sus bisabuelos. Es el caso del grupo palentino El Naán, que reivindica las canciones de las panaderas en su vídeo Panaderas de pan duro: “El ritmo de las panaderas  es un  juego,  una  prueba  de habilidad  que nace frente a una mesa vacía. En los años de hambre verdadera, por estos lares, con las manos y  las mesas  vacías y sin instrumentos, engañábamos al hambre con estas canciones de  tribu  y  de  cocina”.

Vetusta Morla invitó a subir a este pequeño grupo al escenario en su último concierto en Rivas. El público esperó expectante a que aquellos desconocidos ascendieran a la palestra para descubrir con asombro que el ritmo de las panaderas es el que acompaña a una de las nuevas canciones del grupo indie: Finisterre. De hecho, el último disco de Vetusta, Cable a tierra, pretende justamente eso: rescatar las músicas populares de antaño y establecer una simbiosis entre pasado y presente. “Somos carne de reemplazo, imborrable es nuestro canto”, entona Pucho en Puñalada trapera.

Más sonados son los casos de C.Tangana y de Rosalía. El rapero arrasaba en 2021 con su disco El madrileño, en el que incluía un remake de la Campanera de Joselito o con su canción Yate, que recupera el tema estrella de Los Amaya, Vete. Todavía antes, en 2018, Rosalía saltaba a la fama con su trabajo El mal querer, que, más allá de la polémica de apropiación cultural sí o apropiación cultural no, traía el flamenco al plano internacional.

El franquismo: la homogeneización de la música tradicional

Vistos todos estos casos, no resulta arriesgado afirmar que los ritmos tradicionales han vuelto. Han vuelto para hacer bailar a los jóvenes. Para hacer que los más mayores se reencuentren con su pasado, para intentar ir a Eurovisión… Han regresado para reconectar con la tierra. Han vuelto para lo que uno prefiera que vuelvan. El caso es que están aquí y parece que vienen para quedarse.

Varios de estos cantantes, entre ellos el vocalista de Vetusta Morla, el asturiano y artista Rodrigo Cuevas o el músico Enrique Ruiz Cubero (del dúo Los Hermanos Cubero) coinciden en afirmar desde distintos medios que es el franquismo donde se encuentra la laguna del folclore musical español. En aquellos años, el régimen apostaba por la homogeneización: “Querían recuperar un repertorio que no era real, sino una interpretación acorde con lo que ellos pensaban que debía ser esa música”, apunta Cubero en una entrevista con El Español. Así, Manolo Escobar triunfaba, mientras que los ritmos propios de otras comunidades caían en el abandono.

“Un ser vivo que se extiende por toda la faz de la tierra”

Rodrigo Cuevas
Rodrigo Cuevas. | Wikimedia bajo los términos cc-by-sa-2.0.

Ahora, sin embargo, las gallegas del grupo Tanxugueiras han estado a punto de llegar a Eurovisión. Y no solo eso, sino que son las que se han llevado el voto del público. De Galicia viene también el grupo Baiuca que se pregunta: “¿Puede una caja de ritmos danzar al ritmo de una muñeira? ¿Pueden los ritmos de antes de ayer sonar a los de pasado mañana?”. Su respuesta es un rotundo sí a todo, un sí que salen a buscar con la mezcla de ritmos de tradición gallega y música electrónica. Todo en gallego, claro, al igual que las canciones de las Tanxugueiras. También es de origen gallego el grupo Luar Na Lubre, creado ya en 1986 y con una amplia trayectoria performativa.

Pero aunque Galicia pisa con fuerza no es, ni mucho menos, la única comunidad que lo hace. De hecho, quizás el nombre que más alto se escucha (sin contar a los músicos mencionados con anterioridad) es el del asturiano Rodrigo Cuevas. Autodenominado como agitador folclórico, Cuevas escarba en las raíces para después reinterpretarlas de la mano del cabaret, el cuplé, la música electrónica y la crítica social. “El folclore es un ser vivo que se extiende por toda la faz de la tierra, como un micelio, no entiende de barreras físicas ni políticas”, señala en su biografía.

Ese ser vivo se esparce también por Castilla y León de la mano de artistas como Guille Jové, a través de las jotas feministas de Ajuar o con la ayuda de la veterana banda Nuevo Mester de Juglaría. En Castilla La-Mancha suenan las voces de los ya mencionados Hermanos Cubero, la artista Karmento o el grupo Zas!! Candil. Y la lista sigue y sigue. En Andalucía se escuchan alto los ritmos de Califato ¾. En Extremadura suenan los sintetizadores del dueto Ruiseñora. Y mientras, en Cataluña Queralt Lahoz canta “lo tengo bien claro que Dios es mi abuela, que bien que me ampara aunque yo no la vea”.

Muchos más son los artistas y grupos que buscan una vuelta a los ritmos de antaño. Ritmos que nunca se perdieron, pero que se escuchaban bajito, como ecos de un tiempo pasado. Y cada vez son más también los que quieren escuchar y bailar al son de sus canciones.