Las tradiciones españolas de navidad más curiosas y desconocidas

El periodo navideño es muy especial es España. No solo por las masivas cabalgatas de reyes, la lotería más destacada de esta parte del año en Europa o las luchas por tener las luces más grandes. También por el rico folklore que se ha creado alrededor de estas fiestas desde hace siglos. Se trata de curiosas tradiciones de Navidad españolas que reflejan las particularidades de cada región del país. Este pequeño repaso recoge algunas de las más raras y, en algunos casos, un poquito perturbadoras.

Tentando tripas: el Apalpador gallego

Resurgido a mediados de los años 2000, el Apalpador se ha consolidado como una tradición navideña en las tierras gallegas. Surgido probablemente en las zonas montañosas del este de la comunidad, en los Ancares lucenses, se trata de un carbonero. Andrajoso, con boina, fumando en pipa y a veces con un burro llamado Lor, baja de los montes el Nochebuena y Nochevieja para dejar presentes a los niños tras palparles la tripa.

El Apalpador, tradición navideña curiosa en España

El Apalpador. | Galiza Contrainfo (Flickr)

En un origen, los regalos eran castañas y carbón. El alimento se destinaba a los chavales que no podían llenar el plato, algo nada raro en las zonas rurales, especialmente de Lugo y Ourense. Mientras tanto, el combustible era para quienes tenían la panza llena pero no con qué calentarse. Con el tiempo, como no podía ser de otra forma, el Apalpador se transformó en una alternativa al estadounidense Santa Claus. De esta forma, de los frutos y minerales se pasaron a los regalos.

Hay varias versiones del origen de esta peculiar figura navideña española. Por ejemplo, algunas hipótesis apuntan a que su similitud con el Olentzero vasco-navarro no es coincidencia. De esta forma, sería una adaptación de corte regionalista o nacionalista. Otras teorías señalan a que surgió como adaptación de un mito prerromano. El elemento de tocar la tripa a los niños se cree basado en una costumbre adivinatoria lusitana. Un apoyo a esta visión del Apalpador es que en Écija, Sevilla, hay un personaje muy similar, el Tientapanzas. Se piensa que fueron los repobladores gallegos los que llevaron la tradición al sur.

Desde las montañas vasco-navarras: Olentzero

Originario de la zona navarra de Lesaka, el Olentzero es una de las figuras navideñas más particulares y veteranas del país. También se le conoce como OlentzaroOrantzaroOnontzaro. En su caso, su existencia está bien trazada gracias a diferentes documentos, como los Fueros de Navarra. Aunque durante el franquismo sufrió para subsistir debido a las prohibiciones de la dictadura, tras él revivió con fuerza. Hoy no falla en su entrega de regalos cada 25 de diciembre de Euskadi y Navarra.

Olentzero, una especie de papa noel vasco

Olentzero. | Shutterstock

Se cree que el personaje apareció con las festividades prerromanas asociadas al solsticio invernal. Luego llegaron las Saturnalia romanas. El cristianismo adaptó tanto estas como las costumbres anteriores a Roma, con lo que el mismo Olentzero pasó a estar atado al nacimiento de Jesucristo. Con el tiempo se consolidó su aspecto desaliñado, sucio y asociado al carbón. Su carácter montañés también era vital, con leyendas que incluyen hadas y duendes euskaldunes. Así, su labor consistía en bajar desde su casa, donde vivía solo, para dar combustible a las localidades de los aislados montes vasco-navarros. Como pasa con el Apalpador, ahora reparte regalos a niños desde Guipúzcoa a Pamplona.

Muy asociado a la cultura navarra, el Olentzero es una de las tradiciones navideñas más curiosas de España. Sin embargo, su carácter amable actual es fruto de cierto blanqueamiento. Por ejemplo, aunque antes se le presentaba fumando pipa, ahora tal detalle se omite en muchas ocasiones. En algunas zonas no repartía regalos, sino que bajaba por la chimenea con una hoz y segaba las gargantas de quienes no estaban dormidos. Un giro macabro del siglo XVII que hoy ya ha desaparecido totalmente.

Hadas buenas: las Anjanas cántabras

Siguiendo con raras tradiciones españolas de Navidad que salpimentan las fiestas en las distintas regiones del país toca viajar a los pueblos de Cantabria. Allí pululan las Anjanas, seres feéricos anbcestrales similares a las hadas del bosque del folklore europeo. Así, son muy bellas y visten coronas florales y vaporosas prendas de seda. Esto las enlaza con las Lamias, seres de origen griego que se caracterizaban por ser terribles seductoras y secuestradoras. Una personalización de la denostada imagen que imperaba en la época sobre la figura femenina. Sin embargo, sus contrapartes cántabras tienen un cariz mucho más positivo. También es muy similar a las Ninfas, al estar asociadas a fuentes y agua.

Lamia figura mitológica relacionada con la Anjana

Lamia (John William Waterhouse), figura mitológica relacionada con la Anjana. | Wikimedia

Adalides de todo lo noble y solidario, las Anjanas premian los comportamientos correctos y castigan los egoístas y crueles. Sus archienemigos son los Ojáncanos y Ojáncanas, seres terribles y sanguinarios que robaban, mataban y hacían todo tipo de maldades. En España hay personajes muy parecidos como las Xanas de Asturias o las Mouras gallegas.

En lo tocante a la Navidad, se cuenta que cada cuatro años dejaba ropajes y útiles a los pobres. A raíz del rescate de su folklore, que se produjo en el primer tercio del siglo XX, acabó siendo una sustituta de los Reyes Magos. Por tanto, trae regalos, no solo a los más desfavorecidos, la madrugada del 6 de enero.

Palizas, regalos y escatología: Tió de Nadal y la Tronca

La más bizarra de todas las tradiciones de Navidad españolas se da en Aragón y Cataluña. En estas regiones se llaman respectivamente la Tronca y el Tió de Nadal. Es una derivación de la costumbre de quemar un tronco por el solsticio de invierno. Se trataba de un ritual asociado a los antepasados y el renacimiento en el que las cenizas del leño se guardaban o esparcían.

En las zonas del oeste del Alto Aragón, como el entorno de Jaca, se sigue realizando de este modo. Diversos cánticos bendicen a la Tronca, con los niños como protagonistas en muchas ocasiones. Finalmente se quema en el punto álgido del Adviento, el 25 de diciembre. Sin embargo, en las zonas orientales de Huesca y Cataluña todo se vuelve mucho más macabro.

Toí de Nadal, similar a la tronca de Navidad pero con barretina

Toí de Nadal. | Shutterstock

Aunque haya diferencias, la esencia del rito es el mismo. El leño debe tener huecos y se le «cuida» desde inicios de diciembre. Así, se le tapa con una manta y se le alimenta para que no pase hambre. En Nochebuena los adultos buscan una excusa para que los niños abandonen la sala y rellenan sus orificios con dulces, mandarinas y pequeños regalos, que quedan ocultos bajo la manta. Tras ello, se hace regresar a los jóvenes y empieza lo bueno.

El proceso se conoce como «hacer cagar a la Tronca» o «Caga Tió«. Consiste en golpear de forma continua al pobre leño para que defeque los regalos. Estos presentes caen con la paliza que se le da. Al tiempo, se cantan canciones festivas. Finalmente, tras semanas de cuidados y protegerle del frío con una mantita, el madero acaba en la chimenea. Para darle un toque más macabro, hoy día suele tener dibujada una cara sonriente y en Cataluña se le pone una barretina. Una tradición muy escatológica en línea con el famoso caganer.

Bailes pastoriles en la sierra madrileña: la Pastorela

Braojos de la Sierra es un pequeño pueblo de las montañas del norte de Madrid. Apenas cuenta con 205 habitantes y, sin embargo, posee una curiosa tradición navideña. Se trata de la Pastorela. Durante la misa del Gallo, en torno a la medianoche de Nochebuena, los pastores bajaban a la localidad madrileña para rendir pleitesía al Niño Dios. Reeditando la tradición cristiana, ofrecían un cordero a la figura de Jesucristo. Sin embargo, añadieron un factor nuevo, un baile al son de los coros litúrgicos.

Esta costumbre se remonta como mínimo al siglo XV, aunque se cree que puede ser incluso del XIII. En total son nueve los pastores que bailan, dirigidos por el Zarragón. Este es el encargado de dar el animal al recién nacido Jesús. El coro entona canciones en latín vulgar, siguiendo las líneas marcadas hace siglos. Usan instrumentos tradicionales, como zambombas o castañuelas. Mientras tanto, los atuendos que visten los bailarines son el tradicional traje pastoril, con sus morrales y prendas de cuero.

Una herencia de Roma en Mallorca: el Canto de la Sibila

Para terminar este repaso queda una antiquísima función litúrgica, el Canto de la Sibila. Consiste en un canto efectuado durante la misa del Gallo por un niño o niña, con atuendos normalmente blancos y que porta una espada. También lo ejecutan presbíteros o mujeres adultas. El órgano solo interviene entre bloques de versos. Se lleva desarrollando en la Catedral de Palma de Mallorca, así como en iglesias baleares, de forma ininterrumpida desde la conquista cristiana medieval hasta hoy, solo un lapso de tres años sin hacerse en el siglo XVI. Comparte tal honor con la ciudad sarda de Alguer y es Patrimonio de la Humanidad.

Esta curiosa tradición tiene sus raíces en la sibila de Eritrea, una figura mítica romana que pronosticaba el fin del mundo. El cristianismo no tardo en adaptar el personaje y sus pronósticos, resumidos en el poema Judicii Signum. De esta forma se introdujo la representación ya en época Carolingia, cobrando una gran popularidad en el sur de Europa. A través del Canto de la Sibila se llevaba al pueblo el relato del Juicio Final y la segunda llegada de Cristo. Su asociación al principio no era exclusiva con la Nochebuena y la Navidad.

Con el pasar del tiempo, la costumbre acabó perdiendo popularidad para finalmente ser prohibida en el Concilio de Trento durante el siglo XVI. Sin embargo, aunque en el resto del Reino de Aragón se perdiera, en Palma de Mallorca siguió ejecutándose, ya traducida al mallorquín. Su carácter de canto gregoriano evolucionó con el tiempo y fue apreciado por los románticos que fueron a la isla mallorquina. Con todo, solo a raíz del Concilio Vaticano II pudieron las mujeres interpretar el Canto de la Sibila, al poder acceder al baptisterio en la liturgia. Hoy se está reintroduciendo en varias zonas de Valencia y Cataluña.


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