Picaresca por el cuadro de Santiago de Membrilla ¿Arte u ‘ocurrencia’?

Un cuadro inspirado en el apóstol Santiago ha dirigido la atención de varios medios de comunicación nacionales hacia el pueblo de Membrilla (Ciudad Real). El motivo es que el artista aficionado Antonio Ximénez Múñoz ha denunciado que el obispado de Ciudad Real ha cometido un acto de censura al retirar de su sitio el enorme cuadro (250 x 250 centímetros) que había donado a la iglesia de Santiago el Mayor de dicha localidad. Según declaraciones del autor a la cadena SER, éste piensa que la diócesis ha ordenado que el cuadro se retire de la parroquia por considerarlo erótico. La respuesta de la diócesis a la retirada del ‘Santiago de Membrilla’ ha sido que no se trata de un acto de censura, si no una reordenación del mobiliario.

El asunto del Santiago de Membrilla tiene tientes picarescos, en cuanto a que aporta bastantes cuestiones llamativas. Por una parte, su autor -Antonio Ximénez- se presenta como un artista que ha expuesto en siete países países de Europa y las Américas, manifestando haber participado en una exposición itinerante junto a nombres mundialmente famosos como Picasso y Tapiés… No nos ha sido posible encontrar rastro alguno de dicha muestra pues Antonio Ximénez dice que esta ocurrió ¡hace 53 años! Y nada más ha expuesto desde entonces. La búsqueda de este pintor en las principales bases de datos internacionales de artistas -Artprice, Artnet o Invaluable- no devuelve resultado alguno; tampoco ofrece resultado la búsqueda en el propio Google… A los 87 años el cuadro de Santiago de Membrilla le ha otorgado su primera notoriedad real a este manchego emigrado a Miami, que desde luego no se ha ganado la vida pintando cuadros.

Cuadro de Santiago por Antonio Ximenez

También llama la atención que durante las vacaciones de verano Antonio Ximénez se diera cuenta de que el cuadro ya no estaba en la iglesia de Santigo el Mayor de Membrilla, y que la ‘denuncia’ (a los medios de comunicación) se haya producido seis meses después; estando ya el autor en su residencia de Miami (EE.UU.). También resulta curioso que habiendo realizado una donación de la obra, ahora amenace con revertir unilateralmente dicho regalo; algo imposible jurídicamente, salvo que en un documento firmado por ambas partes se hubiera hecho constar la condición resolutoria de que la obra se mantuviera a la vista del público en la iglesia. Por parte del obispado, la respuesta de que se ha movido una pieza por ‘reordenación del mobiliario’ resulta también poco creíble; es evidente que una obra de unas dimensiones tan grandes ha sido elaborada ex profeso para ese sitio. También llama la atención de que el portavoz de la diócesis se refiera al cuadro como ‘mobiliario’; aunque un cuadro es un bien mueble, lo habitual es referirse a éste como ‘obra de arte’ o ‘pintura’, términos más apropiados que lo distinguen de piezas menos singulares como mesas o sillas. El contestar desde el obispado que se ha sustituido por un armario… ¿puede indicar que es una minusvaloración de la pieza? Aquí hay indicios que puede haber picaresca por picaresca en las manifestaciones de las partes de la polémica. Lo cierto es que esta polémica tiene algunas similitudes con la del Ecce Homo de Borja, por la que una artista aficionada consiguió atraer la atención mundial mediante una catastrófica restauración de un pintura antigua. La mezcla de actuación ridícula con resultado estridente llama la atención y mueve a la risa.

La contemplación de la imagen disponible acerca del cuadro permite que cada uno saque sus propias conclusiones acerca del Santiago de Membrilla. La calidad de la pieza es más que dudosa, por mucho que esta responda a un estilo ‘superrealista’ inventado por el señor Ximénez. En cuanto a la interpretación del asunto, el apóstol aparece levantando la túnica para enseñar sugestivamente el muslo derecho; inusual gesto, especialmente para un santo. El gesto, más el arco iris, pueden también insinuar homosexualidad (algo poco acorde a una pintura que se exhibe en una iglesia). No parece propicio para estimular los rezos de los fieles de la iglesia al apóstol Santiago. Tal vez a Antonio Ximénez le hubiera gustado que éste cuadro se expusiera en una galería de arte, para lo cual da igual como se presente el asunto; pero lo cierto es que se lo regaló a una iglesia parroquial, que es un lugar de culto.

Iglesia de Santiago el Mayor en Membrilla, donde se localizaba el cuadro

Hay varias formas de abordar esta polémica ¿tiene el obispado que exhibir en una iglesia una pieza que no considera apropiada para el culto? ¿Tiene derecho el autor a quejarse de que se retira una pieza que ha regalado? ¿Habrá servido esta polémica para descubrir a un gran artista y a un nuevo estilo superrealista’? ¿Puede acabar siendo un atractivo turístico para el pueblo de Membrilla?

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga

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