Cuidar los pies en el Camino de Santiago

Cuidar los pies haciendo el Camino de Santiago es esencial. En muchas ocasiones aparecen ampollas, rozaduras o incluso tendinitis. Por eso, es muy importante aprender a cuidarlos y curarlos y saber cuándo será necesario ir a un profesional.

Aunque hay otros muchos consejos para hacer el Camino de Santiago, en esta página queremos centrarnos en cómo se deben cuidar los pies. Seguid leyendo para descubrir nuestros consejos para que lleguéis a Santiago de Compostela en las mejores condiciones posibles.

Prevenir: buen calzado y equipamiento

Uno de los consejos que más se repiten es no estrenar calzado para el Camino de Santiago. Llevar calzado nuevo aumentará las probabilidades de que aparezcan ampollas y rozaduras. Tampoco recomendamos utilizar calzado muy viejo que esté deteriorado.

Si queréis cuidar los pies, lo mejor es usar el calzado durante 2 ó 3 meses, mejor si es entrenando con largas caminatas. Hacer caminatas antes del Camino habituará vuestros pies y sufriréis menos ampollas.

Los calcetines son otra parte importante de nuestro equipamiento para cuidar los pies. Nunca deben ser de algodón, sino de material sintético y sin costuras. Además, aseguraos de que no se os quedan arrugas al calzaros, pues esto podría generar rozaduras. Muchos peregrinos recomiendan aplicar vaselina en la planta de los pies y entre los dedos para evitar rozaduras.

Mujer-cuidar-los-pies

Curar: las ampollas

Las ampollas son muy comunes entre los peregrinos. Estas salen por el roce continuo al caminar o por la humedad excesiva que se forma dentro del calcetín debido al sudor. Si conseguimos detectar una ampolla en las primeras molestias, lo mejor será poner un parche auto adhesivo, una gasa o aplicar vaselina para aliviar el roce.

Sin embargo, lo normal es detectar las ampollas ya formadas. Estas son muy incómodas para seguir andando. En este caso, lo ideal para cuidar los pies es acudir a una clínica y que allí os pinchen y curen la ampolla. Si no tenéis esta posibilidad porque la clínica está muy lejos y vais a hacerlo vosotros mismos, tened mucho cuidado con las condiciones higiénicas.

Lo primero es la limpieza: todo el material que utilicemos debe estar esterilizado (la aguja, las gasas…). Recordad que para esterilizar una aguja podemos quemarla con un mechero. Además, los pies tienen que estar limpios, al igual que las manos que vayan a realizar la cura.

El primer paso es pinchar la ampolla y secar el líquido con una gasa. Es importante extraer todo el líquido. Acto seguido, aplicaremos betadine. Por último, enhebramos un hilo en la aguja y lo introducimos y sacamos de la ampolla. Esto hará que se vaya drenando el líquido y que no se vuelva a formar la ampolla.

Si notáis más molestias, por ejemplo musculares, lo ideal es acudir siempre a profesionales y cumplir con sus recomendaciones.

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