Una vez que se ha probado varias veces aquello de andar a Santiago, el cuerpo suele pedir un reto mayor. Por suerte, no faltan opciones para ponerse a prueba mientras se va a la capital compostelana. Ya sea por orografía, por infraestructura o por afluencia, hay trayectos en los que conviene ser veterano para disfrutarlos a tope. Estas son cinco alternativas duras, Caminos de Santiago para expertos, siempre considerando partir de sus puntos de inicio más alejados.

Vía de la Plata, variada soledad

Dentro de esta lista, la opción más cómoda y accesible es la heredera romana, la Vía de la Plata. Posee una amplia gama de puntos de partida y se basa en una antigua carretera creada por Roma. Sevilla es el más habitual y desde allí esperan más de 1.000 kilómetros a Santiago de Compostela. Sin embargo, ya puestos a estar unos 40 días en ruta, es tentador iniciar la aventura algo más atrás. Así, desde Cádiz parte un ramal que conecta con la capital Hispalense. Se trata de la variante llamada “Vía Augusta”. Otra opción es arrancar en Huelva el conocido Camino Sur, que abarca hasta Zafra, en Extremadura.

Teatro Romano de Mérida

Teatro Romano de Mérida | Shutterstock

En caso de elegir cualquiera de estas dos opciones, habrá que olvidarse de los habituales albergues hasta conectar con la Vía de la Plata principal. Llamadas a ayuntamientos, refugios improvisados u hostales recomendados serán las opciones para dormir bajo techo. Para acabar se puede elegir, ya en el zamorano monasterio de Granja de Moreruela, culminar por Astorga y el Francés o por Sanabria, la alternativa más original.

Sea como fuere, excepto en primavera lo más normal es andar en solitario. Precisamente esta es la gran dificultad de la Vía de la Plata. A partir de Mérida y sobre todo Salamanca empieza a hacerse más habitual ver caras nuevas. Ya en Ourense la situación se equipara a un Camino “normal”. Los desniveles existen al pasar de Andalucía a Extremadura y de esta a tierra salmantina. También al adentrarse en Zamora si se acaba por Sanabria. Sin embargo, se asumen fácil y el aislamiento se alza como gran enemigo.

Arco romano de Cáparra

Arco romano de Cáparra. | Depostiphotos

Por otro lado, conviene conocerse bastante bien para asumir el recorrido al completo. Abundan las etapas de más de 30 kilómetros y la gestión de los esfuerzos se vuelve clave. Más teniendo en cuenta que se extiende más de 1.000. Con todo, la Vía de la Plata cuenta con una buena infraestructura a su alrededor que permite disfrutar de un patrimonio natural y cultural, especialmente arqueológico, de primera categoría. De querer una experiencia introspectiva sin volverse loco, esta opción es ideal.

Camino de Levante, la vía de Valencia

Esta vía histórica que comunica la zona de Valencia con Zamora, donde se sigue la Vïa de la Plata, dista más de 1.100 kilómetros de Santiago. Solo eso hace que sea difícil. Pero además, esta ruta requiere tener cierta capacidad para buscarse la vida. Un factor en común con las siguientes propuestas. Esto se debe a que, a pesar de una buena señalización, encontrar un albergue no será el oasis asegurado de otros trayectos más sencillos.

Valencia al atardecer

Valencia al atardecer | Shutterstock

Por tanto, una buena información es clave en el Camino de Levante. Al no haber albergues para peregrinos en varias de sus paradas, habrá que ser ágil para enterarse de dónde se ofrece un refugio dedicado exclusivo o qué hostales son los más adecuados para pernoctar. Esto añade un punto de aventura a la experiencia, pero según cuestiones personales puede ser también un infierno.

Por otro lado, el asfalto es un continuo en buena parte de la ruta. Esto se suma a un clima extremo tanto en La Mancha como en Castilla, lo que hace que verano e invierno requieran un punto extra de voluntad y preparación. Asimismo, varias etapas son de un kilometraje muy largo, superando los 35 kilómetros. Todo esto se compensa con paciencia, experiencia y una buena capacidad física. Por ejemplo, llevar avituallamientos en el macuto se torna indispensable por seguridad. Como es de esperar, la soledad es mayor incluso que en el caso anterior.

Vistas del Alcázar de Toledo

Vistas del Alcázar de Toledo. | Shutterstock

El lado bueno es la gran cantidad de regiones que se cruzan. El recorrido cultural es excepcional, pasando por capitales como Valencia, Albacete, Toledo, Ávila o Zamora. Además, cuando toque asumir desniveles el mero entrenamiento que supone haber llegado hasta ellos hará la tarea bastante sencilla. Una vez en la cabeza zamorana, la mejor alternativa, por originalidad, es seguir por Sanabria, obteniendo asimismo un cambio de paisajes espectacular respecto a las zonas iniciales.

Camino Mozárabe, a Santiago desde Andalucía

Los kilometrajes se alargan casi hasta el extremo en los Caminos Mozárabes. Históricamente son versiones tardías, ya que las guerras entre árabes y cristianos no hicieron seguros los trayectos hasta el final de la Edad Media, con la caída de Granada. Hoy se ha consolidado esta pequeña red jacobea que une todas sus capitales centro-orientales. Otra vez, la soledad es un seguro. Una cuestión personal pero que no ayuda en caso de tener un problema.

Alcazaba de Málaga

Alcazaba de Málaga. | Shutterstock

Tres son los puntos de salida más extremos: Jaén, Málaga y Almería. Este último va a Granada antes de unirse al ramal jiennense en Alcaudete. Finalmente, todos se reúnen en Baena para seguir tirando kilómetros hasta Córdoba. En general, la suavidad orográfica marca la tónica hasta aquí. Pero, en la travesía a Mérida, punto en donde el Camino Mozárabe desemboca en la Vía de la Plata, existen escollos en forma de montaña. El más grande, la etapa que corona a su mitad el Calatraveño, que tiene 38 kilómetros de largo y apenas servicios.

El legado romano está muy presente en Córdoba

El legado romano está muy presente en Córdoba. | Shutterstock

En cuanto a albergues, está sorprendentemente bien equipado. Las asociaciones de Amigos del Camino andaluzas han hecho un gran trabajo al respecto. Allí donde falta uno de estos refugios suele haber alternativas económicas en forma de pensiones u hostales. La señalización también es bastante buena. Asimismo, en verano hay que tomar precauciones extra para no sufrir una desgracia debido al calor. Sea como fuere, es recomendable ir en otra época del año. Como se puede intuir por los lugares ya mencionados por los que discurre, los atractivos patrimoniales son prácticamente inmejorables, más si se suman a los de la Vïa de la Plata desde Mérida.

Camino Olvidado, un trayecto rescatado

Quizá el Camino Olvidado sea una de las rutas históricas que más vírgenes ha llegado a la actualidad. Parte de Bilbao o Pamplona, en dos ramales, para alcanzar El Bierzo y culminar por el Francés. Otra de sus peculiaridades es que posee varios nombres. Además del dicho, está el de Camino Viejo y Camino de la Montaña. Este último deriva del paso que hace por la Cordillera Cantábrica y la propia Cantabria.

El patrimonio jacobeo del trayecto hace que se considere una vertiente muy primitiva. De hecho, habría sido una alternativa al del Norte antes de que el retroceso árabe permitiera que el Francés se convirtiera en el Camino de Santiago por antonomasia. Aunque parezca peor tener que atravesar los montes vascos, cántabros y palentinos, esta ruta permitía catar menos lluvia o evitar a bandidos marítimos. Asimismo, las profusión fluvial norteña también era una gran traba en la época.

Vista aérea de la ciudadela de Pamplona

Pamplona es uno de los comienzos de este Camino de Santiago para expertos. | Shutterstock

Casi sin tocar desde que cayera en el olvido allá por finales del medievo, asociaciones del Camino de Santiago lo han rescatado. De esta forma aparece bien señalizado aunque la atención sea necesaria de continuo. Al tiempo, aquello de buscarse la vida se lleva al extremo aquí. Apenas hay albergues y el desconocimiento sobre esta alternativa hace que tampoco abunden los compañeros de viaje. En algunas etapas resulta complicado hasta encontrar un hostal donde parar.

A esto hay que sumar que se trata de una opción de montaña y con varias kilometradas que superan los 35 kilómetros. Para aquellos que busquen una experiencia parecida a la que vieron los primeros peregrinos contemporáneos, el Camino Olvidado es perfecto. Representa así la alternativa norteña y montesa de este listado.

Ruta de la Lana, la senda de los pastores

Desde Alicante sale esta última ruta para expertos jacobeos. En este caso entremezcla varios aspectos que en ocasiones priman más que el propio Camino de Santiago. De hecho, desde su creación se basa en aprovechar los senderos trashumantes para alcanzar de forma segura Burgos. Especialmente en Castilla, entra en juego también la figura del Cid Campeador, cuyos pasos se siguen en parte.

puerto de alicante desde el castillo

Vistas al puerto de Alicante desde el castillo de Santa Bárbara | Shutterstock

Todo esto crea una amalgama de gran atractivo. Realizable gracias al señalizado de las asociaciones de Amigos del Camino locales, esta baza es peculiar al ser en la práctica más sencillo el inicio que el final de este enlace a la capital burgalesa y el Camino Francés. Alicante, Albacete y Cuenca hacen gala de una infraestructura superior a la que aguarda en Guadalajara, Soria o Burgos.

En estas la despoblación afecta más al trazado. Así, abundan los altos en pueblos diminutos y sin apenas servicios. En general, se puede considerar bastante similar al Camino Olvidado en cuestión de albergues. Aunque haya algunos, muchas veces habrá que tirar de polideportivos u hostales. Asimismo, el monte hace notables actos de presencia, como en la transición entre Guadalajara y Soria. De nuevo un buen estado físico es vital, así como una correcta planificación y saber llevar bien la soledad.