Recorrido por el Museo del Prado de Madrid
A nadie se le escapa que el Museo del Prado de Madrid, situado en el corazón del Paseo del Arte, es una de las mejores pinacotecas del mundo. Sin embargo, el tamaño del edificio y la cantidad de obras expuestas hacen difícil realizar un recorrido por el Museo del Prado de Madrid que deje satisfechos a todos, especialmente a los visitantes novatos.
Hoy te presentamos la primera parte de un itinerario que, si bien se deja algunas cosas en el tintero (el museo merece varios días de visita), saciará la sed artística de todos aquellos cuya visita sea parada obligatoria de su paso por la capital española. El Museo del Prado de Madrid es uno de sus principales atractivos turísticos con entre 2 y 3 millones de visitantes cada año. ¡Comenzamos!
De este momento histórico podemos encontrar obras como un autorretrato de Durero en el que aparece ricamente vestido. Su intención es la de arrogarse la dignidad del artista, superando así la del mero artesano. Es imprescindible no perderse dos grandes obras: El Descendimiento y El Jardín de las Delicias.
La primera, una obra de Van der Weiden pintada en la primera mitad del s.XV, es el paradigma de la pintura flamenca del momento. La composición, la minuciosidad y la profunda sensación plástica son las señas de identidad que pueden apreciarse en esta pintura. Representa el momento en el que Jesús es bajado de la cruz por parte de José de Arimatea, Nicodemo, María Magdalena y Juan Evangelista, del cual pueden verse incluso sus lágrimas mientras sujeta el cuerpo de la virgen María.
En forma de tríptico, la tabla izquierda representa el paraíso de Adán y Eva, así como la derecha representa el infierno. La tabla central, en cambio, representa el mundo terreno donde vemos un sinfín de símbolos como frutas o cristal que aluden a la frugalidad del placer perseguida por una multitud. Se trata de un cuadro moralizante que complementa estos símbolos con los castigos que vemos representados en la tabla del infierno.
Posterior a estos autores, a caballo entre el renacimiento y el barroco, nos topamos en el Museo del Prado de Madrid con la pintura de El Greco. En nuestro recorrido acudimos a ver una de sus pinturas más emblemáticas: El Caballero de la Mano en el Pecho.
Recientemente restaurada, la pintura es un arquetipo del retrato de finales del siglo XVI, con su gesto majestuoso y su mano en posición de juramento que lo llenan de dignidad. Pero es en La Trinidad donde pueden apreciarse mejor sus características figuras alargadas de aire manierista, así como sus potentes colores, aplicados con maestría en pinceladas sueltas pero efectivas.
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Llegamos hasta la gran sala de la primera planta donde nos encontramos con la obra cumbre de esta etapa artística: Las Meninas de Velázquez. El imaginativo ejercicio artístico que realiza en este retrato, algo inverosímil para la época, en el que el pintor representa la escena desde el punto de vista del retratado, nos da una idea de lo original y revolucionario de la obra.En el lienzo, uno de los mayores que pintó Velázquez, vemos a la infanta Margarita junto a sus damas de honor y meninas, entre otros sirvientes. También nos encontramos un autorretrato del propio pintor al que vemos con la cruz de la Orden de Santiago, y al fondo, reflejados en un espejo, Felipe IV y su esposa.
Este último cuadro que es otro ejemplo de la magnificencia compositiva de este pintor, en el que logra, mediante una cuidada composición helicoidal, la situación de dos grupos de figuras de manera simétrica y el juego de escorzos, generar una sensación espacial inigualable.
La rendición de Breda ante los tercios españoles queda representada en el lienzo con el gobernador holandés entregando la llave de la ciudad a Ambrosio de Spínola, quien le detiene en su tentativa de arrodillarse. Velázquez muestra al mismo tiempo el poder y la caballerosidad de la corona española.
Esto puede comprobarse en El Martirio de San Felipe; cuadro por las diagonales cruzadas que atraviesan su composición, en la que se pueden ver los preparativos para dar martirio al santo, tratados de forma naturalista. Este estilo tenebrista y naturalista se ve incluso mejor en otros cuadros de temática profana como Arquímedes, en el que representa al sabio griego como un viejo desdentado.
Completa este elenco barroco Bartolomé Esteban Murillo, el más tardío de ellos, pintor sevillano de temática religiosa que destaca por sus imágenes de la Inmaculada. De esta forma, la Inmaculada Concepción de El Escorial puede contemplarse también en este museo y en la que ya despuntan algunos rasgos del estilo rococó.
En La Adoración de Los Magos, lienzo de enormes proporciones pintado por el maestro flamenco Rubens, nos encontramos con la escena en la que Jesús, María y José reciben la visita y obsequios de los reyes de oriente. La escena nocturna está tratada con los característicos juegos de luces y sombras del pintor. Además, esconde una anécdota: A los veinte años de ser pintada, Rubens volvió sobre el lienzo para retocarlo y ampliarlo, completando esta grandiosa escena que es más del doble de grande que la original.
Se puede apreciar su característico tenebrismo, con un fuerte foco de luz lateral que ilumina zonas de la escena en la que David se está haciendo con la cabeza del gigante. Toda la violencia del combate queda escondida tras el rostro sereno del muchacho, implícita apenas por los puños fuertemente cerrados de los personajes.
De este pintor hallaremos numerosas obras en nuestro recorrido por el Museo del Prado. Se exponen obras de todas sus épocas, desde su etapa de pintor de cartones para tapices hasta sus últimas obras. En el Retrato de la Familia de Carlos IV vemos su afán por salirse de los convencionalismos. La familia posa en actitud distendida, incluso cariñosa, mientras que él mismo se autorretrata en uno de los lados del cuadro emulando a Velázquez, siempre utilizando una pincelada suelta que anticipa el impresionismo.
Esta actitud también la vemos en La Maja Desnuda, cuadro en el que representa a una mujer desnuda sin la excusa de un tema mitológico y que forma pareja con La Maja Vestida. En dicha dama, además, muchos estudiosos han querido ver un retrato de la Duquesa de Alba.
Con este cuadro y el llamado La Carga de los Mamelucos pretende inmortalizar, con todo su dinamismo y carga dramática, los acontecimientos históricos que desencadenaron la resistencia española contra el tirano de Europa. Hablamos de el levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses y la posterior represión sangrienta. Y no hay duda de que lo consiguió con dos cuadros cuya forma de ver el conflicto armado han pasado a la historia moderna.
Estas pinturas reflejan el estado anímico de Goya después de verse perseguido por ser afrancesado y haber sufrido la carestía de la guerra, es por ello que se consideran un anticipo de la pintura expresionista e incluso de la abstracción. Algunas de las más conocidas son Saturno Devorando a un Hijo, Perro Semihundido o El Aquelarre.