,No son pocos los ejemplos que se encuentran de cuadros españoles que iban a ser una cosa y terminaron siendo otra. Bien sea por el cambio de opinión del que lo encargó, bien sea porque el autor decidió hacer otra cosa, la cuestión es que esas cuadros españoles acabaron de forma diferente a la que habían empezado. Proyectos cancelados, obras inacabadas o lienzos reutilizados sirven para ilustrar este tipo de situaciones.

La pradera de San Isidro, de Francisco de Goya

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La pradera de San Isidro de Francisco de Goya del 1788 recrea la zona de Madrid situada entre la ermita de San Isidro y el río Manzanares. Al fondo se ve toda la ciudad de la que es fácil reconocer los principales monumentos como el Palacio Real o la iglesia de San Francisco el Grande. De hecho, esta obra es un boceto de un encargo de Carlos III a Francisco de Goya para la escena principal de un conjunto de tapices pensados para la decoración del dormitorio de las Infantas, hijas del futuro Carlos IV en el Palacio de El Pardo. Esta obra debía de medir al menos unos siete metros, pero la muerte de Carlos III interrumpió el proyecto. Quedó solo este boceto de 42 x 94 cm. Actualmente se expone en el Museo del Prado.

El hombre invisible, de Salvador Dalí

Salvador Dalí pintó, en 1932, El hombre invisible, obra de estilo surrealista. Actualmente se encuentra en el Museo Reina Sofía de Madrid. Esta obra está inacabada y es un ejemplo experimental de plasmar imágenes de doble sentido. Dalí se inspiró en un libro del antiguo Egipto por un lado y en las pinturas de Giuseppe Arcimboldo por otro. El autor consideraba a ese Hombre Invisible como un protector capaz de exorcizar todos sus temores, aunque al parecer pensaba en una campesina a la que él y Gala compraron su primera casa en Port Lligat. De ahí esa figura sentada de grandes proporciones formada por diferentes objetos e integrada en el paisaje.

Retrato de Juan Martínez Montañés, de Diego Velázquez

Retrato de Juan Martínez Montañés de Diego Velázquez

Retrato de Juan Martínez Montañés, de Diego Velázquez

Este óleo de 1635 realizado por Diego Velázquez lleva el nombre del escultor Juan Martínez Montañés y se considera uno de los retratos de artistas más importantes del siglo XVII a pesar de tratarse, una vez más, de una pintura inacabada. En la obra el artista se encuentra modelando una cabeza de Felipe V, aunque fija su mirada en los espectadores dando justamente importancia a lo que hay en su mente y no a su actividad manual. Sus vestiduras tampoco denotan una actividad artesanal y Velázquez pretende denunciar esa falta de reconocimiento social del artista. Se encuentra expuesto en el Museo del Prado de Madrid.

El viejo guitarrista ciego, de Pablo Picasso

Cuadro de 1903, El viejo guitarrista ciego, de Pablo Picasso, trata aparentemente de un retrato protocubista en el que un anciano harapiento toca una guitarra en la calle. Pero esta obra esconde algo más, el retrato de una mujer desnuda sobre un fondo azul. Esta obra esconde una obra que jamás debería de haber visto la luz ya que Picasso recicló el lienzo. Dos científicos del University College London descubrieron el secreto oculto a través de una combinación de radiografías y redes neuronales artificiales, una técnica muy reciente en nuestros días. Este sistema permitiría ampliar la comprensión del proceso creativo de un artista gracias al uso de la tecnología.

La condesa de Chinchón, de Francisco de Goya

La Condesa de Chinchón, de Francisco de Goya

La Condesa de Chinchón, de Francisco de Goya

Otra de las obras de Francisco de Goya, La condesa de Chinchón, del 1800, revela que fue pintado encima de un lienzo ya utilizado por el artista. Este retrato corresponde a María Teresa de Borbón y Vallabriga. Sobrina de Carlos III, estaba casada con Godoy por decreto de Carlos IV y embarazada de este de su única hija en común, Carlota. Este matrimonio sirvió, por un lado, para elevar al hombre de confianza de la familia real, y por otro para rehabilitar a esa parte de la familia que había sido en su momento apartada de la corte. El estudio del cuadro ha revelado en su radiografía un retrato en pie de Godoy y otro menos visible de un caballero joven que lleva en el pecho la cruz de la orden de San Juan de Malta.

La habitación azul, de Pablo Picasso

La nueva tecnología ha revelado un cuadro secreto debajo de la obra La habitación azul de Pablo Picasso pintada en 1901. Curiosamente fue el propio autor el que un día dijo que “solo hay una forma de ver las cosas, hasta que alguien nos muestra cómo verlas con otros ojos”. No se refería a la opción de utilizar los rayos X, pero han sido estos los que han permitido descubrir algo sorprendente. Debajo de esta obra, en la que se puede apreciar a una mujer inclinada en una bañera, se esconde una misteriosa pintura oculta. El retrato de un hombre barbudo con pajarita. La reutilización de lienzos era una práctica común para Picasso ya que en aquel momento era bastante pobre.

Retrato de Felipe IV, de Diego Velázquez

Retrato de Felipe IV, de Diego Velázquez

Retrato de Felipe IV, de Diego Velázquez

El retrato de Felipe IV de Diego Velázquez, pintado en 1623, representa una imagen austera de un monarca de poco más de veinte años. Un traje sobrio, carente de joyas y adornos es un ejemplo claro del simbolismo reformista de atención al bien público que caracterizó el inicio del reinado. El retrato es fruto de la manipulación de una obra anterior del propio autor. Ha sido descubierta gracias a las radiografías, versiones y copias existentes de esta obra.