Ubicada a las faldas de las sierras de Caballera y Gratal, en Huesca, se encuentra la villa de Bolea. Fue posesión romana y, posteriormente musulmana, hasta que en 1101 el rey Pedro I la incorpora al reino cristiano de Aragón. Así pues, esta localidad oscense ofrece una interesante mezcla de arquitectura popular propia de la zona, además de un más que considerable patrimonio histórico y artístico.

Pero si hay un monumento que destaca por encima de los demás en Bolea es la Colegiata de Santa María la Mayor. Este desconocido templo es un inigualable y maravilloso ejemplo del gótico tardío en España. Además de los magníficos retablos que atesora, merece la pena contemplar la panorámica de la Hoya de Huesca que ofrece su localización

Breve historia del templo

La Colegiata de Bolea

La Colegiata de Bolea | Shutterstock

La colegiata se construyó entre los años 1541 y 1559, según un proyecto del guipuzcoano Pedro de Irazábal, en el punto más elevado de Bolea. Sus muros se asientan sobre lo que fue una antigua fortaleza árabe del siglo X que servía de defensa contra los ataques cristianos del norte. La torre y la base aún conservan restos de este castillo. Asimismo, cabe destacar que se aprovecharon los cimientos de una iglesia románica anterior para llevar a cabo su construcción. De esta edificación, se mantienen la torre-campanario y una cripta bajo el presbiterio, descubierta en 1793.

Fue Priorato de la Capilla Real de Montearagón hasta 1571. A partir de entonces, pasa a formar parte de la diócesis de Huesca como colegiata. Declarada Monumento Nacional en 1983, actualmente su nombre oficial es Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor. En 1991, se creó la Asociación de Amigos de la Colegiata de Bolea, quien se responsabiliza de su mantenimiento y protección, así como de su promoción turística.

Transición del gótico al renacimiento

Interior de la Colegiata de Bolea

Interior de la Colegiata de Bolea | ecelan, Wikimedia

Esta iglesia colegial tomó como ejemplos constructivos la Catedral del Salvador de Zaragoza y la Catedral de Barbastro, también emplazada en Huesca. Con una planta de salón (rectangular) consta de tres naves de igual altura, cabecera, coro y capillas laterales entre los contrafuertes. El templo está cubierto con bóvedas estrelladas de crucería, decoradas hasta con 14 motivos diferentes.

Junto a los ya citados elementos de tradición gótica, coexisten otros renacentistas, lo que da buena muestra de su estilo de transición. Arcos de medio punto, columnas anilladas, semipilares cilíndricos, fuste acanalado y capiteles con ovas, dardos y elementos vegetales completan el conjunto arquitectónico de la colegiata. El revestimiento integral de sus muros interiores está hecho de argamasas y yeserías. La portada de estilo manierista fue llevada a cabo por el escultor romanista Juan-Miguel de Orliens. Su oficial cantero, Juan de Escorz, le ayudó a labrarla en el año 1611.

El retablo mayor, su joya más valiosa

Retablo mayor

Retablo mayor | ecelean, Wikimedia

El Retablo Mayor fue realizado entre 1490 y 1503, por lo que perteneció al antiguo templo románico. Esta pieza es, sin lugar a duda, la joya más valiosa que esconde la Colegiata de Santa María la Mayor de Bolea. Está constituido por una veintena de tablas pintadas al temple y unas 57 tallas de madera policromada. Para su creación se emplearon maderas de ciprés, nogal, cerezo y pino, traídas de Flandes. El trazado es gótico y su estructura está formada por un banco, un cuerpo con cinco calles y tres pisos. El tabernáculo expositor de estilo gótico-mudéjar sirve de peana a la talla principal de la Virgen de la Asunción. El autor de esta obra es el maestro flamenco Gil de Brabante que seguía las enseñanzas de la escuela de Bruselas.

Pero lo más excepcional de este retablo son las pinturas realizadas por el conocido como “Maestro de Bolea”. El maestro era un pintor anónimo que introdujo importantes novedades en el arte pictórico de España provenientes de dos corrientes. Por un lado, la tradición flamenca, por su resolución del concepto espacial, la aparición del sentimiento en los personajes, el naturalismo de las plantas y su rico colorido. Por otro, la del Quattrocento italiano, que muestra de forma innovadora la perspectiva, la iluminación y el sombreado. El estilo de este pintor está vinculado con la obra de los artistas Juan de Borgoña y Pedro Berruguete.

Retablo de Santiago y de San Sebastián

Retablo de Santiago

Retablo de Santiago | ecelean, Wikimedia

El Retablo de Santiago ha sido atribuido al taller de Damián Froment, aunque estudios recientes atribuyen la escultura al francés Gabriel Joli. En el cuerpo aparecen las imágenes de Santiago, peregrino, San Juan Bautista y San Miguel. Mientras que en la predela se pueden observar la Epifanía, el Descendimiento y el Nacimiento. A sus pies, se ubica una fosa común donde se han depositado los restos de personas que fueron enterradas en las tumbas del pavimento de la colegiata.

El Retablo de San Sebastián fue realizado en 1503. Las tallas gótico-flamencas de Gil de Brabante representan a San Roque, San Nicasio, San Sebastián, San Blas y San Pedro de Verona. Las siete tablas de pintura del banco son obras de Pedro de Aponte y Pedro de Dezpiota a los que se les pidió realizarlas tomando como referencia el Retablo Mayor.

Retablos barrocos y coro

El resto de los retablos de la colegiata, el de la Virgen del Pilar, el de la Virgen del Rosario, el de San Vicente, el de Santa Bárbara y el de la Crucifixión, pertenecen a la época barroca. De recargada decoración, su talla está hecha en madera de pino rojo aragonés y cuentan con columnas salomónicas. La excelente factura de estos se puede apreciar mejor en el de San Vicente y el de Santa Bárbara, los únicos que no fueron recubiertos de pan de oro.

El coro, sobrio y elegante, está realizado en madera de nogal y roble. Este era el lugar dónde se reunía el cabildo de canónigos y racioneros de la colegiata para cantar el oficio gregoriano y la misa. Los medallones de los reposabrazos de los asientos fueron decorados con motivos alquímicos como la Rosa de Ripley, la Flor de Lis, el agua, el aire, el fuego… El facistol giratorio contiene los libros de los salmos manuscritos por los monjes de la orden servita del convento de la Trinidad de Bolea en el siglo XVIII.