Joaquín Sorolla es un pintor histórico, uno de los grandes maestros que ha dado España en el arte de la pintura. Su genial trayectoria, de más de 2.200 obras, sigue siendo admirada y estudiada en todos los rincones del mundo.

La calidad de sus cuadros está fuera de toda duda. Sorolla llegó a un conocimiento brutal de la técnica, el color, la pincelada y la composición. Todo fue fruto del trabajo y de la vocación más genuina. Se puede afirmar tranquilamente que la obra de Sorolla está a uno de los niveles más altos de la pintura española. Pero, ¿de dónde surgió su inspiración? ¿Qué lugares evocaron su arte? ¿Cuál fue su relación con la región de Andalucía y cómo influyó en su obra?

Un primer viaje decepcionante y una gran reconciliación

Casa-Museo de Sorolla en Madrid

Casa-Museo de Sorolla en Madrid | Shutterstock

Hay que partir de los inicios. Sorolla visitó por primera vez Andalucía en 1902, con casi 40 años, ya en su madurez artística. Pisó Sevilla, Córdoba, Granada y Cádiz. Tuvo tiempo para investigar y empaparse de las peculiaridades de la región. Sin embargo, en esa primera incursión en Andalucía no volvió entusiasmado, sino todo lo contrario. La sintió vulgar y decimonónica. Por algún motivo no le gustó el carácter andaluz de algunos aristócratas ni algunas de sus costumbres culturales, como el flamenco y los toros.

Fue a raíz de una segunda visita cuando su concepción cambió, dando un giro de 180º. Quedó obnubilado por el color de esta tierra, por sus más bellos rincones, por los jardines que fue viendo, por la luz y la calidez andaluza. Pronto hubo una tercera visita, una cuarta, una quinta… Llegó un momento en que hizo habituales sus viajes a Andalucía. Cuentan los historiadores que era frecuente verlo caminar cerca de los principales monumentos con un cuaderno en el que anotaba ideas y bocetos.

Sorolla fue un gran estudioso de la arquitectura andaluza

Sorolla, del que está documentado que era un pintor serio, ordenado y disciplinado, se tomó muy en serio retratar Andalucía de forma fidedigna. Lo veían meditando, tomando notas y dibujando por las calles. Le fascinaba especialmente la Semana Santa, una manifestación religiosa que admiraba y que plasmó en pinturas como Nazarenos. También retrató la belleza de las gitanas, de las que pintó varios cuadros a cual más impresionante.

El jardín de su casa, ahora museo, está inspirado en lo que Sorolla encontró en Andalucía

El jardín de su casa, ahora museo, está inspirado en lo que Sorolla encontró en Andalucía | Shutterstock

Su último viaje a tierras andaluzas fue en 1918, en el cual fue terminando sus pinturas sobre los jardines del Alcázar. Esta serie de obras fue influencia directa para la construcción de su jardín, hoy día convertido en el Museo Sorolla de Madrid. Empujado por su éxito económico, Sorolla construyó una casa-museo al más puro estilo de los vergeles andaluces. El recinto está formado por un bellísimo patio y tres jardines.

Pese a que el inicio de su relación fue, digamos, difícil, Andalucía acabó siendo muy importante en la obra de Sorolla. Basta con ver el catálogo de cuadros que están ubicados en territorio andaluz. Más de una treintena de obras en las que firmó Sierra Nevada, María la Guapa, Los Toreros, La Caleta, Puente de Triana o Fuente del Alcázar entre otros cuadros.

Algunos historiadores encuentran reminiscencias de la obra del poeta Juan Ramón Jiménez en las pinturas de Sorolla, y no es de extrañar, pues fueron contemporáneos, se llegaron a conocer y tenían una sensibilidad similar. También se descubren en sus cuadros influencias de otros pintores míticos españoles como Diego Velázquez o incluso El Greco.

Especial devoción por Sevilla y Granada

Jardines del Real Alcázar de Sevilla

Jardines del Real Alcázar de Sevilla | Shutterstock

Dos ciudades andaluzas fueron especiales para Sorolla. La primera, como ya se ha mencionado, fue Sevilla, con la que tuvo una relación de amor-odio. Él mismo llegó a reconocer que había cosas que le fascinaban y otras que sentía muy lejanas a su forma de ser, como, por ejemplo, los toros, que le resultaban una aberración debido al maltrato animal. Sin embargo, sí que estaba enamorado de los jardines, de las calles históricas y del semblante natural de Sevilla. Pintó muchos cuadros estilo paisaje. El Alcázar fue clave en su sentir luminoso e impresionista.

La segunda ciudad que lo cautivó fue Granada. La primera vez que pisó Granada, en marzo del año 1902, Sorolla se entusiasmó con Sierra Nevada. Nunca había visto algo similar en España. Esos paisajes nevados y esa peculiar orografía daba mucho juego pictórico. Pero si hay una cosa que quedó para siempre en sus retinas, esa fue la Alhambra. Se llegó a hospedar en un hotel que estaba justo en frente a la Puerta de los Siete Suelos.

La Alhambra de Granada conquistó a Sorolla

La Alhambra de Granada conquistó a Sorolla | Shutterstock

Entraba cada día a estudiar ese maravilloso complejo monumental, su arquitectura y colores, y allí abocetaba los numerosos encargos en los que estaba involucrado. El arte andalusí era para él un torrente de inspiración. Pintó en varias ocasiones la Torre de los Siete Picos, el Mirador de Lindaraja o el Patio de Arrayanes, por poner ejemplos. Pero no se reduce a la Alhambra su experiencia granadina. Sorolla paseó por las calles más míticas y pintó algunos encuadres desde el Albaicín y otras de sus bonitas calles.

En Andalucía, Sorolla explotó al máximo la relación entre fotografía y pintura. Le sacó enorme provecho. Fotografiaba para documentarse. Ese fue uno de los métodos de referencia para estudiar lo que veía a su alrededor y recrearlo sobre el lienzo. Su relación con su mentor, Antonio García, es clave en su obra y en el tratamiento de la iluminación en sus cuadros.

Andalucía, vital en su camino hacia el modernismo

Ilustración de la Alhambra, obra de Sorolla

Ilustración de la Alhambra, obra de Sorolla | Shutterstock

Andalucía fue la llave hacia el modernismo de Sorolla, una época en su arte más luminosa, sensual y natural. Toda su madurez creativa desembocó en este periodo, en el cual creó cuadros increíbles. Un antes y un después en el que firmó algunas de sus mejores obras.

Ha habido, a lo largo de la historia, numerosos homenajes, estudios y guías sobre la relación entre Andalucía y Sorolla. Incluso existen rutas por el Alcázar y por la Alhambra en la que siguen sus pasos como pintor, haciendo un recorrido por los retratos de sus cuadros. Y es que Andalucía y Sorolla son indisociables. No se entienden la una sin el otro. La primera quedó retratada de forma excelsa por el pintor valenciano, siendo un pintor referente en su imaginario cultural, y el artista quedó prendado para siempre de su embrujo y belleza. Una relación para la eternidad.