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Me sienta mal la leche” o “me duele el estómago después de tomarme un yogur” son unas de las muchas frases que se oyen cuando comienzan los síntomas. Según un estudio de la Sociedad Española de Patología Digestiva, entre un 30% y un 50% de los españoles padecemos intolerancia a la lactosa. Pero, ¿sabemos realmente porqué se produce este rechazo?

La leche posee un azúcar natural conocido como lactosa. Si digieres mal la lactosa quiere decir que tu cuerpo no genera lactasa, la enzima que se encarga de procesar los azúcares que forman la lactosa. La competencia de esta enzima es dividir la lactosa en glucosa y galactosa. Cuando esta fase no se produce el organismo no absorve la lactosa, lo que acaba provocando molestias como náuseas, gases, y cólicos abdominales entre otros efectos. Esta procesamiento fallido o digestión lenta se da entre la media hora y las dos horas después de haber consumido un alimento con lactosa. Todo depende del grado de intolerancia que se padezca.

La leche sin lactosa es la alternativa perfecta para aquellos que padecen de intolerancia a este azúcar natural. En el supermercado podemos encontrarla de todas las variedades: entera, semidesnatada y desnatada, incluso algunas te ofrecen calcio extra. Sin embargo, ¿conocemos bien lo que consumimos?

Verdades y mentiras sobre la leche sin lactosa

Según el estudio “Descubriendo al consumidor de leche sin lactosa 2013” el 34% de los consumidores habituales que prueban la leche sin lactosa deja de beberla debido a su sabor demasiado dulce. Por lo tanto, el mito en torno a que la leche sin lactosa sabe igual que la normal es falso. Esto es debido a que a la leche sin lactosa se le añade la enzima lactasa para que el consumidor la digiera correctamente. Este proceso provoca que en la leche se forme glucosa y galactosa. Por lo que, lejos de pensar que debería ser más amarga debido a que se le priva del azúcar natural de la leche, pasa todo lo contrario. Eso sí, los avances en la industria alimentaria han conseguido que el sabor se parezca cada vez más al de la leche normal.

Otra de las cosas que quizás habrás escuchado es que es bueno tomar leche sin lactosa “por si acaso” o el clásico “más vale prevenir que curar”. Error. Si sientes que tienes intolerancia a la lactosa debes acudir al médico, nunca se debe recurrir al autodiganóstico. Y si lo haces como persona precavida, descartar los lácteos en nuestra dieta podría tener consecuencias muy negativas. El calcio no sólo es bueno para los huesos, su crecimiento y densidad, sino que también ayuda a mantener vigilada la presión arterial alta. La leche de almendras u otras de origen vegetal también son una buena alternativa en vez de la leche de siempre o si no te gusta el sabor de la leche sin lactosa.

Que la leche sin lactosa aporta menos calorías que la normal no es verdad. Tiene las mismas calorías, por lo que el contenido total de azúcares en ambas bebidas es igual. Por otra parte, una verdad que muchos echan por tierra es que la leche sin lactosa posee los mismos nutrientes que la normal y puede ser una buena base de una dieta saludable. La leche sin lactosa contiene las mismas vitaminas y minerales (como el potasio), ayuda a prevenir la osteoporosis y contiene hidratos de carbono. Es la mejor alternativa para los intolerantes a la lactosa.

Alternativas con mucho calcio

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Si buscas reforzar tu fuente de calcio no tienes que centrarte sólo en beber leche y en consumir otros productos lácteos. Si quieres mantener una buena salud ósea, existen otros alimentos que te aportan la misma cantidad de calcio o incluso más. La cantidad diaria recomendada para un adulto es de 1.000 miligramos.

  • Las sardinas son una gran fuente de calcio. Contienen vitamina D que ayuda a la absorción por parte de los huesos y a regular su nivel en la sangre. Por ejemplo, las sardinas de lata presentan 314 miligramos de calcio por 100 gramos. Esto equivale a un vaso de leche.
  • Además de otros lácteos como el queso, las almendras pueden comerse para aumentar el nivel de calcio en nuestro cuerpo. Si nos tomamos a media mañana 40 gramos de almendras conseguiremos absorver 110 miligramos de calcio.
  • La col rizada y el sésamo son dos alimentos muy sanos que deberías incluir en tu alimentación diaria. Además de por sus otros muchos beneficios y propiedades, comiendo 100 gramos de col lograrás retener 150 miligramos de calcio y con 2 cucharadas de sésamo 98 miligramos de calcio.

 

 

 

 

 

 

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