La cerámica de Toledo cuenta con centros cerámicos ya desde la época romana al menos, siendo la capital y las ciudades de Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo los tres focos principales. Durante la Edad Media, en la ciudad de Toledo ya se fabricaban cerámicas en la época Taifa. En los siglos XIV y XV los alfareros mudéjares fabricaron típicas cerámicas y azulejería con la técnica de la cuerda seca, así como brocales de pozo y pilas bautismales con vidriados y decoraciones estampilladas. En los siglos XVI, XVII y XVIII, por influencia talaverana, florece la industria azulejera creando zócalos y murales con escenas figuradas pintadas sobre cubierta estannífera.

Desde la Edad Moderna la cerámica de Talavera de la Reina llega a tal preponderancia en España que incluso la palabra cerámica llegó a ser sinónimo de “talavera”. Por influencia de la cerámica sevillana, en el siglo XVI, la cerámica de Talavera pasó de las técnicas mudéjares a la cerámica de estilo renacentista, con esmaltes pintados sobre cubierta estannífera, decorando jarrones, platos y múltiples formas, así como azulejos en grandes composiciones para zócalos y murales, e incluso grandes retablos de cerámica de Talavera para los altares de las iglesias.

Otra localidad con una cerámica toledana de prestigio es Puente del Arzobispo, localidad vecina de Talavera de la Reina y, en gran parte, con una producción influida o en paralelo con ella. En los siglos XIX y XX la cerámica de Puente del Arzobispo adquiere una personalidad más popular y con un típico característico verde esmeralda que la diferencia de la vecina cerámica de Talavera de la Reina. Grandes familias con varias generaciones de alfareros y ceramistas como los Sanguino, Pedro de la Cal, y últimamente la conocida “Cerámica Cruz”, siguen actualmente la tradición alfarera.

A principios del siglo XX, y en relación con el fenómeno artístico de los historicismos que se desarrolla en toda España, se produjo en Talavera de la Reina y en la capital Toledo, un gran resurgimiento de la cerámica artística. En1908 se funda la célebre fábrica Nuestra Señora del Prado, gracias, entre otros, al pintor y ceramista Enrique Guijo y al pintor y fotógrafo Juan Ruiz de Luna, cuya labor continuarán sus hijos y nietos, inspirándose en las cerámicas renacentistas y barrocas talaveranas. En Toledo, la recuperación llegó de la mano del escultor y ceramista Sebastián Aguado, que fue profesor de la recién creada Escuela de Artes y Oficios. En la segunda mitad del siglo XX se produjo un nuevo fenómeno de modernización de la cerámica toledana con la llegada, procedente de Puente del Arzobispo, del alfarero Sanguino, que creó unas decoraciones pseudopicassianas sobre un esmalte blanco rugoso, algunos de cuyos modelos fueron diseñados por pintores como Zabaleta o Javier Clavo, y que se convirtieron en símbolo de la artesanía cerámica toledana de cara al turista. En la actualidad, descendiente de la misma familia, el diseñador y ceramista Pablo Sanguino sigue en Toledo creando nuevas decoraciones dentro de una estética vanguardista más asociada al informalismo y expresionismo.

En relación con la alfarería, la localidad de Villafranca de los Caballeros  es uno de los centros clásicos con alfareros como los Peño que, además de formas tradicionales para agua como cántaros y otras más curiosas como las caracolas, han creado nuevas formas artísticas orientadas al turismo. Destaca el último miembro de esta generación de alfareros, educado además de en la tradición familiar, en la Escuela de Cerámica de Madrid, habiendo recibido en los últimos años muchos premios nacionales e internacionales. En la última edición de la Feria de Arco recibió el premio al artista joven, algo inusual en el mundo de la cerámica contemporánea, casi invisible en este tipo de certámenes. En Consuegra, en la primera mitad del siglo XX todavía había cuarenta alfares, pasando a cinco en 1966. Se fabrican cerámicas con vidriados para cocina como los pucheros y las cazuelas, y piezas para agua como cántaros y botijos. En Cuerva había en el siglo XVIII tres alfares de vidriado ordinario, y en 1966 quedaba sólo el del alfarero Mariano Gómez Pina, que enseñó el oficio a su hija Alicia. La producción consiste en ollas, pucheros, cazuelas, botijos y cántaros. La pieza más típica es la conocida como olla maja, que formaba parte del ajuar de la novia y que se decoraba con engobes con motivos vegetales, animales y leyendas. En Ocaña se fabrican piezas para agua como el botijo, con arcillas que, tras la cocción, quedan muy blancas al añadir sal durante el proceso y que son las que tienen fama en la Mancha de hacer el agua más fresca.

Texto del Dr. Abraham Rubio Celada, Asesor de cerámica de la Fundación Zuloaga y Socio de Ecra Servicios Integrales de Arte.

A continuación nuestra selección de creadores de cerámica de Talavera y otras escuelas de cerámica de Toledo.

TOLEDO

Imagen principal: Antonio Tajuelo