Sevilla ya en época romana fue un gran centro productor de alfarería, donde con el barro del río Betis se construían las ánforas donde se guardaba el aceite para su transporte en barco hasta Roma. Es significativo que la cerámica de Sevilla esté íntimamente ligada desde entonces a la ciudad, pues las sevillanas Justa y Rufina —de familia de alfareros cristianos—  murieron martirizadas en el siglo III y son las patronas del gremio de los alfareros.

En la época árabe el desarrollo de la cerámica de Sevilla continuó con nuevas como la esgrafiada de época almohade y la de cuerda a seca. Destaca la cerámica aplicada a la arquitectura con ladrillos, como la que se puede apreciar en la Giralda o en la Torre del Oro.

En la Edad Moderna la cerámica de sevilla se producía principalmete en el barrio de Triana, donde estaban instalados la mayor parte de los alfareros. Y aquí llegó a finales del siglo XV el italiano Niculoso Pisano, con el que se produjo un nuevo rumbo en la cerámica. Introdujo la técnica de los esmaltes pintados sobre cubierta, haciendo verdaderos cuadros sobre azulejos esmaltados; destacan entre sus obras el altar de Isabel la Católica en los Reales Alcázares de Sevilla. También desarrolló la técnica llamada de «cuenca sobre azulejos», por llevar el dibujo hecho como una línea en relieve y las zonas rehundidas con esmaltes de colores.

En los siglos XVII y XVIII la cerámica esmaltada sevillana estuvo influida por la cerámica talaverana y posteriormente por la cerámica de Alcora; las escenas más representadas por los ceramistas fueron las de caza de carácter popular. Los grandes lebrillos típicos del siglo XIX se siguieron haciendo hasta principios del siglo XX.

En el siglo XIX se produjo un nuevo acontecimiento que revolucionó la cerámica sevillana, debido a la instalación en 1841, en la Isla de la Cartuja, de la fábrica de loza estampada del inglés Charles Pickman. Hasta hace pocos años esta fábrica ha estado activa, saliendo de sus hornos miles de vajillas estampadas dentro de lo que se ha llamado cerámica burguesa.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se produjo un nuevo esplendor de la cerámica sevillana, coincidiendo con el auge del interés por los historicismos y regionalismos en toda España. Reputados pintores —como Manuel Arellano, Alfonso Romero, Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela o Antonio Kiernam— trabajaron en los destacados talleres de Montalbán, Ramos Rejano o Mensaque. En todo este renacer de la cerámica artística inspirado en los antiguos modelos mudéjares, renacentistas y barrocos influyó la figura del historiador José Gestoso; pues éste estudioso fue quien creó y pintó modelos que luego se repetirían en esas fábricas, dotándole de una veracidad y autenticidad a esas producciones.

En relación con la alfarería, en la provincia de Sevilla hubo importantes centros. En Lora del Río, a principios del siglo XX todavía había dieciséis talleres donde se fabricaban grandes lebrillos de lavar y tinajas, así como cántaros, queseras y pucheros. En Osuna, muy relacionada con la anterior, se fabricaron piezas para agua como cántaros y tinajas, y piezas para fuego como anafres. En Lebrija son típicas las producciones de cántaros y otras piezas para agua. En Morón de la Frontera se fabricaron principalmente cántaros, botijas, ollas y pucheros.

En la actualidad son muchos los artesanos de cerámica de Sevilla que siguen trabajando sus piezas de forma tradicional, al tiempo se han incorporado nuevas generaciones de ceramistas que siguen las últimas tendencias de la cerámica contemporánea más vanguardista. En el directorio explicamos quienes son los que trabajan cerámica de Sevilla actualmente:

Texto del Dr. Abraham Rubio Celada, Asesor de cerámica de la Fundación Zuloaga y Socio de Ecra Servicios Integrales de Arte.

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