Lugares Fascinantes en Cantabria

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España / Cantabria / Santander
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Grabado de Braun

Entrega de llaves a Alfonso XIII

Gran Casino del Sardinero

Hotel Real

Playa de Mataleñas

Playa de Bikini

Vista de la bahía en Reina Victoria

Palacio de Festivales

Museo Marítimo del Cantábrico

Edificio Siboney

Real Club Marítimo

Homenaje a los raqueros

Casas del muelle

Banco de Santander

Monumento a Concha Espina

Monumento a José Mª de Pereda

Palacete del Embarcadero

Estación del Ferry

Cripta del Cristo

Catedral de Santander

Sepulcro de Menéndez Pelayo

Plaza Porticada

Iglesia de la Compañía de Jesús

Mercado de La Esperanza

Ayuntamiento de Santander

Biblioteca de Menéndez Pelayo

Datos prácticos

Coordenadas
43° 27′ 46″ N, 3° 48′ 18″ W

Distancias

Bilbao 111 km, Burgos 159 km,

Madrid 398 km

Aparcamiento
Gratuito en el Sardinero, el Paseo

Reina Victoria y en la Playa de El Camello. De pago en aparcamientos de

Puertochico (Castelar 13), Plazuela de Pombo y Ayuntamiento, entre otros

Altitud 15 m

Habitantes 177 123 (2013)

Fiestas

Virgen del Carmen (16 de

julio), Santiago Apóstol (25 de

julio), San Emeterio y San

Celedonio (patronos de la ciudad,

29 de agosto)

Eventos lúdicos tradicionales

Recreación de Los Baños de ola

(una semana en julio), Semana Grande

(en torno a Santiago, julio)

 

Recomendaciones

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Tapeo

Bodega Fuente Dé, Días de Sur, El Machi, Bodegas La Conveniente, Las hijas de Florencio, El Solórzano

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Comidas

Balneario de la Concha, Bodega Cigaleña, Restaurante Bar del Puerto, Cañadío, Casa de comidas Tetuán, Deluz, El Cocinero, El Machi, La Bombi, La Mulata, Marucho, Posada del Mar, Zacarías  

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Alojamiento

Hotel Real, Hotel Bahía, Gran Hotel Sardinero, Hotel Silken Río Santander, Hotel Central, Vincci Puerto Chico, Chiqui  

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Alimentos tradicionales

Rabas (calamares rebozados), chipirones (calamares pequeños), bocartes rebozados, caracolillos (bígaros), marmita de bonito, anchoas

Queso de Nata de Cantabria con D.O.P.

Repostería: Sobaos Pasiegos con I.G.P., quesada

 

Artesanos y comercio singular

 

Alrededores

Junto al Palacete del Embarcadero salen las “lanchas” de Los Reginas que, además de ofrecer distintos paseos por la bahía -entre los que se recomienda la ría de Cubas-, se dirigen a las Playas de El Puntal y Somo o al pueblo de Pedreña
Parque Natural de las Dunas de Liencres, en la desembocadura del río Pas (4 km)

Parque de Cabárceno (26 km), zoo con más de 120 especies en semi-libertad

 
Fundación Botín

Ateneo

Iglesia de Santa Lucía

Casa de los Arcos de Botín

Edificio Correos

 

Santander

La ciudad renovada en la hermosa bahía

Miembro del “Club de las bahías más bellas del mundo”, Santander es una acogedora ciudad, moderna, cosmopolita y con una intensa y variada vida cultural. Una urbe que ha superado unas terribles catástrofes que dejaron huella en su urbanismo.

Historia de Santander

El lugar que ocupa ahora Santander era conocido en la primera época romana como Portus Victoriae y, a partir del III d. C., sería llamado Sancti Emeteri, vocablo que posiblemente derivaría en Santander. Una leyenda narra la llegada al puerto de una barca de piedra que transportaba las cabezas de los mártires cristianos San Emeterio y San Celedonio, decapitados en el siglo III. Las reliquias se guardarían en un templo en el lugar de la actual catedral y los santos serían nombrados patronos de la localidad.
En 1187 el rey Alfonso VIII de Castilla nombró Señor de Santander precisamente al abad de este monasterio de San Emeterio, concediendo a la nueva villa un fuero similar al de Sahagún, que favorecería el comercio y que la localidad formara parte de la Hermandad de las Cuatro Villas (junto con San Vicente de la Barquera, Laredo y Castro Urdiales
En 1248 algunas naves de Santander, participaron en la reconquista de la ciudad de Sevilla. La gesta se basó en el corte de las cadenas del puente que unía las orillas del río Guadalquivir, que permitió a los barcos cristianos remontar el río. Debido a este hecho histórico, un galeón, el Guadalquivir y la Torre del Oro aparecen reflejados en el escudo de la ciudad, junto con las cabezas de los santos mártires Emeterio y Celedonio.  
La autoridad ejercida por el abad no impedía sin embargo que la titularidad de la villa fuera del rey castellano. Por ello, en 1466, el monarca Enrique IV se consideró con el derecho de ceder la ciudad al marqués de Santillana. Este hecho provocó que la población se sublevara y que la decisión fuera revocada al año siguiente.
En 1497, el virus de la peste centroeuropea llegó en un barco que hizo escala en la villa y el virus diezmaría de tal modo al vecindario que éste no pudo recuperar su población hasta tres siglos después.
En 1748 se abrió el Camino de las Lanas para facilitar a Castilla el acceso a un puerto comercial que permitiera eludir los puertos francos de Vizcaya y Guipúzcoa, donde no se cobraban impuestos y a través de los cuales había un contrabando masivo. Esto contribuyó a relanzar la actividad de la dársena santanderina y a aumentar su población. Seis años después, la Iglesia nombró un obispo de Santander, transformándose la colegiata en catedral y aumentando con ello la población clerical. En 1755 recibió el título de Ciudad y en 1783 se dispuso un Consulado que regulara el tráfico marítimo. Unos años más tarde, en 1833, se constituyó la provincia de Santander, estableciéndose su capital en la ciudad.

Primera playa del Sardinero con el Casino y el Hotel Real al fondo

A mediados del siglo XIX los médicos seguidores de teorías higienistas recomendaban “tomar las aguas” como remedio de ciertas enfermedades. El Sardinero, hasta entonces despoblado, comenzó a desarrollarse gracias a la moda de los “baños de ola”. En 1861 la reina Isabel II veranearía  unos días en la playa de El Sardinero, costumbre que intensificaron el rey Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia. En 1908, la ciudad regaló al monarca los terrenos de la península de la Magdalena, donde fue construido el palacio en el que veranearon los reyes hasta 1931. En pocos años la ciudad se transformó con la construcción de algunos de sus edificios más emblemáticos, como el Gran Casino y el Hotel Real, centros de una intensa vida social.
En época contemporánea la localidad sufrió dos tremendas catástrofes, que se sucedieron en un intervalo de cincuenta años. En noviembre de 1893 explotó el carguero Cabo Machicaco, que transportaba un gran cantidad de explosivos, causando la muerte de 590 personas y 525 heridos (el equivalente al 2% de la población censada) y haciendo desaparecer la primera hilera de casas próxima al puerto. Para hacerse una idea de la magnitud de la explosión, el ancla del barco apareció a varios kilómetros de distancia. La segunda tragedia tuvo lugar en febrero de 1941 cuando un gran incendio arrasó casi por completo el casco antiguo o Puebla Vieja, situada en el cerro de Somorrostro. Durante dos días ardieron los edificios de 37 calles, que abarcaban en total catorce hectáreas de terreno. Ambos sucesos han motivado que Santander carezca de casco histórico y que sea por consiguiente una ciudad moderna, reconstruida según las directrices de la arquitectura de posguerra que fusionó la herencia racionalista con el discurso tradicionalista de la arquitectura oficial. Por último, en 1980 el puerto se desplazó desde la orilla de la ciudad al interior de la bahía, posibilitando la remodelación de este espacio como paseo marítimo.

La originalmente villa de pescadores es, en la actualidad, una ciudad centrada fundamentalmente en el turismo, el comercio, el movimiento portuario y la industria cercana.

Que ver en Santander

La ciudad de Santander, urbanizada sobre distintas lomas y vaguadas, se dispone longitudinalmente de este a oeste, a lo largo de la bahía y de la costa. Consta de dos áreas claramente diferenciadas: la ciudad propiamente dicha, que mira al sur, a su bahía, y la zona de El Sardinero, orientada hacia el este, a mar abierto, entre la península de la Magdalena y el faro de Cabo Menor. Sus muchas calles empinadas (pindias para los santanderinos) siempre se dirigen al mar.
El paisaje ocupa un papel primordial en la ciudad y quizá lo que más llame la atención al visitante sea que, en el propio entorno urbano, se cuenten una docena de playas. Unas miran a la bahía, como Los Peligros y La Magdalena, protegidas los días de nordeste (en Santander todo el mundo habla de los vientos y es muy común mirar a una veleta por la mañana para decidir la playa a la que ir) y otras orientadas al mar abierto, como la playa de El Camello, La Concha y la Primera y Segunda playas de El Sardinero. Camino de El faro encontramos la playa de Mataleñas, preciosa cala frecuentada sobre todo por los usuarios del cercano camping de Bellavista.

Proponemos comenzar el recorrido en El Sardinero, donde se encuentra el Gran Casino del Sardinero (1916) de Eloy Martínez del Valle, de estilo ecléctico, inspirado en los casinos de la época y que, reformado, sigue manteniendo abiertas sus instalaciones para el juego. En el Paseo de Pérez Galdós se halla el Hotel Real (1917), obra del arquitecto Javier González de Riancho. Se trata de un edificio blanco de cinco plantas, con terraza orientada hacia la bahía, y es una de las instalaciones hoteleras más famosas de Cantabria. Pero el que, sin lugar a dudas, es uno de los edificios más emblemáticos es el Palacio de la Magdalena (1909-1913), de los arquitectos González de Riancho y Bringas Vega. Financiado por suscripción popular, fue construido para acoger al monarca Alfonso XIII y su familia. Tras la guerra civil el edificio fue cedido por la Familia Real para ser utilizado como sede estival de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo UIMP y finalmente vendido al Ayuntamiento por una cantidad simbólica. De estilo pintoresquista inglés con alguna aportación francesa y pinceladas de estilo montañés, su fachada juega con la alternancia de cuerpos entrantes y salientes y dos torres octogonales al sur, lo que la dinamiza y da la sensación de que el edificio está formado por cuerpos independientes. El estilo de el Palacio supondría un modelo de una serie de residencias familiares con estas características.
En el recinto de la Magdalena se encuentra la Playa de Bikini, llamada así por ser la primera playa en la que las extranjeras vistieron bikinis. Al otro lado de la península se exhiben las carabelas utilizadas por el marino cántabro Vital Alsar. Así mismo, en las oquedades de las rocas de la península se ubica un pequeño Zoo con focas y otros animales marinos.

Todo en Santander invita a pasear y no es extraño ver a caminantes, solos o en grupoTodo en Santander invita a pasear y no es extraño ver a caminantes, solos o en grupo, paseando a paso ligero ya sea por las playas, incluso en invierno, o por los diferentes itinerarios al borde del mar o de la bahía. Uno de los paseos con vistas más espectaculares es el que conduce al faro desde el Hotel Chiqui, al final de la Segunda Playa, donde a través de unas escaleras se toma la senda que rodea cabo Menor y bordea la Finca de Mataleñas. Un golf municipal ocupa actualmente parte de la finca. en la que dos famosos paisajistas intervinieron en su trazado, Jean Forestier y Javier de Whintuysen. Pasada la playa de Mataleñas se llega a El faro, en Cabo Mayor, donde se ha instalado el Centro de Arte Faro Cabo Mayor. Junto al faro encontramos el Monumento a los Caídos en la guerra civil, un impresionante mirador encima de los acantilados.
Otro itinerario recomendable es caminar desde la Magdalena hacia el centro de la ciudad por la avenida de la Reina Victoria, construida a principios del siglo XX, con preciosas vistas sobre las bahía y lujosos “chalets” pero la tendencia ha llevado a la construcción de bloques de pisos . Allí aún se conservan algunas casas unifamiliares de estilo regionalista. Más moderno es el Palacio de Festivales, del arquitecto Sáenz de Oiza (1991), interesante obra vanguardista que se alza en San Martín y que es sede del Festival Internacional de Santander. Junto a éste se halla el Museo Marítimo del Cantábrico MMC, que ofrece al visitante una de las más ricas y variadas presentaciones museográficas en torno a la vida marina y la relación del hombre con el mar a lo largo de su historia.
En la calle Castelar, llegando a Puerto Chico -el antiguo puerto de pescadores, hoy pequeño puerto deportivo- destacan, el Edificio Siboney (1931), del arquitecto canario Marrero Regalado, ejemplo del racionalismo en Cantabria, y el también racionalista Real Club Marítimo, levantado en el agua simulando un puente de mando de un buque. Junto al club se halla el conjunto escultórico de Los raqueros, del escultor Santanderino J. Cobo Calderón, homenaje a chavales humildes que se tiraban al agua a recoger del fondo monedas que les lanzaba la gente. Hacia el interior de Puerto Chico, por la calle Tetuán, aún se conservan las casas de los pescadores a las que no llegó a afectar el incendio. En sus bajos se han instalado ahora numerosas tabernas y restaurantes. donde de puede comer un buen pescado y marisco, y también en las calles aledañas. La zona, con agradables terrazas, se está convirtiendo en pseudo-peatonal. El actual Barrio Pesquero se trasladó a la entrada a Santander (autovía S-10) y conserva la tipología de los barrios obreros de los años 50 en España; en los bajos de las casas se localizan muchas tascas y restaurantes especializados en pescado y marisco.
Siguiendo por el muelle, hacia el centro, encontramos una hilera de casas representativas de la ciudad, con grandes miradores. Entre ellas se levanta el Banco de Santander, obra ecléctica compuesta por un bloque, original de finales del siglo XIX, que se une con un arco a un segundo edificio gemelo posterior, de González de Riancho. Enfrente, en los Jardines de Pereda, se localiza el Monumento a Concha Espina, la escritora nacida en Mazcuerras, según diseño del escultor Victorio Macho, y el Monumento al escritor realista cántabro José María de Pereda, obra de Lorenzo Coullaut Valera. El Palacete del Embarcadero, también de González de Riancho, es hoy un centro de exposiciones. A su lado se encuentra la estación de lanchas, que recorren la bahía y, a unos cuantos metros, la Estación del Ferry, del arquitecto Ricarlo Lorenzo, con una techumbre que imita el oleaje del cantábrico. La zona se encuentra actualmente en proceso de rehabilitación al ser el espacio elegido para la construcción del Centro Botín, un nuevo espacio dedicado al arte y a la cultura diseñado por el arquitecto de reconocimiento internacional Renzo Piano.

Palacio de la Magdalena, sede de la UIMP

El monumento más antiguo en la ciudad es la Cripta del Cristo, de principios del XIII. Bajo el suelo se pueden observar unos restos del antiguo templo de San Emeterio y San Celedonio que dio origen a la puebla medieval. Sobre la cripta se levanta la Catedral, reconstruida tras el incendio de 1941 según un estilo gótico austero y monasterial, con sobriedad decorativa y sin vidrieras. En su interior destaca el Sepulcro de Don Marcelino Menéndez Pelayo, obra de Victorio Macho. Junto a la basílica se levanta el edificio de Correos, obra regionalista de Quintanilla y Zuazo y único edificio que sobrevivió al incendio en la zona y, en la calle Calvo Sotelo, la célebre Plaza Porticada, ejemplo de la arquitectura neoherreriana que se desarrolló durante la reconstrucción de la ciudad. En las inmediaciones se levanta también la Iglesia de la Compañía de Jesús, Bien de Interés Cultural, es el mejor ejemplo renacentista de la región. En su interior, el retablo del altar mayor, con ecos de El Greco, es obra de la pintora montañesa María Mazarrasa, discípula de Agustín Alegre y de Eduardo Chicharro, aún desconocida, que tiene obra en varias iglesias de Santander y Cantabria. Muy cerca, tras la Plaza del Ayuntamiento, encontramos el Mercado de La Esperanza (1904), un bello ejemplo de la arquitectura de hierro y cristal.
Subiendo por la calle Miguel Artigas se llega a la Biblioteca de Menéndez Pelayo, del arquitecto cántabro Leonardo Rucabado. La institución  guarda el legado de Don Marcelino, cuya Casa-Museo se puede visitar al otro lado del pequeño jardín, en el que se encuentra una escultura sedente del historiador, obra de Mariano Benlliure. La biblioteca alberga algunas joyas bibliográficas, como una copia de las Crónicas de Alfonso X el Sabio, de finales del siglo XIV o la Crónica Troyana (siglos XIII y XIV), con valiosas ilustraciones policromadas. En el antiguo edificio de la Biblioteca Municipal se encuentra el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS), que reúne obras destacadas de artistas como Goya, Valdés Leal, Zurbarán y Van Schoor, así como de reconocidos artistas cántabros contemporáneos, María Blanchard, Francisco Iturrino y José Gutiérrez Solana, entre ellos..
Si volvemos hacia la zona de la Plaza Porticada y tomamos la calle Hernán Cortés, nos encontraremos con la Fundación Botín, uno de los motores que marcan la vida cultural de la ciudad (junto con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y el Festival Internacional de Santander). La Fundación desarrolla un amplio programa de exposiciones y conferencias Otro centro dinamizador es el Ateneo de Santander, tradicional foco cultural y científico, Junto al que se halla la Iglesia de Santa Lucía (1852), diseñada por Antonio Zabaleta siguiendo un estilo ecléctico que combina modelos paleocristianos y renacentistas italianos; y la Casa de los Arcos de Botín (1838-1840), en la Plaza del Pombo, bloque sobrio del mismo arquitecto, en cuya fachada principal destaca especialmente el amplio soportal de piedra de arcos de medio punto.

Hay en la ciudad distintas zonas para disfrutar la tarde-noche: El Río de la Pila, la calle que continúa concentrando la animación de la noche santanderina y donde donde aún permanecen abiertos el restaurante Riojano que colecciona obras de reconocidos artistas en las toneles de vino -el llamado Museo redondo- y el mítico pub de música Drink. Recomendamos tomar el Funicular que subir a la calle Alta para captar una curiosa panorámica de la ciudad, con alguna sorprendente huerta en pleno centro. Otra zona En la Plaza de Cañadío sus cafés y locales de copas atraen a multitud de personas, y por último, una tercera zona de movida para veinteañeros es la calle de San Luis y la Plaza de las Cervezas.