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Pedro Pardo de Cela “el mariscal”

No se sabe cuanto hay de leyenda y de historia sobre lo que desde hace más de cinco siglos se ha contado y escrito en Mondoñedo. Que mientras el mariscal Pedro Pardo de Cela estaba en el cadalso escuchando su sentencia de muerte por traición, soldados del obispo de Mondoñedo le estaban haciendo perder el tiempo a su esposa Isabel de Castro —que traía consigo el indulto que le había conseguido arrancar a los Reyes Católicos— para evitar que esta pudiera salvar la vida de su esposo. Tan bonita es la historia que merece ser verdad.

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Puente del Pasatiempo

El retraso impidió llegar a tiempo a Isabel de Castro para salvar la vida a su esposo, razón por la que es conocido en Mondoñedo como el Puente del Pasatiempo. También es posible que los testigos de la ejecución se equivocaran al creer oír que la cabeza del mariscal, conforme caía por los escalones de la escalera del patíbulo, pronunciaba repetidamente “creo, creo, creo”, o “clero, clero, clero” según otros (por indicar los responsables de su muerte). También podría ser “clock, clock, clock” u otro sonido parecido producto del golpeo de un objeto con el entarimado de madera… Hasta aquí una leyenda o historia gallega tiene amplia historia documentada, aunque las fuentes no siempre encajen del todo.

En 1441 el caballero Pedro Pardo de Cela era el merino (juez y administrador del Rey) en la ciudad de Mondoñedo. Como era costumbre, negoció la dote que su esposa le iba a aportar. En éste caso se trataba de la sobrina del poderoso obispo de la diócesis de mondoñedo: Pedro Enríquez de Castro.

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Castillo de A Frouxeira

En la negociación de la dote de Isabel de Castro, su tío el obispo fue extremadamente generoso pues cedió al nuevo matrimonio la mayor parte de su patrimonio del tío, incluido el inexpugnable castillo de A Frouxeira. Pero no quedó claro cuánto de ese patrimonio lo había heredado de su familia el obispo y cuánto pertenecía ya a la diócesis al acceder él a ella. Lo cierto es que, cuando cuatro años después muere el tío y se hizo cargo de la diócesis un nuevo obispo, éste comienza las reclamaciones contra Pardo de Cela para que devuelva la dote. Dado el enfrentamiento con el obispado, Pedro y su esposa trasladan su residencia a Viveiro, donde Pedro llegará a ser designado alcaide.

Entre 1467 y 1469 los rebeldes irmandiños atacan a gran parte de la nobleza de Galicia, llegando a destruir hasta 130 fortalezas nobiliarias. También atacan sin éxito A Frouxeira. Posiblemente, la actuación de Pedro Pardo de Cela en la derrota de los irmandiños motivó que en 1474 recibiera el título de mariscal.

Cuando en diciembre de 1474 muere el rey Enrique IV de Castilla, la paternidad de su hija de trece años estaba discutida por gran parte de la nobleza, que la llamaban Juana “la Beltraneja” por atribuírsela a Beltrán de la Cueva, ministro de confianza del rey. A pesar de que Enrique IV había pactado con su hermanastra Isabel que fuera esta la próxima reina de Castilla, la reina viuda Juana de Portugal defendió los derechos legales de su hija por encima de las murmuraciones. Para conseguirlo, desposa seis meses después a la niña con su tío carnal el rey Alfonso V de Portugal (Alfonso era hermano de Juana de Portugal). El asunto se hizo sin esperar siquiera la necesaria dispensa papal. Rápidamente, el rey de Portugal pasa a proclamarse rey de Castilla y de León y comienza la guerra con la pretendiente Isabel de Castilla y su marido Fernando de Aragón.

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Isabel de Castro, esposa de Pardo de Cela, era prima de ambas pretendientes al trono. La historiografía ha venido manteniendo que su marido, el mariscal —como la mayor parte de los nobles gallegos vinculados a Portugal— se pronunció a favor de Juana la Beltraneja; aunque la reciente aparición del testamento de Pardo de Cela hace pensar que no fue así, sino que fue partidario de Isabel. Un tema que todavía no está definitivamente clarificado.

Lo cierto es que por motivos todavía no aclarados— la reina Isabel adopta una sucesión de duras medidas contra Pardo de Cela. En 1476 los partidarios de la reina deciden que el mariscal sea expulsado de la alcaldía de Viveiro. Cuatro años después los Reyes Católicos escribieron a los corregidores de Mondoñedo y de Ortigueira para que no se le deje entrar a Pardo de Cela en esas poblaciones. Aunque no hay documentos, unas medidas tan drásticas de los reyes indican que estos pensaban que el Mariscal estaba intrigando aún después de que en 1479 se firmara la paz entre Castilla y Portugal.

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Castillo de Castrodouro

En septiembre de 1480 llega desde Castilla el caballero Mudarra con trescientos jinetes con órdenes de pacificar el reino y someter a Pardo de Cela y sus partidarios. Después de tratar sin éxito de conquistar el castillo de A Frouxeira, las tropas de los reyes se retiraron de la zona para descansar y decidir una alternativa.

Esa decisión del representante de los reyes la aprovechó el mariscal para ir a visitar a su aliado Pedro de Cela en el castillo de Castrodouro.

Enterado de que el Mariscal se encontraba en Castrodouro, Mudarra consideró que se le presentaba la oportunidad de privarle de su guarida al rebelde. El jefe de las tropas del Rey se dirigió a la fortaleza de Pardo de Cela y sobornó al caballero Roi Cofano do Valadouro y a los 22 guerreros que guardaban la fortaleza de A Frouxeira para el Mariscal.

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Plaza de Mondoñedo

Al perder su inexpugnable refugio el Mariscal debió de ir de un lado para otro, hasta que el 23 de septiembre de 1483 Pardo de Cela fue capturado en la casa de Fonsa Yañez, en Castrodouro.

Después de celebrado el juicio fue ejecutado el 3 de octubre de 1483 en la plaza de Mondoñedo, frente a la catedral.

En 1965 se encontró una tumba en la catedral de Mondoñedo con el escudo del mariscal Pardo de Cela, pero en el sepulcro está esculpido un cargo de “arcediano” que no encaja en su biografía. También se ha encontrado más recientemente su testamento, en el que se refiere a sus dos hijas legítimas y a un hijo ilegítimo. Pero estos descubrimientos no invalidan lo establecido hasta ahora por la historiografía, pues pudiera tratarse de un hijo bastardo al que el Mariscal hace referencia en su testamento. Pardo de Cela fue un rebelde que por motivos desconocidos intrigó contra los reyes y fue ejecutado en fecha cierta en la plaza de Mondoñedo; no hay evidencia historiográfica que descalifique la tradición del puente del pasatiempo y del sonido de la cabeza del mariscal al caer al suelo.

Por esas contradicciones que conlleva la manipulación política de la historia de Pardo de Cela, el despiadado señor feudal que fue El mariscal —implacable enemigo de los rebeldes irmandiños— es reclamado por muchos políticos nacionalistas gallegos como precursor del galleguismo y símbolo de la nación gallega contra el poder de los Reyes Católicos (y España).

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga e ilustraciones de Ximena Maier