Durante diez días, los albaceteños celebran sus fiestas más populares con un programa donde la festividad religiosa convive con el bullicio del gentío que inunda el Recinto Ferial

Todos los años, del 7 al 17 de septiembre, las calles de Albacete se visten de gala para rendir homenaje a su patrona, la Virgen de Los Llanos en la Feria de Septiembre. En 2008, gracias a su antigüedad y a la participación masiva de la ciudadanía, fue declara de Interés Turístico Internacional. Al igual que en otras localidades del Este de España, el origen más probable de esta fiesta esté en las primeras décadas de la reconquista. En 1375, el primer marqués de Villena otorga a esta ciudad manchega el título de villa, concediéndole entonces el derecho de una feria de ganado anual.

En el siglo XVII, la feria comercial se trasladó a las inmediaciones del Santuario de la Virgen de los Llanos, a una legua de Albacete, y aprovechando el trasiego de devotos y visitantes, comenzó a celebrarse como una actividad económica paralela a la romería de la patrona, celebrada el 8 de septiembre.

No obstante, será a comienzos del siglo XVIII cuando la feria adquiera la relevancia y significación de la que goza en la actualidad. En 1710 y en agradecimiento al apoyo de Albacete durante la Guerra de Sucesión, Felipe V le otorgó el privilegio de Feria Franca, consiguiendo traer al ámbito urbano la feria que el Convento de franciscanos de Los Llanos pretendía conservar bajo su dominio.

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Feria de Albacete, ca. 1950. Foto: Revista La Cerca

El pregón de Feria de Septiembre y la elección de Manchegos celebrados el 6 de septiembre en el Museo Municipal de la plaza del Altozano dan el pistoletazo de salida a diez jornadas de fiesta ininterrumpida con manifestaciones culturales, deportivas y festivas para todos los gustos.

El siguiente y más simbólico acto de esta fiesta es la Cabalgata de Apertura que, cada 7 de septiembre, se encarga de trasladar la imagen de la Virgen de Los Llanos a su capilla en el Recinto Ferial. Cientos de carrozas conforman una comitiva colorida y bulliciosa en la que la alegría por la fiesta convive con el sabor manchego de los trajes y bailes típicos. Tras recorrer las principales calles de la ciudad, el desfile culmina cuando la Alcaldesa, poseedora de la “Llave de la Ciudad”, procede a la Apertura de la Puerta de Hierro, quedando oficialmente inaugurada la Feria. Tras dicho evento, la imagen de la patrona es llevada en brazos hasta su capilla, desde donde presidirá las fiestas celebradas en su honor.

Las mismas carrozas de la Cabalgata de Apertura recorren las calles de Albacete en la Batalla de las Flores, en la mañana del 8 de septiembre, día grande de la ciudad. La ofrenda floral a la Virgen, que tiene lugar el primer domingo de Feria, completa el programa de actos religiosos de estas fiestas de gran tradición. Aunque su instauración es muy reciente, pues se viene celebrando desde 1989 a iniciativa de la Peña del Templete, se ha convertido en uno de los eventos más concurridos, llegando a tener una participación de 20.000 personas.

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Baile durante la Ofrenda Floral

Desde mediados del siglo XIX, los toros han sido un baluarte esencial en la Feria de Septiembre en Albacete. Popularmente conocida como La Chata, la plaza de toros de la capital albaceteña acoge, año tras año y en paralelo a las fiestas, una de las más prestigiosas y reconocidas ferias taurinas de España. A las corridas de toros se suma la suelta de vaquillas populares todas las mañanas.

Pero hablar de la Feria de Septiembre en Albacete es hablar, más que de actos, de lugares. Las tómbolas y atracciones situadas a lo largo del paseo harán las delicias de los más pequeños. A medida que se adentra la noche, los amantes de la pólvora se trasladan hacia el Círculo Central, donde la diversión se prolongaba con el toro de fuego, carretón cargado de cohetes y empujado por una persona. Dado su peligro, dicha actividad fue definitivamente eliminada de la programación de la Feria en el año 2007. No ha desaparecido, sin embargo, la costumbre de repartir el “caldico reparador” que precedía al toro de fuego. Y si todavía hay ganas de continuar la fiesta, las carpas de los Ejidos se mantienen abiertas hasta altas horas de la madrugada. El Castillo de fuegos artificiales y el Cierre de la Puerta de Hierros ponen el broche de oro a diez días de diversión y convivencia entre mayores y pequeños, entre lo tradicional y lo nuevo, entre lo manchego y lo internacional.