La Iglesia de San Antón, acoge todo tipo de animales en el día de su patrón, San Antonio Abad

Según la tradición, los campesinos rogaban a San Antonio Abad para que protegiera a sus ganados de las enfermedades y de bestias depredadoras y, en la actualidad, la gente acude con todo tipo de animales domésticos -y no tan domésticos- a recibir la bendición del Santo a través de un sacerdote.

San Antonio Abad, también conocido como San Antón, nació —de acuerdo con la Vida griega de San Atanasio—  a mediados del siglo III d. C., en una rica familia en Egipto; huérfano a los veinte años de edad, se desprendió de sus posesiones y eligió la vida ascética. Después de vivir con una comunidad en un cementerio en el desierto, donde dormía, al parecer, en un sepulcro, se retiró a vivir en soledad en un monte. Otros anacoretas se le fueron acercando a los que él aconsejaba y organizó en comunidades. Así, aunque él vivió durante la mayoría de su vida como ermitaño, está considerado el fundador de la tradición monacal cristiana. También se cuenta que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos que sufrían de ceguera y San Antón los curó. La jabalina ya no se separó más de su lado y siempre le protegió ante otros animales por lo que al santo se le representa con un cerdo a sus pies. San Antón es también conocido por haber sufrido las tentaciones del demonio, pasaje muy utilizado en la iconografía cristiana y del que el Museo del Prado atesora un tabla, Las tentaciones de San Antonio Abad (ca. 1490), del genial pintor flamenco El Bosco.

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Un burro es conducido para recibir la bendición en 1954. Foto: Campúa

La festividad de San Antón, el día 17 de enero, tiene mucha popularidad en España y especialmente en Madrid donde se celebra en la Iglesia de San Antón de la calle de Hortaleza. Además la iglesia, proyectada por el arquitecto madrileño Pedro de Ribera en 1735, habitualmente está cerrada y es una buena ocasión para visitarla. Por supuesto que los “familiares no humanos” son bienvenidos este día especial en el interior de la iglesia.

Desde por la mañana, después de las misas programadas, el sacerdote bendice en la calle a los animales, que han estado haciendo rigurosa cola con sus orgullosos amos. Parece como si después de las posibles rencillas que haya podido haber entre ellos se hiciera la paz según se acercan al momento de la bendición. Según cuenta el padre, cuando los amos levantan a sus animales, la mayoría de ellos perros, algunos se acercan encantados pensando en recibir una golosina y se asustan cuando el padre les suelta una ducha con el hisopo. La bendición dice algo así: ”Dios bendiga a este animal así como a su dueño y San Antonio le proteja todos sus órganos”. Hay un perro llamado Tino, ya asiduo, que se relame mirando después a su amo como diciendo “lo he hecho bien, ¿verdad?”.

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Esperando a que el sacerdote bendiga con el hisopo a su animal

Además en Madrid, a las cinco de la tarde, tienen lugar las Vueltas de San Antón, una procesión que recorre las calles de alrededor. Una imagen de San Antón preside la plaza junto al metro Tribunal. Resulta curioso ver a señoras mayores con aspecto tradicional, codeándose con modernos, personajes de todas edades y condiciones, que tienen devoción al santo y llevan a sus seres queridos como si fueran sus hijos. Acuden muchos niños con cobayas, hamsters, perros, gatos en sus jaulas; no es raro ver hasta iguanas o serpientes. Quizá una de las imágenes más impresionantes sea la de los halcones de la Guardia Civil que, posados en un palo, en la parte trasera de la furgoneta abierta, y con los ojos descubiertos, miran altivos el panorama. En la procesión participa un escuadrón a caballo de la policía municipal, las unidades caninas de la Policía Municipal, Nacional y Guardia Civil y los perros guías de la ONCE.

El Mercado de San Antón, recientemente restaurado, ha acompañado la celebración organizando conciertos de música pensados para estos familiares y después del concierto les ha invitado a un aperitivo. Buen ejemplo para que a algunos acompañantes del hombre -no en vano se dice del perro que es su mejor amigo- se les facilite la entrada en ciertos lugares, como lo hacen ya en otros países europeos. Eso sí, los dueños tienen que responsabilizarse de no dejar rastro.

Además a la salida de la iglesia se venden los panecillos del santo, un tipo de pastas que ya se elaboraban en el siglo XIX y que recuerdan a los panes que un cuervo llevaba en su pico cuando San Antón visitó a otro ermitaño, San Pablo, a quien alimentaba tan generoso protector. Este pasaje también está bellamente representado por Velázquez en San Antonio Abad y San Pablo, primer ermitaño (ca. 1633), también en el Museo del Prado.